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miércoles, 15 de julio de 2026

La Crónica: la revolución de los minifundios

Rafael Uribe Uribe
Rafael Uribe Uribe

Continúo con mis propuestas abordando este tema. Con la tecnología actual el minifundio no es una condena a la pobreza, hoy puede ser una unidad productiva y fortalecerlo es la partida para una política social a favor del campesino, en lugar seguir pensando en una reforma agraria demagógica que ofrece redistribuir la tierra sin resolver el problema de hacerla productiva.

El rendimiento no depende de la voluntad del agricultor sino de la altitud, el microclima y la capacidad de adaptar la tecnología a escalas reducidas, cuya combinación, determina una transformación de los minifundios de 1 a 5 hectáreas. Ejemplos pueden verse en Vietnam y la India.

En Urabá, el Bajo Cauca y el Magdalena Medio, los frutales tropicales con una tecnificación ligera serían un multiplicador real utilizando fertirriego, silicio y sensores de humedad, el mango pasaría de 15 a 24 toneladas por hectárea, la papaya de 50 a 80, el maracuyá de 15 a 24, y el limón Tahití de 26 a 40. No son cifras de laboratorio, son resultados con drones de control biológico y estaciones meteorológicas que caben en una mochila, aplicados en varios países.

En granos, el maíz híbrido transgénico, acá satanizado, y el arroz, dejan de ser cultivos de subsistencia cuando se les incorpora tecnología de punta que, con modelos climáticos y fertilización guiada por sensores, el maíz pasa de 7 a 11 toneladas por hectárea y el arroz de 6 a 9. La agricultura moderna puede lograr más de 90 toneladas por hectárea de tomate, 48 de pepino y 55 de pimentón en invernaderos de bajo costo.

Entre los 1000 y 1800 metros, el café tecnificado confirma que la tradición puede convivir con la ciencia como sucede en Vietnam; con predicción de plagas y riego automatizado, la productividad sube de 2 a 2.8 toneladas por hectárea; las hortalizas llegan a niveles que antes parecían inalcanzables, 60 toneladas por hectárea de pimentón y 45 de lechuga hidropónica. El aguacate Hass, respaldado por sensores de suelo y modelos climáticos, pasa de 10 a 15 toneladas por hectárea como vemos en algunos cultivos de nuestra patria.

En el altiplano, donde el frío es normal excusa para la baja productividad, la mora bajo cubierta está rompiendo paradigmas, la fresa sube de 30 a 48 toneladas por hectárea, el arándano de 10 a 18, la frambuesa de 12 a 21, las hortalizas y las flores de corte muestran incrementos significativos.

Los minifundios funcionan por ser modulares, eficientes y manejables; con recirculación de agua, sensores, automatización ligera y asistencia técnica integral, logran ahorros del 30 al 60 % y aumentos de rendimiento comprobados. La verdadera modernización agrícola está en la precisión que hoy cabe en una hectárea. En esa pequeña escala la pobreza desaparece y con la tecnología actual, un programa social agrario así debe arrancar.

El Rincón de Dios

Fortalecer al pequeño agricultor es una decisión económica, pero también es un deber moral y de justicia social.

jueves, 14 de enero de 2021

Vigía: pandemia, misiles por allá y piedras por acá

Coronel John Marulanda (RA)
Por John Marulanda*

En medio de la pandemia, somos peones de la guerra de la gran prensa tarifada y “Big Techs” con sicopoder incontrolable, en donde la verdad se fragmenta y refunde en macro y micro intereses económicos y políticos, y la razón se obnubila en el torbellino de la pasión ideológica. Pero otra realidad concreta, dura y preocupante ronda en estos albores del 2021.

Submarinos y portaaviones

Hace pocos días, entraron al mar Rojo dos submarinos nucleares de Estados Unidos e Israel, mientras bombarderos B-52 escoltados por cazas sauditas sobrevolaron el golfo Pérsico y el portaaviones nuclear Nimitz con su grupo de choque, con rumbo hacia Taiwán, fue devuelto a vigilar los mares Rojo y Arábigo, y los golfos Pérsico y de Omán. Este despliegue aeronaval es una advertencia a Irán que continúa escalando su chantaje nuclear. Y esa teocracia revolucionaria iraní tiene al otro lado del mundo, cerca de US, una excelente plataforma de operaciones: Venezuela.

A menos de tres horas de vuelo de Irán, en la franja de Gaza, 12 diferentes organizaciones terroristas realizaron por primera vez un ejercicio militar conjunto. Durante 12 horas se prepararon para enfrentar a Israel, al tiempo que enviaron al mundo musulmán extremista, un mensaje de solidaridad, coordinación y unión. Fuera de ese Oriente Medio, Hezbolá tiene como principal centro operacional extracontinental a Venezuela.

También por estos días, dos destructores norteamericanos de misiles guiados transitaron por el estrecho de Taiwán, en lo que China consideró una “provocación” contra su “soberanía nacional” e “integridad territorial” reaccionando además con sobrevuelo de sus aviones de guerra y patrullajes de vigilancia de su flota. El Ejército Popular de Liberación chino ha realizado tres gigantescos ejercicios aeronavales, proclamando soberanía sobre las islas Paracel, que también son reclamadas por Taiwán y Vietnam. En Venezuela, Pekín dota de aviones cazas, carros anfibios, misiles antibuques, blindados para el combate urbano, radares y satélites a las fuerzas armadas bolivarianas.

Incendios y piedras

Mientras el Pentágono y sus aliados mueven bombarderos, portaviones y submarinos nucleares al Oriente Medio y al Pacífico —el poder está en el control del mar—, en tierra, en casa, las cosas no marchan tan bien como quisiéramos. Aunque una cosa es Washington y otra Guatemala, la turba que invadió el Congreso en DC, no se compara con la acción similar en el edificio del Congreso guatemalteco, cuando el pasado noviembre enardecidos revoltosos cansados de la corrupción y el cinismo de sus congresistas, incendiaron las instalaciones legislativas. En Venezuela, en Miraflores, un camarero con 19 años de servicio directo a la presidencia fue capturado con 20 gramos de explosivo C4, “11 detonadores no eléctricos; 2 detonadores engargolados y una mecha de seguridad de un metro 62cm”, informó un medio progubernamental. El optimismo, muy escurrido por estos días, nos hace pensar si esto es otro montaje para justificar una purga en las debilitadas filas castrenses o si es una luz de esperanza. En Chile la violencia urbana no cesa y las etnias mapuches, entrenadas por las FARC, remedan las “repúblicas independientes” colombianas. Y el narcotráfico permanece en apogeo en toda la región.

La protesta social está a flor de piel a lo largo del continente, amainada forzosamente por la pandemia, pero presta a brotar a la mínima oportunidad, aunque el virus puede llevarnos a un agotamiento tal, que no nos queden fuerzas sino para sobrevivir. Si la mayoría de los analistas coinciden en que el más grande perdedor con la pandemia será el Oriente Medio, no hay ninguna duda que el segundo lugar lo ocupará Latinoamérica. Ahora que llega Biden, que dicen recompondrá las relaciones con China, Rusia e Irán y es probable que se consolide el poder de facto del madurismo, con el apoyo de Beijing, Moscú y Teherán quienes, a pesar de la pandemia, siguen con sus juegos duros militares en los mares del mundo.