Rafael Uribe Uribe
Continúo
con mis propuestas abordando este tema. Con la tecnología actual el minifundio no
es una condena a la pobreza, hoy puede ser una unidad productiva y fortalecerlo
es la partida para una política social a favor del campesino, en lugar seguir pensando
en una reforma agraria demagógica que ofrece redistribuir la tierra sin
resolver el problema de hacerla productiva.
El
rendimiento no depende de la voluntad del agricultor sino de la altitud, el
microclima y la capacidad de adaptar la tecnología a escalas reducidas, cuya
combinación, determina una transformación de los minifundios de 1 a 5 hectáreas.
Ejemplos pueden verse en Vietnam y la India.
En
Urabá, el Bajo Cauca y el Magdalena Medio, los frutales tropicales con una
tecnificación ligera serían un multiplicador real utilizando fertirriego,
silicio y sensores de humedad, el mango pasaría de 15 a 24 toneladas por
hectárea, la papaya de 50 a 80, el maracuyá de 15 a 24, y el limón Tahití de 26
a 40. No son cifras de laboratorio, son resultados con drones de control
biológico y estaciones meteorológicas que caben en una mochila, aplicados en
varios países.
En
granos, el maíz híbrido transgénico, acá satanizado, y el arroz, dejan de ser
cultivos de subsistencia cuando se les incorpora tecnología de punta que, con
modelos climáticos y fertilización guiada por sensores, el maíz pasa de 7 a 11
toneladas por hectárea y el arroz de 6 a 9. La agricultura moderna puede lograr
más de 90 toneladas por hectárea de tomate, 48 de pepino y 55 de pimentón en
invernaderos de bajo costo.
Entre
los 1000 y 1800 metros, el café tecnificado confirma que la tradición puede
convivir con la ciencia como sucede en Vietnam; con predicción de plagas y
riego automatizado, la productividad sube de 2 a 2.8 toneladas por hectárea; las
hortalizas llegan a niveles que antes parecían inalcanzables, 60 toneladas por
hectárea de pimentón y 45 de lechuga hidropónica. El aguacate Hass, respaldado
por sensores de suelo y modelos climáticos, pasa de 10 a 15 toneladas por
hectárea como vemos en algunos cultivos de nuestra patria.
En
el altiplano, donde el frío es normal excusa para la baja productividad, la
mora bajo cubierta está rompiendo paradigmas, la fresa sube de 30 a 48
toneladas por hectárea, el arándano de 10 a 18, la frambuesa de 12 a 21, las
hortalizas y las flores de corte muestran incrementos significativos.
Los
minifundios funcionan por ser modulares, eficientes y manejables; con
recirculación de agua, sensores, automatización ligera y asistencia técnica
integral, logran ahorros del 30 al 60 % y aumentos de rendimiento
comprobados. La verdadera modernización agrícola está en la precisión que hoy
cabe en una hectárea. En esa pequeña escala la pobreza desaparece y con la tecnología
actual, un programa social agrario así debe arrancar.
El Rincón de Dios
Fortalecer
al pequeño agricultor es una decisión económica, pero también es un deber moral
y de justicia social.
