Luis Alfonso García Carmona
Uno de los peores
legados que nos dejan los gobiernos de “los de siempre” y, de manera especial, del
catastrófico régimen petrista, es la “elefantiasis” del aparato
burocrático, responsable en buena parte del déficit fiscal que nos tiene al
borde de la ruina económica.
Con mucho tino el
presidente electo, desde el lanzamiento de sus propuestas señaló como uno de
sus 10 pilares de gobierno “la reforma del Estado” reduciendo el 40 %
del aparto estatal para ahorrar entre 25 y 30 billones de pesos. Con este
recorte aspira igualmente a contribuir a la financiación de la Patria
Milagro, compromiso fundamental de su campaña.
Comprendemos que esta
trascendental tarea no podrá ser ejecutada mientras no se atienda a otros frentes
tan urgentes como el de devolver la seguridad a los colombianos, resolver
el enorme “chicharrón “de la crisis humanitaria propiciada con la
destrucción del sistema de salud, adoptar sobre la marcha las medidas
preventivas para evitar el inminente apagón que nos amenaza por las
torpezas del régimen saliente y poner en marcha la producción de gas y
petróleo entorpecida por la manía destructora del mandatario saliente.
Como lo ha advertido el
presidente electo, no se trata de abandonar a su suerte a quienes deban
abandonar el servicio público por manifiesta incapacidad del Estado para
sufragar el costo de las actuales nóminas. Será preciso iniciar previamente la recuperación
económica del sector privado, especialmente de los pequeños y medianos
empresarios en los que se concentra el 97 % de la demanda laboral. El
plan de ayuda incluiría: créditos de fomento a largo plazo y con reducción de
tasa de interés, rebajas en los impuestos de renta, patrimonio e industria y
comercio, disminución del costo en el pago de parafiscales y servicios de
registro mercantil, simplificación de trámites nacionales y locales, y, por
supuesto, derogatoria inmediata del decreto que obliga a todas las empresas de
un sector a pagar los beneficios que pacten los sindicatos de industria con las
grandes empresas.
La tarea de encender la
motosierra exige cuidadosos estudios para no perjudicar la marcha del Estado ni
crear conflictos innecesarios. El pragmatismo y sentido común evidenciado en la
selección del equipo ministerial y en los primeros anuncios al país, permiten
pronosticar que así se procederá. Valdría la pena crear, con funcionarios del
propio gobierno, un comité que coordine la reducción burocrática. En
cada ministerio o ente estatal se desarrollaría un estudio básico de
reingeniería para simplificar los trámites, señalar los cargos que se
requieren, las funciones de cada cargo y los requisitos exigibles para su desempeño.
Puede que el recorte sea mayor o menor del 40 %, pero se obtendrá el
acceso de los mejores funcionarios, lo que garantiza en parte el éxito de la
gestión.
Concluyo, como aporte personal de carácter constructivo, sugiriendo que se inicie cuanto antes este análisis de la fronda burocrática para que cuando llegue el momento de encender la motosierra, tengamos a la mano todos los elementos de juicio.
