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miércoles, 1 de abril de 2026

La gente que no me gusta

Pedro Juan González Carvajal

Pedro Juan González Carvajal

Excelentes profesionales de la administración, especialistas en temas motivacionales para el recurso humano, han escrito a través del tiempo diferentes reflexiones acerca de la gente que les gusta para que en las organizaciones exista un ambiente de armonía y de competitividad en medio del rescate de los valores y atributos positivos de los diferentes colaboradores en los distintos niveles organizacionales.

Hoy quiero coger el toro por los cachos de acuerdo con mi perspectiva y presento una serie de atributos negativos o de comportamientos que definitivamente no me gustan y que dificultan mi relacionamiento con otros humanos a nivel social y a nivel empresarial.

En términos generales y particulares no me gusta la gente que:

Es incoherente.

Es ruidosa.

Es ordinaria.

Que se emborracha.

Que habla con la boca llena.

Que grita.

Que maltrata a los animales.

Que no respeta las normas de tránsito.

Que no respeta las leyes.

Que contesta por contestar sin saber la respuesta ni de qué se está hablando.

Que opina sin saber.

Que es ostentosa.

Que es engreída.

Que es orgullosa.

Que asevera sin conocimiento.

Que es chabacana.

Que actúa como caranga resucitada.

Que pide cosas prestadas.

Que no sabe escuchar.

Que interrumpe a quien está con el uso de la palabra.

Que es mal educada.

Que no respeta los turnos.

Que es desaseada.

Que es zalamera.

Que no mira a los ojos.

Que es impuntual.

Que es desorganizada.

Que hace perder el tiempo.

Que es mentirosa.

Que es inculta.

Que es avara.

Que no es confiable.

Que es oportunista.

Que tiene vicios.

Que es habladora.

Que apuesta.

Que es desordenada.

Que considera poseer la verdad revelada.

Que es intolerante.

Que se ríe por todo.

Que es envidiosa.

Que abusa de los demás.

Que es amarrada.

Que no tiene argumentos.

Que es fanática.

Que es hipócrita.

Que es vulgar.

Que es incompetente.

Que es mal presentada.

Que no tiene iniciativa.

Que es reactiva y no proactiva.

Que no es propositiva.

Que no se compromete.

Que es entrometida.

Que tiene mal comportamiento en la mesa.

Que no es grata.

Que es estúpida.

Que deja todo para último momento.

Que es conflictiva.

Que es grosera.

Que es monotemática.

Que no concreta sus ideas.

Que no tiene posiciones propias.

Que es desleal.

Que no cumple la palabra.

Que es incumplida.

Que no tiene criterio.

Que no fija posiciones.

Que abusa de los lugares comunes.

Que pasa agachada.

Que sea tramposa.

Que se burla de los demás.

Que no tiene buen léxico.

Que …………………………………

lunes, 23 de marzo de 2020

Pandemias y la escala de valores


Por Santiago Cossio*

Santiago Cossio
El ser humano cuando nace no sabe absolutamente nada de la vida y todo lo debe aprender. En esa etapa lo único que producimos se resuelve con pañales. En los primeros años es fundamental que el colectivo aprenda el mismo lenguaje y escritura, para luego llegar a cultivar el ser, el hacer, el estar y el tener.

Hoy aparece un problema de salud mundial y pone a prueba hasta la supervivencia del ser humano. Este virus que nos impone la casa por cárcel nos pone a pensar y a revalorar muchas cosas. No poder dar un abrazo o un beso nos recuerda lo frágiles que somos. También nos recuerda lo igual que somos. Aquí es donde quiero citar una científica que pronuncia estas palabras: “ustedes le dan un millón de euros por mes a un futbolista y a un biocientífico le dan 1.800 euros por mes. Ahora ustedes buscan tratamiento para este virus entonces busquen a Cristiano Ronaldo o Messi para que encuentre la cura”

Siempre hemos estado acechados por la pandemia de la ignorancia y hoy más que nunca debemos reformular la escala de valores. La salud es lo primero y las necesidades primarias como la alimentación deben ser prioridades.

Llamamos a los congresistas como honorables, pero a un bombero voluntario que se mete a un incendio a salvar una vida, no se le reconoce su labor. Un agricultor que siembra su cosecha para alimentar un pueblo a veces es mirado como inferior, un educador que con amor hace su trabajo de formación social no es valorado y ni el personal médico al que, muchas veces con turnos extenuantes, no se le agradece.

Perdimos el sentido de lo fundamental y debemos recuperarlo. La sociedad de varios siglos atrás pedía pan y circo y hoy parece que pedimos solo circo. Si el celular se queda sin carga es como morir en vida, se perdió la ética y la moral y peor aun cuando se invierte la escala de valores. Lo bueno es malo, lo malo es bueno. La comunicación que debería ser la didáctica de la educación comenzó a pasar narconovelas y prostinovelas, confundiendo y maleducando las mentes de las personas. Se le hace telenovela a un sicario cuando cualquier empresario, artista, deportista o padre de familia es más digno de tomarlo como ejemplo.

Hace solo unas décadas el médico del pueblo era una persona muy respetable y querida por la sociedad. Se valoraba realmente su labor. Protagonismo que se fue extinguiendo en toda esta pérdida de valores, hasta hoy, donde un virus microscópico nos pone a repensar el sentido de la vida misma y recompone la valoración de lo fundamental.

Mucho ánimo, agradecimientos y bendiciones al personal de sanidad, médico y de investigación científica.