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lunes, 13 de abril de 2026

El petróleo: botín de las guerras de Trump

José Hilario López Agudelo

José Hilario López Agudelo

El botín de guerra, también llamado despojo de guerra, es la apropiación de bienes naturales (tierras, minerales, petróleo.) o de personas (esclavos, prisioneros) del enemigo derrotado tras un conflicto, práctica histórica fundamental para la motivación de la soldadesca y fuente de resarcimiento de los costos de la campaña bélica. Desde la antigüedad hasta la era moderna, el saqueo del país derrotado inexplicablemente se considera legítimo.

Ejemplos durante el presente siglo se tienen con la pretensión de Rusia de quedarse con los minerales estratégico de Ucrania, así como la de Estados Unidos para pagarse los costos de los suministros, armamento y logística entregados   a Ucrania durante la invasión rusa. Lo que está ocurriendo con el petróleo venezolano controlado por Estados Unidos, tras la captura de Nicolás Maduro a principios del corriente año, es claramente un despojo de la gran riqueza natural de nuestro vecino, que el país del norte considera como legítimo, para compensar los costos del asedio bélico a que lo ha sometido desde finales del año pasado. Como ya lo analizamos en mi anterior columna de opinión, la intervención política estadounidense y el control de los recursos energéticos venezolanos beneficia en especial a Washington y a sus aliados, pero afectará la economía china, su rival en la competencia por el liderazgo mundial.

Ahora vamos a la guerra de Irán, reactivada a finales del pasado mes de febrero con los bombarderos al país islámico por parte de EE. UU. e Israel.

Irán es uno de los principales productores mundiales de petróleo, con una producción de crudo en 2025 entre 3,3 y 3,5 millones de barriles diarios (mbd) y las cuartas mayores reservas probadas del mundo (aproximadamente 136-208 mil millones de barriles). A pesar de las sanciones internacionales que limitan su capacidad técnica y comercial, el país islámico ha logrado sostener exportaciones de petróleo a China, que actualmente totalizan entre 1,3 y 1,9 mbd, lo que representa aproximadamente el 90% de sus exportaciones totales de crudo.

Como si esto fuera poco, Irán controla casi en su totalidad el Estrecho de Ormuz, que se encuentra en sus aguas territoriales por donde cruza cerca del 20% del petróleo que diariamente se comercializa en el mundo, proveniente en su mayor parte de los países del Golfo Pérsico.  En La isla de Kharg, localizada dentro del Estrecho de Ormuz opera la terminal petrolera más importante de Irán, por donde se embarca aproximadamente entre 90% y el 95% de sus exportaciones de crudo. A principios de 2026, las exportaciones totales de Irán alcanzaron cerca de 2,17 millones de barriles por día (bpd), con un récord de 3,79 millones de bpd en febrero de 2026.

Para el control del petróleo de Irán, EE. UU. no requiere una invasión terrestre, lo que le significaría tener que soportar una prolongada guerra de guerrillas proiraníes, con pérdidas de sus soldados y, finalmente una humillante salida del territorio invadido, sin lograr el objetivo, como le ocurrió en 2021 en Afganistán. Este objetivo lo puede lograr EE. UU. si logra apoderarse del Estrecho de Ormuz y sobre todo del puerto petrolero iraní en la isla de Kharg,

Las milicias proiraníes son grupos paramilitares chiíes respaldados por Irán, que forman el denominado "Eje de la Resistencia" en Oriente Medio, cuyo propósito es expandir la influencia iraní y combatir la presencia estadounidense e israelí en la región. Actúan principalmente en Irak (como la Multitud Popular), Siria, Líbano (Hezbolá) y Yemen (hutíes), utilizando tácticas de guerra de guerrillas, drones y misiles.

Aunque durante esta semana cuando he estado escribiendo estas líneas, EE.UU. e Irán han firmado un alto al fuego por dos semanas, después de que el presidente estadounidense amenazara con hacer desaparecer la civilización persa. Esta tregua ha provocado un desplome de los precios internacionales del petróleo. No obstante, el optimismo mundial que la tregua ha generado, calificados analistas tienen sus reservas sobre la pronta y completa resolución del conflicto, ya que el compromiso ha quedado en entredicho tras los reciente ataques de Israel a El Líbano, que Irán considera violación de uno de los puntos clave del acuerdo de alto al fuego. Por otro aspecto, Irán insiste en el cobro de peaje a todo barco que pase por el Estrecho de Ormuz, imposición que la contraparte no estaría dispuesta a aceptar; además exige liberación, antes del inicio de las conversaciones, que empiezan este sábado en Islamabad-Pakistán, de sus activos congelados por EE.UU.

Arquevium Capital, la multi estratégica firma de asesoría en inversiones, opina que el riesgo de altos precios del crudo va a persistir en el futuro inmediato. Por otro lado, el inversionista Ray Dalio, fundador de Bridgewater Associates LP, en su reciente intervención en el Foro Económico de Greenwich en Greenwich, Connecticut, EE.UU., dice que “el conflicto entre Irán y Estados Unidos – Israel e Irán forma parte de una guerra mundial en curso que no tendrá una resolución rápida, en un contexto de tensiones simultáneas entre potencias” (1).

Para los países cuya principal fuente de energía depende de petróleo importado, la gran lección de la guerra de Irán es que deberían acelerar la transición energética hacia energías renovables no convencionales, en especial energía solar y eólica. 

Mi opinión:

El señor Tump no va abandonar un botín tan valioso como es el control del petróleo iraní que, además de los grandes ingresos económicos le facilitan una nueva arma geopolítica, de gran valor estratégico en su pugna con China por la supremacía por la hegemonía mundial (1).

 (1)https://www.bloomberglinea.com/mercados/petroleo-se-desploma-tras-tregua-en-medio-oriente-pero-analistas-alertan-por-una-fantasia/).

martes, 11 de agosto de 2020

De cara al porvenir: compre colombiano

Por Pedro Juan González Carvajal*

Pedro Juan González Carvajal

Ante ciertas circunstancias adversas como las que estamos viviendo por culpa de la bendita pandemia y teniendo en cuenta la imperiosa necesidad de lograr un relativo y casi que imposible equilibrio entre la preservación de la salud de los ciudadanos tratando de evitar el contagio y la necesidad de reiniciar las actividades económicas para viabilizar la supervivencia individual y colectiva, muy fácilmente se cae en posiciones absolutamente respetables, pero ante todo emotivas, con respecto a proteger la producción nacional y favorecer a los empresarios locales, lo cual es legítimo, pero además un poco ingenuo, y por qué no, inconveniente. El ejemplo lo vemos con la bella campaña de “Colombiano compra colombiano”.

Partamos de un principio básico de la economía: mientras unos ganan, otros pierden. En un mundo global, la vieja receta de los abuelos, aforismo sabio entre otras cosas, decía que “hay que untar para que resbale”. Cuando uno hace parte del mercado internacional, no se puede estar allí de manera autónoma o unidireccional, pretendiendo simplemente vender sin comprarle a los otros, a no ser que sea una gran potencia que imponga otro tipo de condiciones que distorsionen el libre juego del mercado de oferta y demanda.

Una cosa es que Estados Unidos le cierre un consulado a China y otra que a los días China responda de la misma manera. Nosotros no estamos en condiciones, por ahora, de hacer eso con respecto a ninguna potencia del mundo. No nos desanimemos, trabajemos con seriedad y perseverancia para que eso sea posible en un futuro no muy lejano.

El juego del proteccionismo, sin ningún tipo de esguinces, solo puede ser jugado por los países ricos. Los países pobres lo intentamos, pero son demasiadas las dependencias que tenemos y grandes las necesidades, para poder pretender imponer condiciones.

Nace de ahí la necesidad de poseer una suficiente y clara conciencia geográfica e histórica para poder determinar, a partir del conocimiento, las ventajas y desventajas que poseemos, cuáles son los sectores estratégicos que debemos desarrollar, cuál el modelo económico a implementar y desarrollar, además de tener un conocimiento profundo de las cadenas de valor donde podemos intervenir y en cuáles eslabones de dichas cadenas podemos aportar.

Sin establecer nuestros factores diferenciales o nuestros verdaderos aportes de valor al engranaje productivo, es imposible competir.

Todavía estamos hablando de agricultura y minería extractiva, de industria sustitutiva de importaciones, de comercio y servicios básicos, y de otras nomenclaturas y clasificaciones ya superadas, mientras estamos importando un poco más del 50% de los alimentos que necesitamos, lo cual es un despropósito y una sinvergüenzada por la que nadie responde.

Hoy debemos estar hablando de la economía del conocimiento, de la economía de la inteligencia de las cosas, de la economía de la manufactura, de la economía de la biotecnología, de la economía del bienestar, respaldados en la infotecnología, la nanotecnología, la biotecnología y la cognotecnología, aplicadas todas ellas a nuestras propias realidades.

Se habla de innovación, pero debemos aterrizar la innovación alrededor de qué. Si somos ricos en posibilidades de agricultura, biodiversidad, minería y agua, pues no le busquemos pelos a la calavera. Focalicémonos y dejemos de improvisar o de seguir jugando a los negocios especulativos.

“Zapatero a tus zapatos”. Esta sentencia nos debería servir de guía y a la luz de unos objetivos nacionales realistas, pragmáticos y bien formulados, encauzar todos nuestros esfuerzos en hacer de nuestra querida Colombia un país soberano, donde la justicia, la equidad y el bienestar sean el patrimonio que todos queramos construir y preservar. Pero para eso, debemos erradicar la corrupción.

NOTA: Mi completa solidaridad con el señor gobernador Aníbal Gaviria Correa y su distinguida familia.