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viernes, 20 de septiembre de 2024

Amor y amistad

José Leonardo Rincón Contreras
José Leonardo Rincón, S. J.

Celebraremos mañana el así llamado Día del Amor y la Amistad. Me parece que este año no se le ha hecho tanta bulla, es cada vez menos. Juegos como el amigo secreto que se endulzaban por varios días eran inevitables… Se había comercializado bastante, como otros días especiales, por lo que llovieron críticas por banalizar motivos profundos y cargados de sentido.

Y si bien es cierto que todos los días son de la madre o de la familia, o del amor y la amistad, no viene mal dedicar una jornada anual para rendir merecido homenaje a todos ellos. ¡Vale la pena!

Desde aquí quiero evocar dos textos bíblicos preciosos: el de San Pablo a los Corintios sobre el amor y otro del Eclesiastés sobre la amistad. No he visto páginas mejores para hablarnos de estos valores tan afectos del cristianismo.

Sobre el amor se ha hablado mucho y más bien vivido poco en su genuina comprensión. Érich Fromm dijo que era un arte y también que es una decisión. Correcto. No se limita a un noble sentimiento confundido con afecto, cariño, admiración, aprecio, incluso amistad. Es un modo de proceder permanente que se manifiesta o expresa en gestos y acciones: “obras son amores que no buenas razones” dice el adagio popular y nuestro santo fundador Ignacio aseguraba que “el amor hay que ponerlo más en las obras que en las palabras”, luego la cuestión radica más en el hacer que en el sentir, amar hasta el extremo: “no hay amor más grande que el dar la vida por los amigos”.

En cuanto a la amistad, en realidad un don, un regalo: “quien encuentra un amigo, encuentra un tesoro”, porque conocidos, compañeros, colegas, muchos, pero amigos-amigos, pocos. A sus apóstoles Jesús les dice: “No los llamo siervos sino amigos”, porque lo conocen a fondo, saben quién es y lo que quiere. Con los amigos hay autenticidad, espontaneidad, naturalidad. No hay máscaras, no hay libretos ni formalismos acartonados. Un amigo está siempre ahí, aunque físicamente no esté, aunque haya pasado el tiempo. Las conversaciones se retoman automáticamente, siempre se está a gusto y cómodo.

Amor y amistad, dos palabras, dos valores cargados de hondos significados, bellas vivencias, inolvidables experiencias. Amar y ser amado… contar con amigos del alma… ¿qué más se quiere?, ¿qué más se puede pedir a la vida? Un día, entonces, para celebrar, para agradecer a Dios por esos seres que amamos, que son parte esencial de nuestra existencia. Felices si los tenemos, muy ricos si contamos con ellos. Personalmente me siento bendecido y muy feliz. Ustedes también, ¿verdad?

viernes, 20 de septiembre de 2019

Amigo, amigo... pocos


José Leonardo Rincón, S. J.*

José Leonardo Rincón Contreras
Poco bombo, he visto este año, le han dado al tradicional día del amor y la amistad y me pregunto si es porque las contiendas político-económicas nos tienen entre absorbidos y distraídos y el palo no está para cucharas, o sencillamente y como dice la canción porque “se nos rompió el amor de tanto usarlo”. Dos valores tan importantes y serios como son el amor y la amistad, juntos o separados, se han comercializado de tal manera que se banalizaron. No puede ser.

Las mejores páginas sobre ambos asuntos no están ni en Cupido con sus dardos ni en la cuenta de Facebook, sino en un texto inspirado de San Pablo que le escribe en una primera carta a los Corintios (Cfr. 1 Cor 13, 1-13) y en el libro del Eclesiástico (Cfr. Eclo 6, 5-17) ambos, como ven, en las Escrituras. Invito a releerlos. Uno es bastante conocido. El otro menos, y por eso hoy le haré eco, en consonancia con el título de mis reflexiones.

1. “Que sean muchos tus amigos, pero amigo íntimo uno entre mil” (v. 6), como quien dice que el asunto no es de cantidad sino de calidad. Por eso el título: amigos, lo que se dice amigos, pocos.

2. “Si lo consigues, ponlo a prueba, no confíes pronto en él” (v.7) y la razón la da enseguida “porque algunos son amigos cuando les conviene, pero no cuentas con ellos cuando los necesitas” (v.8). Como quien dice, el verdadero amigo lo es en las buenas (muy fácil serlo) pero sobre todo en las malas (ahí es cuando se sabe con quién cuenta uno). “Algunos son amigos a la hora de comer, pero cuando te va mal no los encuentras” (v 10), “Mientras te vaya bien serán uña y carne contigo, pero cuando te vaya mal te abandonarán” (v. 11).

3. Lo más grave y triste: “Hay amigos que se vuelven enemigos y te hacen quedar mal hablando de tus pleitos” (v.9) porque traicionan la confianza e intimidad depositadas y “si algo malo te ocurre se vuelven en contra tuya y se esconden de ti” (v. 12), es decir, al caído caerle.

4. “Aléjate de tus enemigos y cuídate de tus amigos” (v. 13), pareciera dar un mensaje además de realista en su primera parte, un poco desesperanzador en la segunda, aunque en realidad nos aterriza obligándonos a no ser ingenuos, porque uno no le puede confiar sus secretos a todos por igual y lo ratifica enseguida: “un amigo fiel es una protección segura…” (v.14), “protege como un talismán” (v. 16).

5. “…el que lo encuentra, ha encontrado un tesoro” concluye el versículo 14 con toda razón. Y que se sepa, tesoros no se encuentran todos los días, o por ahí tirados. Es una fortuna toparse uno y si lo encuentra se es realmente afortunado, valga la redundancia. Tener un amigo de verdad es un privilegio, un regalo de Dios que habría que conservar como el más preciado valor. “Un amigo fiel no tiene precio, su valor no se mide con dinero” (v.15), no se puede comprar, como suele suceder con lo más valioso que tenemos en la vida: el amor (ni se compra ni se vende), la vida, la salud, ¡un amigo de verdad!

6. “…el que honra a Dios, lo encontrará” (v.16). Luego en verdad la amistad es un don de Dios, un regalo maravilloso, un premio, algo realmente deseable pero que gratuitamente se da.

7. “El amigo es igual a uno mismo…” (v. 17) en cuanto que por ser afines hay sintonía, identificación, asuntos comunes para compartir, almas gemelas sin que tengan que ser iguales, sin que deban pensar exactamente lo mismo. En eso, no hay edades, no hay clases sociales, no hay género. Solo la certeza de que ese otro es un auténtico tesoro, un verdadero amigo.

8. “…y sus acciones son iguales a su fama” concluye el verso 17 y esta misma reflexión, porque, finalmente, lo que cuenta, lo que vale, son las acciones, esto es, las obras. No la palabrería y el bla-bla-bla, sino la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. Que la fama coincida con la realidad, ahí está el quid del asunto.

Feliz día del amor verdadero y de la amistad verdadera. Lo demás es puro cuento.