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jueves, 29 de julio de 2021

Vigía: contratistas y mercenarios

Coronel John Marulanda (RA)
Por John Marulanda*

Para el afán amarillista de tantos comunicadores ansiosos de rating, ningún titular puede ser más atractivo que el del asesinato de un presidente de una isla del Caribe a cargo de unos mercenarios colombianos. Y no solo es rating: el hecho entra al arsenal de argumentos políticos contra la desajustada democracia colombiana. Basta oír las declaraciones del robótico canciller venezolano.

Durante más de 60 años, Colombia soportó el asedio de la extrema izquierda que buscó llegar al poder a balazos, asesinando civiles, magistrados, policías y militares, dinamitando vías y oleoductos, activando carros bomba. No logró su propósito, aunque hoy en día persiste en su malogrado empeño a cargo de los mismos matasiete de siempre, las FARC y el ELN. El dique que impidió tal desafuero, fueron principalmente las fuerzas militares, el Ejército Nacional, que desde hace 200 años viene defendiendo a costa de su sangre un sistema de libertades y de desarrollo. Cualquier otra explicación sobre el fracaso del proyecto marxista-leninista, es política.

Los militares y policías colombianos mantienen un gran reconocimiento en el ámbito mundial debido, precisamente, a su experiencia, disciplina y formación; miles de ellos, representan dignamente al país, en diversas latitudes en donde son respetados y apreciados, y varios retirados son los responsables globales de la seguridad de importantes multinacionales. No son mercenarios, de acuerdo con la Convención Internacional sobre el mercenarismo de las Naciones Unidas; son contratistas, término genérico utilizado para quienes se emplean en los asuntos relacionados con la seguridad pública y privada, y los asuntos de la defensa nacional.

Otras profesiones y especialidades también emplean el mismo término, contratistas. Ingleses, franceses, israelíes, norteamericanos, sudafricanos, campean en este empresarismo legal y legítimo que ofrece perspectivas económicas gratificantes para quienes, una vez de regreso a la vida civil, seleccionen esta opción entre muchas otras, pues entre los militares retirados se encuentran cientos de abogados, médicos, ingenieros, docentes, empresarios y pocos políticos. Y los militares neogranadinos, a pesar de todo y lo de Haití, siguen siendo una de las instituciones más apreciadas por los colombianos y respetadas por las demás nacionalidades.

Los militares retirados, con todo, son miembros de un gremio mirado con odio o sospecha por los detractores y malquerientes de la institucionalidad, pero también con esperanza y confianza por empresarios, ciudadanía, organizaciones sociales y muchas instancias gubernamentales.

Los mercenarios han existido, existen y existirán, en tanto la guerra y el conflicto sigan siendo parte de la naturaleza y la civilización humanas. Baste revisar nuestras guerras de Independencia y en años recientes, la presencia de mercenarios británicos, israelíes y norteamericanos en la región. En el caso de los militares retirados colombianos en Haití, de confirmarse definitivamente su participación consciente y activa en el asesinato de Moïse, sería el primer caso claro y evidente de mercenarismo colombiano, aclarando que también existe el mercenarismo a cargo de ciudadanos no militares según la misma convención de la ONU. Además, los actores del Crimen Organizado Transnacional, en pleno esplendor actualmente, convergen en este embrollo para generar mayor confusión.

Al caso de Haití, se agrega el involucramiento de un capitán retirado en el atentado en contra del presidente Duque, algo difícil de explicar y que genera serias dudas sobre los mecanismos de contrainteligencia interna de las FFMM. Parecieran estos hechos, indicios del desbarajuste moral en que entró el país desde que los acuerdos habaneros concluyeron con el quiebre del régimen democrático, después del plebiscito del 2016. Dura tarea la de recuperar la moral pública, justo en estos momentos de crisis económica, agravada por el desastre educativo en que Fecode ha sumido a los jóvenes de hoy, que deambulan con celular, sin historia ni lógica, embriagados de odio y resentimiento. Ya lo hemos advertido: un nuevo ciclo de violencia se está iniciando y reiteradamente los colombianos tendrán que confiar en sus soldados para que los protejan y contengan a los estalinistas aupados desde Venezuela, que insisten en lograr el poder a punto de AK 47, porque por votos no lo lograrán.

Pero, cualquiera que sea la discusión y más allá de titulares, el daño que han causado a la imagen de Colombia los militares retirados presuntamente involucrados en el magnicidio de Haití, es irreparable.

martes, 21 de mayo de 2019

De cara al porvenir: otros aportes al tema ambiental y de movilidad


Por Pedro Juan González Carvajal*

Pedro Juan González CarvajalEl ejemplo es el mejor de los métodos pedagógicos que existe para orientar al individuo y a la sociedad con respecto a las pautas de actuación que se quieren implementar y reforzar. cuando a todos se nos pide colaboración con respecto a restringir la movilidad por el bien común, los ciudadanos de Medellín aceptamos de manera cívica los sacrificios que sean menester por mejorar las condiciones de vida de todos los habitantes de nuestra querida ciudad.

Es por eso, que merecemos toda la reciprocidad del mundo por parte del Municipio y de sus empresas subordinadas, como EPM, para lo cual solo se requiere un poco de previsión, si no de planificación.

Yo personalmente gozo cuando veo cuadrillas de trabajadores trabajando en la mejora del espacio público, por encargo del Municipio de Medellín. Todos sabemos que obras como la reconstrucción de las aceras, requieren ciertos cerramientos por seguridad para todos, lo que implica usualmente emplear uno de  los carriles de la vía para tal efecto.

Gracias a nuestros aportes en impuestos y a la voluntad de la Municipalidad, hace poco se entregó la obra de renovación de las aceras entre la Iglesia de San Lucas y la Loma de los Balsos por la Transversal Superior, obra que demoró unos 6 meses en desarrollarse, con las inevitables congestiones ocasionadas y que todos toleramos pacientemente por beneficio de la obra. Hoy, dos meses después de entregada, aparece un nuevo contratista para una nueva obra —la instalación de una tubería paralela a la acera nueva—, con el consiguiente trancón y ruidos molestos que creíamos superados hace poco. Es claro que son dos obras distintas con distintos contratistas y posiblemente distintos contratantes. ¿Pero definitivamente es que están bravos, son soberbios o son absolutamente ineficientes y no son capaces de sentarse a programar obras de manera conjunta que de pronto puedan hacerse de manera simultánea? Doctores tiene la Santa Madre Iglesia, pero vale la pena recordar que la ineficiencia también es un tipo de corrupción. Mientras tanto los usuarios, nos aguantamos un nuevo trancón.

Existe hoy una corriente en Europa, para reducir el uso de los empaques que se emplean en la actualidad y que es poco el valor agregado que aportan, como, por ejemplo, las cajas en las que vienen los tubos de crema de dientes.

¿Qué tipo de aporte podemos hacer nosotros desde el Municipio, el Área Metropolitana y la Gobernación para que conjuntamente con los empresarios, comencemos a liderar campañas de este tipo, que no solucionan pero sí mitigan el impacto ambiental y la huella ecológica que estamos dejando?

Un ejemplo sencillo sería reemplazar los troncos o las maderas que se usan en los cerramientos de las obras públicas y apoyar el empleo de elementos desarrollados a partir del reciclaje.

Ahora que estamos empeñados en apoyar a los emprendedores, ¿por qué no impulsar y promover iniciativas que vayan alineadas con los propósitos del mejoramiento de la calidad del medio ambiente y de la movilidad?

Recordemos a Víctor Hugo, cuando en su ensayo sobre Shakespeare hace la siguiente distinción: “Los animales viven y el hombre existe”.

Por el momento lo que estamos evidenciando es que hay muchos hombres que viven y muy pocos que existen.

Insistimos en la conveniencia de dotar a Medellín de un adecuado centro de espectáculos.