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viernes, 21 de agosto de 2026

Con el Libro de la verdad quedaron en evidencia

Andrés de Bedout Jaramillo
Andrés de Bedout Jaramillo

Los colombianos no podemos creer que, luego de destinar billones de pesos anuales al funcionamiento de las autoridades de vigilancia y control (Fiscalía, Procuraduría y Contraloría), no tengamos ningún resultado tangible frente a las violaciones que, de manera descarada, venían cometiendo Petro y sus secuaces, dejando a nuestro país herido de muerte y sumido en una crisis que hoy se agrava con el reciente terremoto. Ni siquiera fueron eficaces en asustar o disuadir a los funcionarios de Petro, para evitar esa increíble seguidilla generalizada de corrupciones a todos los niveles, hasta el último minuto de su nefasto mandato.

No puede ser que, de las más de 80 irregularidades denunciadas por el gobierno entrante —irregularidades que todos los colombianos veníamos observando y denunciando— nuestras autoridades de vigilancia y control permanecieran quietas, calladas, como si no existieran, haciéndose las locas frente a lo que estaba sucediendo.

En el evento de entrega del Libro de la verdad se les notaba la cara de vergüenza a la fiscal, al procurador y al contralor. Quedaron en evidencia, pero a su vez retados públicamente a actuar rápida y eficientemente frente a las denuncias presentadas y documentadas. Su complicidad no podrá continuar en este gobierno: les llegó la hora de cumplir con su deber, es hora de actuar.

Afortunadamente, en la Comisión de Acusaciones quedó el representante Daniel Briceño. Recordemos que es la Comisión de Investigaciones y Acusaciones de la Cámara de Representantes la encargada de investigar y acusar, además del presidente de la República, a la fiscal, al procurador y al contralor. En mi concepto, a estos funcionarios se les debe abrir investigación rápidamente por el delito de prevaricato u omisión de denuncia, amén de las consecuencias disciplinarias correspondientes.

Si bien esta comisión ha sido un desastre, aspiramos a que con Briceño —aunque en minoría— se vea obligada a actuar. Estamos seguros de que estará muy por encima de sus demás integrantes, donde el Pacto Histórico cuenta con las mayorías, que hoy, quizá con la presión de Briceño, puedan cambiar y cumplir con sus obligaciones constitucionales y legales.

En otras palabras, Briceño será la piedra en el zapato que pondrá a trabajar a la Comisión de Investigaciones y Acusaciones de la Cámara de Representantes.

El acto de entrega del Libro de la verdad, resultante del empalme anticorrupción —que, dicho sea de paso, terminó siendo un empalme con los delegados de la Contraloría General de la Nación en los diferentes ministerios y entidades del Estado, dada la negativa del gobierno saliente a entregar información, cimentada en el no reconocimiento del triunfo del Tigre por parte de Petro y su Pacto Histórico— se constituyó en un símbolo vinculante y delatador, con todas las características de una denuncia penal y fiscal directa de un presidente a las autoridades de vigilancia y control.

El Libro de la verdad / Empalme anticorrupción fue entregado personal y públicamente por el presidente a la Fiscal, al Procurador y al Contralor, quienes tendrán obligatoriamente que asumir las investigaciones correspondientes. No podrán argumentar la inexistencia de denuncia de parte, aunque muchas de las conductas delictuosas denunciadas ya deberían estar siendo investigadas de oficio por estas entidades. Seguramente, sobre algunas en particular, puedan tener avances que permitan atribuir responsabilidades fiscales, penales y disciplinarias a los funcionarios salientes.

Que nuestro Señor Jesucristo les dé la entereza y el valor necesarios a nuestras autoridades de vigilancia y control para cumplir con sus deberes constitucionales y legales.

lunes, 21 de julio de 2025

La estupidez es contagiosa

Luis Alfonso García Carmona
Luis Alfonso García Carmona

Nos quejamos sin parar de la estupidez de quienes, en virtud del fraude, ejercen el poder público, de la falta de preparación de los que se desempeñan en cargos de altísima responsabilidad, de las equivocadas políticas que, de manera consciente o por ignorancia, aplican con el desastroso resultado que todos conocemos.

Sin embargo, más allá de quejarnos, ningún plan racional y efectivo desarrollamos para salir de tan espantosa encrucijada.

Los llamados “líderes de la oposición” brillan por su ausencia. Sin salir de su zona de confort asumen anodinas posiciones como aquella de que “a Petro hay que dejarlo que termine su período”, como si ningún daño estuviera causando a la seguridad de los habitantes, al funcionamiento de la economía y a servicios tan esenciales como el de la salud. Proliferan los ataques verbales o virtuales en contra del guerrillero presidente y sus secuaces por parte de congresistas y directivos de partidos supuestamente opositores, pero sin ninguna efectiva acción que conduzca a su separación del cargo.

Conocen todos ellos, puesto que son profesionales de la política, que el único instrumento constitucional para derrocar a Petro es el art. 109 de la Carta, mediante un juicio por indignidad que ya se radicó en la Comisión de Acusaciones de la Cámara. ¿Cómo se explica que hasta la fecha ninguno de los esclarecidos “jefes tradicionales” se haya dignado apoyar este legítimo mecanismo? ¿Cuál puede ser el poderoso motivo para abstenerse de cumplir con su deber natural de orientar a sus partidarios en situaciones definitivas para el futuro de la democracia? Demandamos en nuestra calidad de militantes de los partidos que aseguran respetar el Estado de derecho, que se nos explique las razones para semejante negligencia en el cumplimiento de sus deberes con el partido respectivo y con la patria.

Es la misma línea que hasta hora siguen los aspirantes a la Presidencia. Saben que manifestar su oposición a Petro atrae el apoyo electoral de esas masas que llenan los espacios públicos gritando “¡Fuera, Petro!”, pero tampoco están interesados en mover un dedo para que Petro salga. Cuando se les pregunta por el juicio político se limitan a contestar: “Yo ya presenté mi denuncia”, lo cual en nada contribuye a que se agilice le trámite del juicio. Por el contrario, es aprovechada para acumular las denuncias (que se tramitan como procesos penales) al juicio por indignidad (que es un trámite de carácter constitucional) y, de esta manera, empantanar todo el trámite.

No todo lo que reluce es oro en política. Por allí anda un representante del Centro Democrático, de apellido Garcés, quien a boca llena pregona su “antipetrismo”; sin embargo, por las recusaciones que viene presentando contra miembros de la Comisión de Acusaciones sólo está ayudando a Petro, ya que en cada recusación se suspende el trámite del juicio. Va a terminar el período presidencial sin que se logre dictar sentencia, pero muy orondo el representante de marras seguirá insistiendo que hizo campaña en contra de Petro.

Estamos actuando de manera irracional, lo que nos lleva a pensar que se nos pegó la estupidez de nuestros gobernantes. Debemos planear nuestra tarea, estudiar al enemigo, analizar sus fortalezas y debilidades, y, cuando terminemos ese análisis, diseñemos el plan para derrocar al tirano con la colaboración de todos los que verdaderamente queremos el bien de Colombia y la salida inmediata de este maquiavélico régimen “castrochavista”.

Dejemos de jugar a los candidatos. Seamos conscientes de que, si no es mediante una fuerte coalición, no podremos ganar la batalla y Petro continuará en el poder por sí o por interpuesta persona. La estupidez parece que se pega.