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martes, 19 de noviembre de 2024

De cara al porvenir: "Papayuela"

Pedro Juan González Carvajal
Pedro Juan González Carvajal

En el país del Sagrado Corazón, en el epicentro macondiano del mundo, todo es posible.

Luego de denunciar, explicar, reconocer, ocultar, aseverar, mentir, decir la verdad, entre todas las declaraciones  y contradicciones posibles alrededor de la crítica situación que vive el país por el agotamiento de las reservas de gas y de petróleo y ante la postura loable pero apresurada y equivocada de hacer énfasis en las energías limpias sin tener en cuenta el corto y el mediano plazo –con sus consecuencias para el consumo interno, la posibilidad de dejar de exportar y la necesidad de tener que importar–, de un día para otro aparecen anuncios sobre los espectaculares hallazgos de yacimientos de gas natural en el Caribe colombiano.

¡Se nos apareció la Virgen Santísima!

Las noticias preliminares sobre el hallazgo del yacimiento de la Uchuva -hoy Sirius- hacen pensar de manera optimista que tendremos reservas abundantes pero que se requieren inversiones totales cercanas a los cinco mil millones de dólares para que esté disponible en los hogares colombianos. Licencias, gasoductos submarinos que permitan la conexión con la infraestructura existente en Chuchupa-Ballena para garantizar el transporte eficiente del gas descubierto, ajuste de la red continental de distribución, entre otros, nos demuestran que la entrada en operación y posterior distribución para el consumo se logrará en el mediano y largo plazo.

Dar papaya es un término coloquial que empleamos cuando se da oportunidad u ocasión, por descuido, credulidad o vulnerabilidad, para que alguien saque ventaja, se aproveche o abuse de uno. En este caso, al Gobierno se le apareció la virgen al menos para poder hacer el anuncio y le corresponde hacer efectivamente las inversiones necesarias para contribuir a la soberanía energética del país. Lo demás sería “dar Papayuela”.

Aparecen más yacimientos como el de Komodo-1, afectado por la suspensión de trámite de la licencia ambiental.

Otra crisis que tenemos que sobrellevar y solucionar en el corto, mediano y largo plazo, es el de la escasez de agua debido al cambio climático y al crecimiento demográfico

No podemos seguir dependiendo solamente de las épocas de lluvias para poder almacenarla en los embalses. Ya es el momento de pensar en otras alternativas, y una que parece estar sobre el tintero, con abundancia de recurso hídrico y costos razonables, es el aprovechamiento de las aguas subterráneas.

Los acuíferos son formaciones geológicas que almacenan y transmiten agua bajo la superficie terrestre. Son como embalses subterráneos que se pueden aprovechar por medio de pozos o de aljibes.

El doctor César Navarrete, un reconocido hidrogeólogo vinculado con la Universidad Nacional de Colombia indicó que se necesitaría una inversión cercana los doscientos cincuenta mil millones de pesos –que no es nada si la comparamos con los recursos necesarios para la extracción del gas natural de Sirius como lo acabamos de ver– para la extracción del líquido en quince pozos para evitar emergencias hídricas y garantizar la capacidad de bastecimiento de toda la Sabana de Bogotá, por un período estimado de casi 100 años.

Esta estrategia es empleada con éxito desde hace muchos años en Ciudad de México.

Sería ridículo que Colombia, uno de los países con más recursos hídricos en el planeta, se viera abocado a un racionamiento de agua por falta de planeación, de previsión, de voluntad y de gerencia.

Por eso son importantes los planes de desarrollo o los planes estratégicos a más de 50 años. Estudios juiciosos sobre las líneas base para el inicio de los pre-proyectos y una proyección seria del crecimiento demográfico y de la demanda productiva tanto para energías, como para agua, como para todo tipo de infraestructura que impacte el aspecto logístico y obviamente el competitivo, se hacen imprescindibles e inaplazables si tuviéramos gobiernos serios y estadistas en vez de presidentes.

Hay que planear, planear y planear.

Recordemos el siguiente pensamiento: “La mejor forma de predecir el futuro es construyéndolo”.

Igualmente rescatemos a Woody Allen: “Las cosas no se dicen, se hacen: porque al hacerlas, se dicen solas”.

César Octavio Rodríguez Navarrete propone perforar 15 pozos de hasta 1.500 metros para garantizar el agua en Bogotá crédito Edmundo Vere. 

martes, 20 de diciembre de 2022

De cara al porvenir: ¿a qué nos vamos a dedicar?

Pedro Juan González Carvajal
Pedro Juan González Carvajal*

Ahora que vamos a estrenar el desde siempre mal denominado Plan de Desarrollo para este Gobierno del cambio (que finalmente es el Programa de Gobierno ganador elevado a la categoría de ley y que expira al terminar el período de Gobierno), es importante invitar a una reflexión general acerca de lo que vamos a hacer con este rico, biodiverso, multicultural y exuberante país y responder tentativamente a la pregunta de ¿finalmente a qué nos vamos a dedicar?

Nos tenemos que focalizar para pretender ser productivos y competitivos. Ningún país es bueno para todo, o tiene los recursos necesarios para enfrentar todos los retos.

¿Agricultores? ¿Mineros? ¿Industriales? ¿Comerciantes? ¿Desarrolladores de conocimiento y tecnologías? ¿Futbolistas? ¿Artistas?

La guerra Rusia-Ucrania ha retrasado el propósito planetario de ir desmontando gradualmente el uso intensivo de los hidrocarburos, para lo cual ya había convenios firmados y fechas establecidas para la Comunidad Europea y algunos países de Asia y aún de América.

Si observamos nuestra balanza comercial, hoy somos carbón y petróleo dependientes, por lo que cualquier propuesta de cualquier gobierno por acelerar el tránsito a nuevas tecnologías de producción de energías limpias es loable, siempre y cuando tengamos con qué reemplazar el hueco que va a generar la no exportación de carbón y petróleo.

Esto debe ser comprendido en toda su amplitud y con todas sus implicaciones, pues sin presente, definitivamente no habrá futuro.

Debemos hacer una cruzada por analizar y evaluar tanto los factores comparativos con los cuales contamos, como los competitivos que podríamos desarrollar en nuestro país en el corto y en el mediano plazo para enfrentar esta situación.

No podemos tampoco desconocer que se han logrado ciertos avances en ciertos sectores, pero ante una población que sigue creciendo acompañada de problemas estructurales no enfrentados y obviamente no resueltos, pues la tarea que se nos viene es faraónica.

Desde hace poco más de medio siglo se hablaba de que Brasil sería el país del futuro, y ese futuro llegó, y Brasil logró avances, pero no lo que se esperaba. Eso mismo nos pasa cuando hablamos del campo colombiano, de nuestra agua, de nuestros océanos y mares, de nuestra posición geoestratégica privilegiada, y vemos como pasan y pasan gobiernos y presidentes de gremios y empresarios y gobernadores y alcaldes y congresistas y magistrados, entre otros variados funcionarios de alto rango y personajes del sector privado y social, y en Colombia no pasa nada. Seguimos con una inercia paquidérmica, con problemas por resolver como la iniquidad, la injusticia social, la pobreza, la corrupción, que ya hacen parte del paisaje y a quienes ya se les calcula un porcentaje anual de coimas y robos para poder hacer las cuentas de cuanto nos queda para funcionamiento del Estado e inversión social.

En la mayoría de los colegios y escuelas de primaria se anuncia con bombos y platillos que “aquí se forman los líderes del futuro”, y ya llegamos al futuro y los líderes, los verdaderamente líderes, no se ven por ninguna parte. “Algo huele mal en Dinamarca” diría Hamlet.

Me dirán dinosaurio, pero acepto gustoso el apelativo. Insisto en que si no definimos a qué nos vamos a dedicar, jamás tendremos plena conciencia de nuestros factores geopolíticos y geoeconómicos naturales y adquiridos, no sabremos establecer verdaderos factores diferenciales, precisar nuestro sector o sectores estratégicos, jamás podremos proponer un modelo económico ni qué decir de un modelo de desarrollo.

Para esto, obviamente, tenemos que conocer y reconocer nuestro país, nuestro territorio, para poder valorarlo, respetarlo y quererlo. Y esto solo se logra si desde el sistema educativo se construye una verdadera conciencia geográfica e histórica como base de una pretendida ciudadanía.

Si no sabemos a qué nos vamos a dedicar ¿a cuáles actividades se les asignarán recursos, se les promocionará y se les financiará?

Un ministerio como el de Ciencia, Tecnología e Innovación, ¿A cuál sector investigativo apoya? ¿A todos? Eso es como disparar con regadera y despilfarrar los pocos recursos que se tienen.

Lo mismo ocurre con los esfuerzos investigativos de las instituciones de educación superior. Si la base económica del país no está clara, los esfuerzos serán enormes para lograr impactos casi inexistentes.

martes, 17 de mayo de 2022

De cara al porvenir: ¿qué vamos a hacer con nuestro carbón?

Pedro Juan González Carvajal
Por Pedro Juan González Carvajal*

En el pódium de los principales productos que configuran nuestra base exportadora, aparece el carbón, y es gracias a este producto que hemos podido sobrevivir con menos sobresalto a los vaivenes del precio del petróleo en el ámbito internacional, en diferentes momentos del tiempo.

El carbón ha sido uno de los principales productos que han acompañado a la humanidad en el último milenio. Primero el carbón de leña que casi acaba con la floresta inglesa y luego el carbón mineral, como elemento de primer orden en los procesos de industrialización, al aparecer los motores y las máquinas a vapor.

La crisis ambiental que sufre el planeta hoy ha obligado de manera tardía a enfrentar con alguna voluntad política este fenómeno que podría llevar a la humanidad a su colapso.

El cambio climático como uno de los principales vectores de la crisis, lleva a enfrentarnos directamente con el uso o no de los combustibles fósiles, dentro de los cuales aparece obviamente el carbón.

Los recientes compromisos por tratar de hacer frente al cambio climático parten de declaraciones y compromisos por parte de los países industrializados para ir disminuyendo paulatinamente el uso de los combustibles fósiles, hablando de puntos de llegada a mediados del presente siglo y para el caso del carbón, se habla y se firman acuerdos para dejar de consumirlo en ciertas regiones del planeta al finalizar el presente decenio, es decir, al 2030.

Como “una cosa piensa el burro y otra el que lo está enjalmando”, la guerra entre Rusia y Ucrania ha dejado al descubierto la enorme dependencia de muchos de los países dizque poderosos del petróleo y sobre todo del gas ruso, lo que podría llevar a atrasar el cumplimiento de los compromisos pactados con respecto a dejar de usar el carbón en el corto plazo, lo cual evidenciaría, de nuevo, que el corto plazo se impone al largo plazo y que entonces las economías  están por encima de la sostenibilidad del planeta, lo cual muestra lo “cabeciduros y egoístas que somos”.

Para un país subdesarrollado como Colombia, lo anterior podría ser visto como una “buena noticia”, aun cuando el que pierda sea el planeta como un todo, sin olvidar que nosotros los colombianos, también hacemos parte y estamos en ese planeta agonizante.

Sin embargo, es importante que hagamos un detente y pensemos un momento: antes del inicio de la guerra entre Rusia y Croacia ya se conocía la decisión de la Comunidad Europea, de Israel, y aún de China, que son nuestros principales compradores de carbón, de disminuir el volumen de compras hasta llegar a un punto de no trabajar más con carbón.

La pregunta seria es: ¿y quiénes, en este momento, están estudiando en Colombia la manera cómo vamos a reemplazar para nosotros este importantísimo renglón de exportación? ¿El gobierno? ¿Los gremios económicos? ¿La academia?

Que yo sepa, ninguno, lo cual evidencia una vez más el pequeño país al cual pertenecemos y a la mentalidad indolente que nos domina.

Si fuéramos un país serio, que no lo somos, todos los recursos de investigación destinados por Minciencias deberían orientarse a buscar soluciones y alternativas a este problema y todas las instituciones de educación superior deberían estar preocupadas por este asunto de innegable importancia para la sostenibilidad del país.

Lamentablemente, esto no es así y lo más seguro es que ni siquiera tengamos conciencia de la dimensión del problema al cual estamos enfrentados.

¿Con cuáles productos, bienes o servicios vamos a reemplazar y a compensar los miles de millones de dólares que nos genera la exportación de carbón?

¿Cuál va a ser el impacto que sufrirán las comunidades que están asentadas en geografías carboníferas cuyo día a día gira alrededor del carbón?

¿Será que nos tendremos que comer nuestro carbón por falta de previsión?

¡Amanecerá y veremos!