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viernes, 16 de enero de 2026

Duelo popular

José Leonardo Rincón Contreras S. J.
José Leonardo Rincón Contreras S. J.

Siendo sinceros, no había oído hablar del cantante Yeison Jiménez hasta el día de su trágica desaparición en compañía de sus más inmediatos compañeros de trabajo. Y me ha llamado la atención el profundo impacto que ha generado su muerte, un auténtico duelo popular, porque era conocido y admirado por muchos. No era para menos, lo he entendido claramente en la medida que me he ido enterando de algunos hitos en su vida.

* Era de extracción humilde, como la mayoría de nuestra gente.

* Creció en un ambiente, como él mismo decía, donde había una iglesia y treinta cantinas. Por eso quedaron arraigadas en él su fe en Dios y el gusto por la música popular que escuchaba todos los días a toda hora.

* Se hizo a pulso. Durante 9 años trabajó cargando bultos y vendiendo aguacates, en la central de abastos en Bogotá.

* Vivió varios años en un entorno complejo marcado por el consumo de licor y drogas, los cuales experimentó y también superó.

* Un día, viendo a sus compañeros de labores, tomó conciencia de que su futuro no era quedarse allí realizando el mismo oficio, sino que tendría que seguir evolucionando y explorando nuevos caminos.

* Consciente de sus talentos artísticos, con los cuales ya había obtenido reconocimientos, desde cuando pide que lo escuchen, no que le paguen, solo que lo escuchen, comienza su éxito hasta cuando se satura su agenda de solicitudes para que brinde sus conciertos.

* Gana buena cantidad de dinero y no lo despilfarra o gasta mal, sino que lo ahorra e invierte para generar más ingresos: emprendimientos, propiedades de finca raíz, caballos de paso, etc.

* Conforma un hogar estable del que queda su esposa y tres hijos.

* Solidario con los más necesitados establece una red de ayudas permanentes a familias pobres.

* Construye y fortalece un emporio económico exitoso bien administrado donde muestra también sus capacidades como empresario.

* Mantiene una actitud cercana, asequible, sencilla, que conquista día a día más seguidores y amigos.

* Compuso más de 70 canciones, grabó varios álbumes y obtuvo múltiples nominaciones y premios en su género musical.

* Afirmó que en su momento tendría que cantarle a Dios, a quien siempre reconoce como el autor de lo que le pasa y con quien tiene enorme gratitud.

* En entrevistas a medios contó de los sueños que tuvo y como advirtió en ellos señales de Dios para su vida, en concreto, que moriría en un accidente aéreo.

Una vida corta, tan solo tenía 34 años, pero de veras impresionante la manera como la vivió intensamente en cada etapa, el orden que le dio, los éxitos que alcanzó y su simpatía y alegria manifiestas hasta el último minuto. Realmente inspirador en todos esos pasos positivos. Por eso mismo, quise dedicarle estas líneas, porque al encontrarlo tan cercano al común denominador de nuestra gente, observo que es ejemplo de progresiva superación, sensibilidad social, empatía y simpatía con la gente y cómo se puede ser exitoso y llegar lejos cuando hay organización y disciplina en la vida, Descansa en paz, Yeison, y ahora sí, cántale a Dios como en su momento quisiste hacerlo.

lunes, 24 de julio de 2023

Editorial: sucesos de la semana


Antonio Montoya H.
En su nuevo editorial para El Pensamiento al Aire, Antonio Montoya H., hace su acostumbrado análisis sobre los hechos noticiosos más destacados de la semana. En esta oportunidad reseñó los constantes incumplimientos en las citas con las regiones y hasta en la instalación del Congreso, evento al que llegó tarde y en el que dio un discurso de dos horas sobre el cual este editorial ofrece varios comentarios. También se refiere a la tragedia de Quetame, sobre la marcha de los reservistas de las fuerzas armadas en contra de las reformas del presidente, de la salida de la ministra Irene Vélez, de los colombianos arrestados en El Salvador por los préstamos gota a gota, y finalmente sobre la venta del Éxito. No dejes de verlo.

viernes, 10 de junio de 2022

La calidad hace la diferencia

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.*

Siempre he sostenido que la calidad no es un sello, ni una oficina, ni unas políticas para aplicar a procesos y procedimientos. Puede ser eso, pero sobre todo es un espíritu que anima, una actitud clave ante la vida.

Cuando por la pandemia aumentó el desempleo escandalosamente, la gente se lamentaba por ello. Muchos valoraron en ese momento lo que habían perdido. Fueron conscientes de lo que significa estar parado y con los brazos cruzados. Quedar sin trabajo, a la deriva, es una desgracia que no se le desea a nadie. Los ahorros escasean, las reservas se acaban, no hay con qué comprar nada, el hambre agobia, los pagos no dan espera, todo se afecta, pareciera la vida colapsar.

Debe ser por eso que me ofusca ver a la gente que tiene un empleo, pero le importa un bledo patear su lonchera, es decir, trabajando a media máquina, con desgano y pereza, pegados de un celular y abstraídos del entorno, haciendo las cosas con mediocridad… la queja es que es duro conseguir trabajo, que la situación está muy dura, pero cuando se tiene viene la acomodación y el apoltronamiento.

En contraste, qué satisfacción da ver a la gente con la camiseta puesta, haciendo las cosas con gusto y con pasión, trabajando juiciosamente, con responsabilidad y seriedad, ejerciendo sus profesiones plena y conscientemente, haciendo las cosas no porque toca o por rutina sino amando eso que hacen y haciéndolo bien hecho, con cariño, con calidad. ¡Ahí está la diferencia!

Hay empresas que se precian de tener sus procesos certificados en calidad, cumplen aparentemente con unos estándares, pero en realidad son pura fachada. Lo que cuenta no es tener un bello discurso sobre calidad, ni llenar puntualmente unos formatos, ni mostrar orgullosos unas estadísticas admirables. Lo que finalmente vale es que el usuario beneficiario, el cliente, esté satisfecho y se sienta bien atendido. Y, repito, eso no lo da automáticamente un reconocimiento, un certificado, un cartón. Eso se transpira en el ambiente, se contagia por ósmosis. Por eso es un espíritu, un carisma, una manera de ser y de proceder. Es una cultura organizacional que, obviamente, no se ha construido de la noche a la mañana, sino que se ha venido trabajando paso a paso, enamorando con esas actitudes que son reflejo de los principios y valores que la sustentan.

La calidad del producto para uno es muy importante, como también la calidad adelantada en los procesos que lo hicieron posible, pero lo es sobre todo la calidad humana que está detrás de todo esto y que resulta ser lo más importante, lo esencial, porque, finalmente, son las personas y no las cosas lo que realmente vale. Se podrán tener capitales relevantes, pero la calidad del capital humano es el mayor activo de cualquier empresa u organización, es su tesoro más valioso.