Luis Alfonso García Carmona
Mientras los esfuerzos aunados
del nuevo gobierno y de la inmensa mayoría de colombianos, se concentran en la ayuda
a los damnificados por el terrible terremoto sufrido por una gran parte del
territorio nacional, siguen apareciendo obstáculos en el camino hacia la
reconstrucción.
Y no me voy a referir a
la conjura de la izquierda para hacer “invivible” el país para causarle daño al
presidente electo, aunque sea incendiando vastas zonas forestales, agrícolas
y ganaderas, al estilo de los más crueles bárbaros de la historia. Tampoco
a la infame guerra decretada por los grupos terroristas contra la fuerza
pública y las inermes poblaciones, para continuar con el sucio negocio del
narcotráfico.
No se podía esperar
otra cosa de los viudos del poder que vieron frustrado su abominable propósito
de acabar con el país si no podían mantenerse ahí.
Pero surge ahora, con
la infausta decisión de la Corte Constitucional que da luz verde a la
reforma pensional petrista, un nuevo sismo, fiscalmente más
peligroso que el horrible terremoto, que nos llega justamente cuando se ha
develado la más profunda crisis económica y fiscal de nuestra historia.
Sabias advertencias se
formularon por parte de expertos en asuntos pensionales y fiscales sobre las
peligrosas implicaciones del texto aprobado a las volandas, aún sin llenar en
algunos casos los trámites legales. Ninguna fue escuchada por los integrantes
del Congreso anterior. Y, hay que decirlo con toda claridad, Petro no
contaba con mayorías parlamentarias para aprobar este engendro. No hay otra
explicación que la del soborno, bautizado eufemísticamente como “mermelada”,
que sirvió para autorizar muchas de las fechorías del pasado régimen.
Las consecuencias para
el país representan un incalculable daño que aún no alcanzamos a medir en su
real dimensión.
Tanto los planes de
reconstrucción física como los de recuperación económica y fiscal
proyectados se verán afectados.
La tasa de natalidad se
ha reducido en un 30 % en la presente década con respecto a la anterior,
lo que indica que cada vez existirán menos jóvenes en edad laboral para
sostener el sistema pensional. En lugar de resolver el problema, lo
queremos agudizar entregándole la responsabilidad al Estado sin darle los
recursos para hacerlo.
El traspaso
obligatorio de los pensionados de fondos privados a Colpensiones, genera un
enorme boquete en las finanzas públicas que deberán atender esa nueva carga
afectando de paso al mercado de capitales.
Según el analista Julio
César Iglesias (de Vélez por la mañana) apoyado en estudios de ANIF, además
del endeudamiento público que representa el 60 % del PIB, después de la
desaforada emisión de TES por arte del gobierno anterior, el traslado
obligatorio de pensionados a Colpensiones alcanza el 80,2 del PIB, o sea unas 51
veces el valor de los daños causados por el sismo, ¡Una verdadera
catástrofe!
Es este uno de los
ejemplos clásicos de cómo han gobernado “los de siempre” a este país. Aprueban
un proyecto manifiestamente nocivo para las finanzas públicas y para el futuro
de la población, a cambio de un miserable plato de lentejas. Luego es avalado
por la Corte Constitucional de la misma manera como los antecesores de esta
avalaron el acuerdo espurio de La Habana desconociendo la voluntad del pueblo
soberano.
No nos queda sino una
sola esperanza: Ya no tenemos en la Presidencia a un guerrillero aliado de los
delincuentes sino a un hombre probo, con voluntad política para acabar con
esta descomposición moral, Abelardo de la Espriella.
En su corazón, como lo
hemos constatado, lleva las necesidades y angustias de las gentes de Colombia,
sin distingo por sus tendencias políticas y sabrá dar a este espinoso asunto la
solución definitiva que merece. Si la Corte no ha podido entender las
razones jurídicas, económicas y sociales para archivar ese funesto proyecto,
será el poder constitucional con el actual congreso que cuenta con supuestas
mayorías oficialistas, quien lo archive y apruebe una norma que de verdad
atienda a nuestra realidad nacional. En las manos y el liderazgo del “tigre” seguimos
esperanzados y estamos “firmes por la Patria”.
