miércoles, 8 de julio de 2026

¡Pero si jamás han obedecido!

José Alvear Sanín
José Alvear Sanín

El país está justamente preocupado por el anuncio reiterado de que, si no se acatan las cinco exigencias de Cepeda, todos sus votantes se irán con él a la desobediencia civil “pacífica”.

Esta amenaza es aterradora, si se cree:

1. Que no hubo constreñimiento electoral ni votación comprada con 30 billones de contratación delictual, y

2. Que casi 13 millones de votantes son comunistas convencidos y disciplinados revolucionarios que, dóciles a las incontrovertibles órdenes de sus jefes, se dedicarán día y noche a desobedecer a las autoridades legítimas, hasta que el Gobierno caiga.

¡Aceptar que el derrotado mande al elegido es lo que Cepeda exige!

Por tanto, su amenaza es inane y no debe tenerse en cuenta, a menos que sea apenas el velado anuncio de que la oposición será tan “pacífica” como fue la de la primerea línea, que —vale la pena recordar— tampoco pudo tumbar a Duque, mucho menos afirmativo que Abelardo.

Lo verdaderamente grave es lo que Petro está haciendo antes de salir a encabezar una oposición vandálica, incendiaria y sangriente —lo único para lo cual está preparado—, contra un gobierno que encontrará la caja vacía, el déficit mas grande de nuestra historia, los recursos futuros comprometidos por largos años, para el cumplimiento de negociados corruptos, las Fuerzas Armadas desmanteladas y un Congreso adicto a la mermelada.

Pues bien: desde los trabajos de Hércules, nadie se ha enfrentado a una situación tan difícil como la que espera al nuevo gobierno. Sin embargo, estoy seguro de que Abelardo no será inferior a la tarea que tiene que cumplir, porque ya ha dado abundantes pruebas de su infatigable determinación y de su capacidad política superior.

Volvamos a Cepeda: sus amenazas han sido rechazadas por la generalidad de la opinión, pero con menor vigor del requerido porque estamos —como ha señalado el mayor constitucionalista, Jesús Vallejo Mejía— ante un flagrante acto de extorsión, y un probable concurso de delitos conexos…

¡Cómo convendría tener ahora una Fiscalía comprometida imparcialmente con el derecho penal!

Nada tiene de extraño, entonces, el reiterado pronunciamiento de Cepeda, porque los comunistas jamás obedecen ni respetar el orden jurídico de la Constitución y la ley, que para ellos representa la violenta imposición de las clases dominantes sobre el proletariado explotado y bla, bla, bla…, hasta llegar al punto fundamental de su credo político: todo es lícito para lograr el triunfo de la revolución, y todo lo que a ella se opone es inmoral, inadmisible e intolerable, y debe ser combatido con la combinación de todas las formas de lucha.

Cepeda no es el inofensivo anciano, lisiado y cabizbajo filósofo dedicado a la defensa de los derechos humanos, como nos lo pintaron los grandes medios masivos fletados durante la campaña presidencial, sino el longevo y taimado jefe histórico de la subversión comunista, las narcoguerrillas y las demás actividades criminales que durante tantas décadas han causado incontables muertes, destrucción y pobreza.

A partir del 7 de agosto regresan la Constitución y la ley para ser obedecidas por todos y garantizadas por el legítimo ejercicio de las armas del Estado contra las siniestras fuerzas criminales, que jamás han desobedecido a Cepeda, Petro y el Politburó.