José Alvear Sanín
El país está justamente preocupado por el
anuncio reiterado de que, si no se acatan las cinco exigencias de Cepeda, todos
sus votantes se irán con él a la desobediencia civil “pacífica”.
Esta amenaza es aterradora, si se cree:
1. Que no hubo constreñimiento electoral ni
votación comprada con 30 billones de contratación delictual, y
2. Que casi 13 millones de votantes son
comunistas convencidos y disciplinados revolucionarios que, dóciles a las
incontrovertibles órdenes de sus jefes, se dedicarán día y noche a desobedecer
a las autoridades legítimas, hasta que el Gobierno caiga.
¡Aceptar que el derrotado mande al elegido es
lo que Cepeda exige!
Por tanto, su amenaza es inane y no debe
tenerse en cuenta, a menos que sea apenas el velado anuncio de que la oposición
será tan “pacífica” como fue la de la primerea línea, que —vale la pena
recordar— tampoco pudo tumbar a Duque, mucho menos afirmativo que Abelardo.
Lo verdaderamente grave es lo que Petro está
haciendo antes de salir a encabezar una oposición vandálica, incendiaria y
sangriente —lo único para lo cual está preparado—, contra un gobierno que
encontrará la caja vacía, el déficit mas grande de nuestra historia, los
recursos futuros comprometidos por largos años, para el cumplimiento de
negociados corruptos, las Fuerzas Armadas desmanteladas y un Congreso adicto a
la mermelada.
Pues bien: desde los trabajos de Hércules,
nadie se ha enfrentado a una situación tan difícil como la que espera al nuevo
gobierno. Sin embargo, estoy seguro de que Abelardo no será inferior a la tarea
que tiene que cumplir, porque ya ha dado abundantes pruebas de su infatigable
determinación y de su capacidad política superior.
Volvamos a Cepeda: sus amenazas han sido
rechazadas por la generalidad de la opinión, pero con menor vigor del requerido
porque estamos —como ha señalado el mayor constitucionalista, Jesús Vallejo
Mejía— ante un flagrante acto de extorsión, y un probable concurso de delitos
conexos…
¡Cómo convendría tener ahora una Fiscalía
comprometida imparcialmente con el derecho penal!
Nada tiene de extraño, entonces, el reiterado
pronunciamiento de Cepeda, porque los comunistas jamás obedecen ni respetar el
orden jurídico de la Constitución y la ley, que para ellos representa la
violenta imposición de las clases dominantes sobre el proletariado explotado y
bla, bla, bla…, hasta llegar al punto fundamental de su credo político: todo es
lícito para lograr el triunfo de la revolución, y todo lo que a ella se opone
es inmoral, inadmisible e intolerable, y debe ser combatido con la combinación
de todas las formas de lucha.
Cepeda no es el inofensivo anciano, lisiado y
cabizbajo filósofo dedicado a la defensa de los derechos humanos, como nos lo
pintaron los grandes medios masivos fletados durante la campaña presidencial,
sino el longevo y taimado jefe histórico de la subversión comunista, las
narcoguerrillas y las demás actividades criminales que durante tantas décadas
han causado incontables muertes, destrucción y pobreza.
A partir del 7 de agosto regresan la
Constitución y la ley para ser obedecidas por todos y garantizadas por el
legítimo ejercicio de las armas del Estado contra las siniestras fuerzas
criminales, que jamás han desobedecido a Cepeda, Petro y el Politburó.
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