Luis Guillermo Echeverri Vélez
Tiene
Colombia un grave problema de ilegitimidad e ilegalidad que mantiene a la
sociedad jugando a la democracia como si fuera gallina ciega. Y eso nos pasa
por aceptar en el debate democrático la participación de delincuentes y
promotores de la subversión, del narcoterrorismo o sistemas autoritarios como
el comunismo o de totalitarismos constitucionales como el SSXXI o la narco
autocracia a la que se le abrió la entrada con el desconocimiento ilegal del NO
y de la voluntad del constituyente primario que es el electorado en 2016 y con
la subsecuente compra del Congreso y la corte para meter los acuerdos por medio
del “fast-track” a la Constitución e instaurar la JEP en 2017.
Mientras
eso no se corrija aquí vamos a seguir jugando a la gallina ciega política y
generando más descontento social e inequidades de todo tipo, hasta que no quede
vestigio de la democracia que por más de dos siglos nos ha mantenido unidos
como nación.
Desde
que hice la primera comunión he venido escuchando hablar a todo el mundo de “paz
y de milagros”, pero por más que estudio e investigo y trato de averiguar, no
he podido entender cómo funcionan esas dos cosas, ni he logrado que nadie me
convenza de que eso existe por fuera del imaginario o sea real. La vida me ha
enseñado a solo creer en el trabajo con ética, honestidad, transparencia y en
hacer el bien con consistencia, que genere confiabilidad, y en poder cumplir
siempre con el deber y hacer las cosas pensando en el interés general y el bien
común.
De
modo que el problema que tiene el país en medio de tantos intereses de poder
representados en una actividad política anómala y en su mayoría corrompida es
simple de comprender; si una edificación no está construida sobre unos
cimientes sólidos y un piso firme, se cae de un solo lapo por un temblor de
tierra o de a poquitos por causa de humedades y otros problemas estructurales,
y lo mismo pasa si alguien los implosiona con dinamita, hay que volver a
empezar por reconstruir esas bases con solidez. Entonces para poder tener un
edificio bueno y funcional en donde vivir y trabajar, se refuerzan o se vuelven
a hacer unos cimientes sólidos y se cuidan y se les da mantenimiento o no
tenemos edificio en donde vivir y trabajar.
Y
es que los fundamentos de las democracias son las instituciones políticas,
sociales y económicas; y ellas no pueden estar operadas al mismo tiempo por una
mezcla de personas que representan la licitud y otras que representan la
ilicitud, el delito, la corrupción, el terrorismo y el narcotráfico e
ideologías revolucionarias. Las revoluciones no transforman, primero destruyen
todo y luego no tienen recursos ni gente preparada para reconstruir.
Por
tanto, para poder solucionar el problema de que el país y todas sus áreas de
funcionamiento puedan operar con una normalización clara y dentro de legalidad
y no con un sistema operativo y de gobernabilidad híbrido e incompatible entre
dos ideologías y dos modos de operar que se repelen, pues uno se enmarca en la
ley y el otro en la legalidad, antes de hacer ninguna otra cosa. La misión de
quienes operan esa institucionalidad es ponerse de acuerdo en que hay que meter
a la cárcel a todos los ilegales así sean grandes delincuentes o roba gallinas,
y en que los partidos garanticen por el mismo racero de la legalidad que
quienes nos representen y nos gobiernen sean los profesionales más calificados
y con más conocimientos y realizaciones con que cuente el país.
Si
seguimos en un modelo de gobernanza conjunta entre la legalidad y la ilegalidad
en cabeza de quienes nos gobiernan y administran, quienes legislan y quienes
tienen la obligación de impartir justicia, y si seguimos llamando igualdad a la
equidad, libertad al libertinaje, democracia a la anarquía y a la autocracia,
conflicto armado a todos los ataques de los alzados en armas contra la sociedad
y a la defensa de la constitución y la ciudadanía por medio de las fuerzas
armadas equiparadas a los delincuentes, si seguimos acusando inocentes e
indultando impunemente criminales de lesa humanidad, y si nos negamos a la
transformación cultural para convertirnos en una sociedad civilizada en la era
del conocimiento, entonces, el crecimiento y el desarrollo socioeconómico no
son viables y el rumbo de la nación solo apunta al atraso, al empobrecimiento,
al caos y a la destrucción de la institucionalidad, y por tanto seguiremos
jugando gallina ciega y creciendo pero para abajo, como la cola de las vacas.
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