martes, 30 de junio de 2026

Madrid y Alicante

José Leonardo Rincón, S. J.
José Leonardo Rincón, S. J.

La última etapa de esta vuelta a España en Renfe fue el circuito Madrid - Alicante - Madrid. Parece que los de Renfe han quedado exhaustos porque declararon huelga para la media noche después de mi último tramo.

En Madrid he estado de nuevo dos días y aunque ya conocía algunos de sus emblemáticos sitios, fue bueno caminar por la Gran Vía, llamada así por ser la primera calle importante construida en su momento. Allí está “camuflada” la iglesia-parroquia de San José donde pude enterarme de que Simón Bolívar contrajo matrimonio con María Teresa del Toro, aristócrata madrileña que murió meses después. Fui hasta Cibeles y también visité otras iglesias muy bellas en el entorno.

Ya intuía yo un broche de oro en este periplo de vuelta por tierras valencianas. Con Álvaro, en Madrid, e Iván, un amigo común, en Alicante, desde donde ahora les escribo, pude disfrutar de estos últimos días de descanso ibérico. Esta costa mediterránea es preciosa en cualquiera de sus sitios. Aquí pude disfrutar dos: Campello como base y la famosa Benidorm. Esta última, atractivo turístico internacional, especialmente para personas adultas mayores y porque aquí, hace 70 años, por estos días de julio, Laureano Gómez y Alberto Lleras firmaron el famoso pacto de Benidorm que dio luz verde al famoso Frente Nacional que permitió alternar el poder durante 16 años entre conservadores y liberales, y pacificar un poco nuestra atribulada nación.

Subir a pie los tres kilómetros para acceder al faro en El Albir que domina la sierra Gelada y desde allí contemplar Altea, fue un buen ejercicio físico. He tenido la vana ilusión de bajar de peso con estas jornadas a altas temperaturas, pero el horno como que me infla más como si tuviese levadura. ¿Sugiere alguno de ustedes una dieta?

De regreso a Campello fuimos a comer (almorzar) en Benidorm. ¡Por Dios, qué lugar tan hermoso, qué vista sobre el mediterráneo, qué paisajes, qué esculturas de ayer y de hoy!, jejeje. Dado que es recomendada para adultos mayores y yo ya estoy rozando la edad de “la raya” de 65 que trazara un jesuita amigo, creo que podría recluirme aquí por prescripción médica. ¿No les parece? De vuelta, antes de regresar a Madrid para tomar el vuelo a casa, hemos probado algunas (son cientos) de esas delicias llamadas tapas que, combinadas con un vino de verano helado, ¡uf!

No los canso más con estas narraciones. Por ahí tengo buenas fotos de los lugares visitados y de las personas que me acogieron. Ese material serviría para un documental con el guión ya enviado a ustedes. Puedo promocionarlo para acopiar nuevos recursos para otro periplo. España tiene mucho por conocer, después les cuento sobre lo que ha fortalecido mi fascinación por esta madre patria que hoy acoge a un millón de colombianos. ¡Hasta pronto!