José Leonardo Rincón, S. J.
La
última etapa de esta vuelta a España en Renfe fue el circuito Madrid - Alicante -
Madrid. Parece que los de Renfe han quedado exhaustos porque declararon huelga para
la media noche después de mi último tramo.
En
Madrid he estado de nuevo dos días y aunque ya conocía algunos de sus
emblemáticos sitios, fue bueno caminar por la Gran Vía, llamada así por ser la
primera calle importante construida en su momento. Allí está “camuflada” la
iglesia-parroquia de San José donde pude enterarme de que Simón Bolívar
contrajo matrimonio con María Teresa del Toro, aristócrata madrileña que murió
meses después. Fui hasta Cibeles y también visité otras iglesias muy bellas en
el entorno.
Ya
intuía yo un broche de oro en este periplo de vuelta por tierras valencianas.
Con Álvaro, en Madrid, e Iván, un amigo común, en Alicante, desde donde ahora
les escribo, pude disfrutar de estos últimos días de descanso ibérico. Esta
costa mediterránea es preciosa en cualquiera de sus sitios. Aquí pude disfrutar
dos: Campello como base y la famosa Benidorm. Esta última, atractivo turístico
internacional, especialmente para personas adultas mayores y porque aquí, hace 70
años, por estos días de julio, Laureano Gómez y Alberto Lleras firmaron el
famoso pacto de Benidorm que dio luz verde al famoso Frente Nacional que
permitió alternar el poder durante 16 años entre conservadores y liberales, y
pacificar un poco nuestra atribulada nación.
Subir
a pie los tres kilómetros para acceder al faro en El Albir que domina la sierra
Gelada y desde allí contemplar Altea, fue un buen ejercicio físico. He tenido
la vana ilusión de bajar de peso con estas jornadas a altas temperaturas, pero
el horno como que me infla más como si tuviese levadura. ¿Sugiere alguno de
ustedes una dieta?
De
regreso a Campello fuimos a comer (almorzar) en Benidorm. ¡Por Dios, qué lugar
tan hermoso, qué vista sobre el mediterráneo, qué paisajes, qué esculturas de
ayer y de hoy!, jejeje. Dado que es recomendada para adultos mayores y yo ya
estoy rozando la edad de “la raya” de 65 que trazara un jesuita amigo, creo que
podría recluirme aquí por prescripción médica. ¿No les parece? De vuelta, antes
de regresar a Madrid para tomar el vuelo a casa, hemos probado algunas (son
cientos) de esas delicias llamadas tapas que, combinadas con un vino de verano
helado, ¡uf!
No
los canso más con estas narraciones. Por ahí tengo buenas fotos de los lugares
visitados y de las personas que me acogieron. Ese material serviría para un
documental con el guión ya enviado a ustedes. Puedo promocionarlo para acopiar
nuevos recursos para otro periplo. España tiene mucho por conocer, después les
cuento sobre lo que ha fortalecido mi fascinación por esta madre patria que hoy
acoge a un millón de colombianos. ¡Hasta pronto!
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