Fredy Angarita
Sábado 23 de mayo, 11:40 de la noche. Estoy en
la esquina de la estación Suramericana del Metro de Medellín. Había algo de
bochorno y humedad, la ciudad parecía sudar incluso bajo la lluvia.
Se me arrima un señor de avanzada edad. Lleva
una bolsa de D1 que utiliza como bolso y de pronto comienza a sonar una de las
melodías que más me gustan del tango. Cerré los ojos unos segundos para
asegurarme de que sí era la canción.
Desde una flauta, de las más económicas, de
esas que venden en almacenes de cachivaches, salían las notas como si fueran
tocadas por el mejor bandoneón.
Por un momento me sentí como Anton Ego. Tal vez
se pregunten quién es. Es el crítico de cocina de la película Ratatouille: un
hombre frío, arrogante, empeñado en destruir el restaurante Gusteau con sus
críticas. Pero todo cambia cuando prueba el ratatouille de Remy. Un simple
plato le devuelve la infancia, la memoria y algo que creía perdido.
Eso mismo sentí.
Me acerqué y le pregunté:
—¿Qué canción es la que toca?
Sin dejar de mirar el semáforo me respondió:
—“Lejos de ti”.
No hablamos más. Solo le di una moneda. Él me
dijo:
—Mi Dios le pague.
Y siguió esperando bajo la lluvia hasta que el
semáforo cambiara otra vez a rojo.
Alguna vez escuché que la música es el mejor
diario que existe, porque tiene la capacidad de transportarlo a uno a momentos
que creía olvidados. Y eso me pasó esa noche. Mientras aquel viejo tocaba tango
en una esquina mojada de Medellín, recordé a mi padre dedicándole esa canción a
mi madre, la única vez que tuvieron que separarse por motivos de salud.
Es extraño cómo funciona la memoria. A veces
basta una melodía, una flauta barata y un desconocido bajo la lluvia para abrir
puertas que uno creía cerradas.
La canción es una declaración de amor. Por si
no lo sabían, la escribió Julio Erazo Cuevas. Después de escucharla y ver
aquella escena, fue inevitable pensar en el amor y en sus males. Porque hay
amores que se parecen al tango: hermosos, intensos y siempre con algo de
despedida.
Además, el músico no pudo escoger mejor canción
para esa noche, porque su letra comienza así:
“Hoy
que la lluvia entristeciendo está la noche,
que las nubes en derroche tristemente veo
pasar…”
Y mientras el semáforo volvía a ponerse en
rojo, entendí que algunas canciones no se escuchan: se recuerdan.
Gracias, padre. Feliz cumpleaños.
