jueves, 28 de mayo de 2026

Lejos de ti

Fredy Angarita
Fredy Angarita

Sábado 23 de mayo, 11:40 de la noche. Estoy en la esquina de la estación Suramericana del Metro de Medellín. Había algo de bochorno y humedad, la ciudad parecía sudar incluso bajo la lluvia.

Se me arrima un señor de avanzada edad. Lleva una bolsa de D1 que utiliza como bolso y de pronto comienza a sonar una de las melodías que más me gustan del tango. Cerré los ojos unos segundos para asegurarme de que sí era la canción.

Desde una flauta, de las más económicas, de esas que venden en almacenes de cachivaches, salían las notas como si fueran tocadas por el mejor bandoneón.

Por un momento me sentí como Anton Ego. Tal vez se pregunten quién es. Es el crítico de cocina de la película Ratatouille: un hombre frío, arrogante, empeñado en destruir el restaurante Gusteau con sus críticas. Pero todo cambia cuando prueba el ratatouille de Remy. Un simple plato le devuelve la infancia, la memoria y algo que creía perdido.

Eso mismo sentí.

Me acerqué y le pregunté:

—¿Qué canción es la que toca?

Sin dejar de mirar el semáforo me respondió:

—“Lejos de ti”.

No hablamos más. Solo le di una moneda. Él me dijo:

—Mi Dios le pague.

Y siguió esperando bajo la lluvia hasta que el semáforo cambiara otra vez a rojo.

Alguna vez escuché que la música es el mejor diario que existe, porque tiene la capacidad de transportarlo a uno a momentos que creía olvidados. Y eso me pasó esa noche. Mientras aquel viejo tocaba tango en una esquina mojada de Medellín, recordé a mi padre dedicándole esa canción a mi madre, la única vez que tuvieron que separarse por motivos de salud.

Es extraño cómo funciona la memoria. A veces basta una melodía, una flauta barata y un desconocido bajo la lluvia para abrir puertas que uno creía cerradas.

La canción es una declaración de amor. Por si no lo sabían, la escribió Julio Erazo Cuevas. Después de escucharla y ver aquella escena, fue inevitable pensar en el amor y en sus males. Porque hay amores que se parecen al tango: hermosos, intensos y siempre con algo de despedida.

Además, el músico no pudo escoger mejor canción para esa noche, porque su letra comienza así:

“Hoy que la lluvia entristeciendo está la noche,

que las nubes en derroche tristemente veo pasar…”

Y mientras el semáforo volvía a ponerse en rojo, entendí que algunas canciones no se escuchan: se recuerdan.

Gracias, padre. Feliz cumpleaños.