Luis Alfonso García Carmona
No es pura coincidencia el recrudecimiento
del terrorismo y la expansión de los cultivos ilícitos durante el
régimen petrista. Si en el pasado los ilegales se aprovecharon de la
tibieza y de la tolerancia de la vieja clase política, en el presente cuatrienio
recibieron el impulso oficial para aumentar sus efectivos, tomar
posesión de nuevos territorios y explotar, sin obstáculo alguno, los sucios
negocios del narcotráfico, la extorsión y la minería ilegal.
Han gozado de absoluta impunidad pues,
con la excusa de que han estado negociando la “paz total” con el Gobierno,
se les ha protegido con un salvoconducto como “gestores de paz”, con el
cual siguen delinquiendo a sus anchas. El cese al fuego sólo rige para la
fuerza pública, mientras la guerrilla y los carteles de la droga se mueven por
toda la geografía de la patria, dejando a su paso una estela de terror, dolor e
impotencia ante el crimen organizado desde las altas esferas.
¿Cuál ha sido la respuesta de los candidatos
ante este dantesco panorama?
De Cepeda, el heredero del régimen y
amigo comprobado de las FARC, no es posible esperar ninguna propuesta
para combatir a los violentos. Por consiguiente, se ha limitado a declarar que
se dedicará a profundizar en los programas de gobierno de su antecesor, es
decir, la protección a la narcoguerrilla, y que gobernará según su personal
orientación política, en otras palabras, el comunismo. Equivaldría a la
prolongación del infierno que estamos viviendo, corregido y aumentado.
En la candidatura de Paloma Valencia encontramos
una mescolanza de opiniones que impedirían cualquier acción efectiva contra la
delincuencia organizada. Se alió de manera desafortunada con militantes de
todos los partidos que nos han conducido al estado de crisis de seguridad que
estamos afrontando: Santistas de viejo cuño partidarios del acuerdo con
las FARC, izquierdistas, excolaboradores del régimen petrista, y
un candidato a la vicepresidencia que propone derrotar a los facinerosos a
punta de “periodicazos”, continuar los inútiles diálogos de paz y
refinanciar el sesgado tribunal de la JEP.
¿Cómo, entonces, podemos hablar del cese
inmediato del narcoterrorismo?
Necesitamos entender el patriotismo del
pueblo colombiano, el mismo que en los momentos de angustia y desesperación
ha sabido señalar a sus dirigentes la acción a seguir. Así pasó cuando rechazó
por mayoría el acuerdo de La Habana, aunque Santos y sus compinches se
hubieran robado los resultados del plebiscito de 2016.Careciendo de poder y de
maquinaria oficial, se han manifestado las gentes buenas de Colombia en forma
espontánea en las calles para rechazar al binomio FARC-Santos, para
gritar “Fuera, Petro” y ahora, en una movilización popular sin parangón
en la historia, para respaldar la candidatura de Abelardo de la Espriella a
la Presidencia y de José Manuel Restrepo a la Vicepresidencia.
Con el paso inicial que ese pueblo, consciente
del momento histórico que atravesamos, dará votando masivamente por la dupla ganadora
De la Espriella-Restrepo, el próximo 31 de mayo, comenzará por fin el
proceso para lograr el cese de las actividades criminales de los narcos, los
terroristas, y demás grupos por fuera de la ley.
* El presidente De la Espriella se
propone gobernar una semana desde cada departamento y ordenará a las fuerzas
militares y de policía la inmediata captura de los capos que operan en
la zona. Quien oponga resistencia física a la captura será dado de baja. Los
demás se enviarán a cárceles de seguridad en lugares apartados que se
construirán para evitar que sigan delinquiendo.
* Todos los campamentos de grupos
guerrilleros y laboratorios serán bombardeados. Se recuperará el control
territorial.
* Se autorizará a todo el personal de las
Fuerzas Amadas y de Policía para responder a quienes traten de agredirlos
físicamente, capturarlos o despojarlos de sus armas de dotación mientras se
encuentren en servicio.
* Todas las plantaciones de alucinógenos
serán destruidas mediante aspersión aérea, con naves o drones, erradicación
manual o con maquinaria. El Gobierno organizará la sustitución de la coca por
otros cultivos y creará fuentes de empleo para la población.
* Se dará orden de derribar cualquier
aeronave que transporte alucinógenos y hundir embarcaciones por la
misma razón
* Se hará un inventario de órdenes de
extradición sin cumplimiento para proceder a su captura y trámite de la
expatriación.
* Se anularán todas las órdenes de
suspensión de capturas expedidas para supuestos gestores de paz por el Gobierno
actual y se ordenará la inmediata captura de los implicados.
* Se procederá a la expropiación exprés de
los bienes de los narcotraficantes y de los inmuebles dedicados a cultivo,
procesamiento, almacenaje o distribución de alucinógenos en todo el territorio
nacional
* Se implementará un programa de seguridad
en todos los barrios, con un bloque de búsqueda para eliminar la
extorsión, una primera línea compuesta por veteranos de la fuerza pública y
una red de vecinos informantes. Se desterrará al microtráfico de las
zonas comunes
Para cumplir con tan ambicioso plan, fortaleceremos
moral y físicamente a nuestra fuerza pública, solicitaremos financiación
y asesoría a Estados Unidos y al Estado de Israel, y nos integraremos al Escudo
de las Américas contra el narcoterrorismo.
Solamente falta dar el paso inicial: elegir
al “tigre” en la primera vuelta, para que nos pongamos a trabajar todos los
colombianos en contra de esta terrible amenaza. Ayúdanos a llevar más personas
a las mesas de votación. Ya la patria se puso en marcha contra este flagelo y
lo vamos a desterrar de Colombia entre todos. Estamos firmes con la patria
¿Y, tú?
