José Alvear Sanín
El país, enfrascado en discusiones mas o menos pertinentes,
avanza hacia unas elecciones que pueden no ser libres en amplias zonas del
país, y que en toda la geografía nacional pueden estar contaminadas por las
diferentes modalidades de la compra de votos, sin que los jefes políticos
exijan medidas que garanticen la libertad de los votantes y el escrutinio confiable.
Un analista tan agudo como Jorge Enrique Vélez contabiliza
las numerosas regiones donde las milicias (de las Farc, ELN, disidencias,
mafias, mingas, etc.) solo dejan votar a los del Pacto Histórico. ¡¡¡Al
parecer, en marzo 8, apenas en 130 municipios se presentó ese
fenómeno!!! Y aunque ese es un factor de especial gravedad, hasta ahora nadie
en el sector político exige a la Registraduría que publique la lista de
municipios en los que se registró un número inverosímil de sufragios por el
Pacto Histórico y los totalice, para anularlos por ser producto de la coacción.
Cuando se oye decir que los partidarios de Cepeda hablan de
su triunfo en primera vuelta, respondemos que es imposible que alguien sin
carisma, sin preparación diferente al más intransigente dogmatismo marxista,
carente de simpatía y de atractivo, incapaz de hablar, improvisar o replicar, y
evasivo ante cualquier debate, pueda ser elegido. En unas elecciones libres, Cepeda es el peor
candidato imaginable. A lo único que podría aspirar sería a repetir la votación
del Pacto Histórico, hacia el 24% del total.
En condiciones normales, nadie podría temer el triunfo de
ese aterrador individuo, pero aunque las mayorías nacionales están
atemorizadas, los partidos, ni se pronuncias ni se unen, esperando el día en
que puedan decir: ¿Quiénes vamos ganando?, para adherir a quien sea.
En un mundo racional se podría esperar, entonces, que la
Presidencia se la disputen Abelardo de la Espriella con un vicepresidente de
excepcional capacidad, y la dupla cojitranca de Paloma y su woke. Pero
la incógnita de Cepeda-Quilcué sigue oscureciendo el horizonte.
¿Por qué seguimos temiendo al candidato castro-estalinista?
Por dos motivos: 1) Plomo, porque la milicianización de los
comicios puede pasar de 130 a 200, 300, o mas centenares de municipios, y 2)
Plata, porque los 30 billones de pesos de contratación abusiva, irregular,
ilegal y hasta delictual, suscrita por el actual gobierno en enero con el
propósito inocultable de ganar las elecciones con su siniestro candidato, está
llamada a producir resultados.
El efecto de esos 30 billones casi no se vio en marzo, pero
en mayo y junio será inocultable, y en esos dos meses, la actuación de todas
las guerrillas al servicio del narcoestado también se habrá incrementado
grandemente.
En las democracias, aunque imperfectas, el sistema
electoral es confiable, mientras bajo los regímenes comunistas las elecciones
se convierten en una farsa con resultado programado.
Petro, sin la menor duda, está preparando montar a Cepeda,
a menos que prefiera “aplazar” los comicios, hasta que, con una nueva
“Constitución popular”, el país supere el actual desgobierno y la violencia
generalizada, alcanzando “la paz total” bajo la benévola dictadura del
proletariado.
La amenaza es tan real como terrible, pero el país político sigue bailando, como si no estuviéramos en el momento definitivo entre la libertad y el comunismo.
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