viernes, 20 de marzo de 2026

Por la Hispaniola

José Leonardo Rincón, S. J.

José Leonardo Rincón, S.J.

A ustedes les gusta que yo les cuente de mis viajes y a mí me gusta también hacerlo. Lo que no saben todos, y por eso se los cuento, es que esos desplazamientos casi en un 100% no tienen nada de paseo, siempre son de trabajo. En estas reuniones a las que asisto siempre se saca un tiempo para pasear un poco pero como suele ser al final de las mismas, yo que soy un “workaholic”, pronto me pongo de regreso y no participo en esas excursiones.

Con todo, me gusta enterarme de su contexto, de su historia, de los hechos relevantes que son interesantes.  En nuestro capítulo de hoy La Hispaniola no es otra cosa que la gran isla donde Colón pisó por primera vez estas tierras de Indias en 1492 y que desde 1697 se partió en dos entre Francia que se quedó con Haití y España con lo que es hoy República Dominicana.  Esto, per-se, la hace encantadora.  De hecho, el arzobispo de Santo Domingo, por ejemplo, tiene la prebenda de ser el primado de América.   

Esta es la tierra del famoso dictador Rafael Leonidas Trujillo que se mantuvo en el poder durante 31 años hasta cuando los mismos que lo rodeaban se hartaron de sus abusos y decidieron emboscarlo y matarlo.  “Aquí los varones dominicanos no somos cobardes como los venezolanos o los cubanos que se han dejado dominar por sus dictadores, aquí dejamos una lección a los dictadores que nunca más volverán a atropellarnos”.

Pero esta es también la tierra del merengue y de la bachata y de cuanto género musical alegre el espíritu de sus habitantes, entre ellos Juan Luis Guerra, el mismísimo a quien se le subió la bilurribina, el de frio-frio, el que pedía que ojalá lloviera café en el campo, el de las burbujas de amor en la pecera… ¿cómo olvidar esos éxitos musicales?

Aquí los jesuitas llegamos (¿o volvimos?) en la primera mitad del siglo XX. Junto con Cuba y Miami conformaron la provincia de las Antillas. Hace poco se amplió a Jamaica y Guyana y se llama la provincia Caribe, bien diversa en culturas y lenguas, haciendo presencia en parroquias, colegios, centros de formación universitaria y técnica y dejando una huella que todo el mundo reconoce, como los helados Manresa, emprendimiento jesuítico que merece párrafo aparte.

Hubo un hermano jesuita que le dio por fabricar helados y venderlos. Se ve que los hacía tan buenos que la gente venía en romería a comprarlos a nuestra casa de Ejercicios Manresa. Y cobraron tanta fama que resultó ser un negocio rentable que daba para sostener la formación de los jesuitas, solo que el gobierno general no lo vio así y ordenó que no se siguiera con el asunto, lo que generó tristeza y decepción generalizadas.  De esto ya hace mas de 30 años.  Y como serán de conocidos que cuando pase por los controles de inmigración en el aeropuerto, me dice la oficial de servicio: ¿hospedaje en Santo Domingo?  Kilómetro 13 de la avenida Independencia, Manresa-Loyola.   Ahhh??¿Va para donde los helados Manresa?  Si, señora, contesté.   Bienvenido a República Dominicana!  Y de solo pensar en esos helados, se me subió la bilirrubina, así que dejemos por ahora aquí.