Luis Alfonso García Carmona
Me ha estremecido
la admisión colectiva y sin ninguna duda de los miembros del Secretariado de
las FARC de la responsabilidad de su banda criminal en la comisión de 18.000
casos de reclutamiento forzado de menores, muchos de los cuales fueron
sometidos a violaciones, abortos forzados y vejámenes físicos y psicológicos que
han afectado sus vidas.
Durante
10 años los cabecillas de esa narcoguerrilla, desalmada y violenta, se han
empeñado en negar las denuncias e informaciones
sobre sus infames secuestros de menores de edad para convertirlos en máquinas
de guerra, utilizarlos como escudos contra los bombardeos y como esclavos
sexuales de sus jefes.
Hasta ahora sus
aliados y defensores, comenzando por Iván Cepeda, su candidato a la
Presidencia, han negado toda participación de las FARC en los crímenes de
lesa humanidad que acaban de confesar sus autores,
De la misma manera,
la JEP, ese remedo de tribunal creado por el farcsantismo para
garantizar a las FARC su impunidad, ha cumplido su cometido con la mayor
eficiencia. Sistemáticamente se negaron
a escuchar las voces de las víctimas supervivientes o a prestarles la debida
protección.
No
cumplieron los victimarios con las únicas obligaciones que en el claudicante
acuerdo les impusieron: Confesar sus delitos,
reparar a las víctimas y comprometerse a la no repetición de sus criminales
actuaciones. No hubo reparación con la peregrina excusa de que carecían de
fondos; desde la firma del acuerdo hasta nuestros días no se ha interrumpido la
práctica del reclutamiento forzado de menores. El cuento de que la firma del
espurio acuerdo era para poner en primer plano el resarcimiento a las víctimas
fue un puro cuento del “Tartufo” Santos. No se conformó con ello, sino que,
además, premió a los victimarios con curules gratuitas en el Congreso desde
donde vienen aprobando las leyes de la República y posando de Padres de la
Patria. Mientras tanto, las sobrevivientes a esta horrorosa humillación son
acosadas por sus enemigos, ignoradas por la JEP y por el gobierno.
Me sorprende que la
sociedad en general haya callado ante semejante injusticia. No conozco las
voces de protesta de los dirigentes políticos, los candidatos a la Presidencia,
los medios de comunicación (con las honrosas excepciones de La Hora de la
Verdad y de Vélez por la mañana).
No deja de conmoverme
la impasibilidad de los facinerosos de las FARC en su discurso de
aceptación de culpa. Pareciera que estuvieran confesando el hurto de una
bolsita de azúcar en la cafetería, Nada de emociones frente a los terribles
daños causados. Tampoco la más mínima preocupación de cómo resarcir a los
sobrevivientes o cómo pagar los beneficios gratuitos recibidos de los
últimos 3 gobiernos, colaborando para que no se repita en el futuro este
execrable crimen.
Nada de eso, Sólo
un tenebroso reflejo de sus oscuras personalidades y de su vil
existencia dedicada al terrorismo y la violencia,
Es el momento de reaccionar, estimados compatriotas. No podremos cambiar esta podredumbre moral hasta que no tengamos al frente del gobierno a un líder con voluntad para hacerlo, respaldo electoral suficiente y fervor por esta noble causa. Lo tenemos a la mano y muchos, obnubilados por intereses personalistas o por caprichosos gustos, pretendemos desconocerlo. Unámonos generosamente con Abelado de la Espriella para la Presidencia y con Salvación Nacional para el Congreso. No nos distraigamos con las consultas armadas para reunir grupitos de aspirantes sin fuerza electoral, pero con desmedidas aspiraciones que sólo generan confusión y favorecen a las izquierdas al acecho para repetir período y acabar el proceso de destrucción iniciado por el Camarada Petro.
