Rafael Uribe Uribe
El cambio
climático ha convertido las inundaciones en una constante. Año tras año se
repiten los daños: hectáreas de cultivos perdidos y familias campesinas que ven
cómo el esfuerzo de meses desaparece en horas. Pero seguimos sin tomar medidas
preventivas para evitarlo, jarillones y drenajes adecuados, por ejemplo. La
paralización del proyecto del Canal del Dique es otro ejemplo.
¿Qué
tecnologías actuales pueden garantizar la producción de alimentos cuando la
tierra se inunda? La respuesta viene del uso de sistemas que no requieren
tierra. Los cultivos hidropónicos -Hidropónicos AVE en Medellín es un ejemplo-
aeropónicos y acuapónicos se han posicionado como aliados fundamentales en
regiones propensas a inundaciones en otros países. Estas tecnologías, no son
ciencia ficción, son estructuras verticales, flotantes o modulares que pueden
instalarse en bodegas, escuelas, centros comunitarios o plataformas móviles.
Permiten cultivar hortalizas en ciclos cortos, ocupando poco espacio y utilizan
cantidades mínimas de agua. Cuando el barro permanece por meses, estas
soluciones marcan la diferencia entre tener alimentos o depender de asistencia
externa. Debe incrementarse la producción en zonas no inundables usando la
tecnología, en el Cauca una agrónoma indígena lo ha logrado abandonando la
errada teoría “ancestral”.
La agricultura
de precisión ha evolucionado en grande. El uso de drones y sensores facilita el
mapeo en tiempo real de las áreas afectadas por el agua, identifica zonas
recuperables y ayuda a decidir dónde ubicar cultivos temporales. No se trata
solo de monitorear desde el aire sino en la toma de decisiones fundamentadas en
medio de la adversidad, importante cuando es crucial diariamente conocer el
estado de los daños y su evolución.
La
biotecnología aporta otra línea de defensa. Existen semillas seleccionadas y
transgénicas para tolerar el exceso de agua que están siendo probadas en
distintos países. No son una solución total, pero sí herramientas estratégicas
donde la humedad extrema se presenta.
Cuando la
producción vegetal se reduce drásticamente, cobran relevancia nuevas fuentes de
proteína. Las microalgas ofrecen alternativas nutritivas que pueden producirse
en espacios controlados y reducidos o, una más difícil de entender, los
insectos consumibles tan populares en Asia. Obviamente no pretenden sustituir
la agricultura, solo permitir una oferta alimentaria en momentos críticos.
La experiencia
reciente demuestra que enfrentar las inundaciones con herramientas antiguas ya
no es viable. La tecnología no reemplaza al campesino, le proporciona
alternativas cuando la naturaleza impone sus condiciones. Debería ser una tarea
prioritaria de la Agencia de Tierras y el Banco Agrario ya que la Unidad de
Gestión de Riesgos descansa en paz, la enterró la corrupción.
El Rincón de Dios
“Comienza por hacer
lo necesario, luego lo posible y de repente estarás haciendo lo imposible.” San Fráncico de Asís
