jueves, 26 de febrero de 2026

Cuando el pensamiento necesita apellido

Fredy Angarita
Fredy Angarita

Leo constantemente un sitio web, creado en España en el 1997, especializado en video juegos, cine, cómic, series y cultura geek[1]. Además, tiene una sesión donde habla de libros. Esta pequeña introducción es para contarles que una de sus publicaciones me dio pie para escribir.

A Oscar Wilde se le atribuye la frase: “Sé tú mismo, todos los demás ya están ocupados”. La célebre frase motivacional se ha viralizado durante años, pero ninguna obra del autor respalda su autenticidad.[2]

Como la mayoría sabe, las redes sociales generan inmediatez. Por la poca validación que se hace de lo que leemos, las frases viajan ligeras, sin libro, sin contexto, se vuelven consignas, imágenes con fondo degradado, estados de WhatsApp o biografías de Instagram.

Encontré que existe un grupo muy amplio dedicado a recopilarlas y difundirlas. Cuando una frase impacta, se coloca bajo el nombre de alguien prestigioso para darle peso moral o intelectual: filósofos, escritores, políticos:

  • ¿Es un consumismo donde el pensamiento necesita apellido para ser creído?
  • ¿La cultura contemporánea necesita autoridad simbólica?
  • ¿Si no lo dijo Friedrich Nietzsche, entonces no arde?
  • ¿Si no lo afirmó Albert Einstein, entonces no parece inteligente?
  • ¿Si no lo susurró Gabriel García Márquez, entonces no parece poético?

Encontré muchas que quiero compartir:

Atribuidas a Albert

  • “Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo.”  Einstein
  • Locura es hacer lo mismo una y otra vez esperando resultados diferentes.
  • “La definición de estupidez es hacer la misma cosa una y otra vez esperando obtener diferentes resultados.”

Atribuida a Mahatma Gandhi

  • “Sé el cambio que quieres ver en el mundo.”

Atribuida a Voltaire

  • “No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a decirlo.”

 Atribuida a Nicolás Maquiavelo

  • “El fin justifica los medios.”

 Atribuida a Winston Churchill

  • “La historia la escriben los vencedores.”

 Atribuida a Winston Churchill

  • “La democracia es el menos malo de los sistemas.”

 Atribuida a Sigmund Freud

  • “El hombre es dueño de lo que calla y esclavo de lo que habla.”

 Atribuida a la Madre Teresa de Calcuta

  • “Quien no vive para servir, no sirve para vivir.”

Estas frases tienen algo en común: no aparecen en sus obras, no están documentadas en sus escritos, libros ni en ensayos conocidos. Son coherentes con su pensamiento, pero no verificadas.

Pero lo más grave no es la atribución falsa, lo más grave es la renuncia al contexto. Una frase sin contexto es un fósil, conserva la forma, pero perdió la vida.

Cuando alguien cita “la religión es el opio del pueblo” sin haber leído a Karl Marx, no está dialogando con su crítica histórica; está usando una piedra simbólica. Cuando alguien repite una consigna atribuida a George Orwell sin haber atravesado 1984, no está entendiendo la vigilancia; está decorando su postura. La viralización convierte el pensamiento en mercancía breve, lo reduce a impacto.

En el fondo, esas frases apócrifas son espejos de nuestra época: una cultura que ama el brillo rápido y desconfía del proceso lento. Pensar toma tiempo, viralizar toma segundos.