viernes, 27 de febrero de 2026

Continuismo o viabilidad del Estado

Luis Alfonso García Carmona
Luis Alfonso García Carmona

Francamente no alcanzamos a entender cómo a estas alturas existan colombianos que piensen en votar por el continuismo del régimen actual o que, por lo menos, lo estén facilitando a través de la estigmatización del único aspirante a la Presidencia con la fuerza necesaria para derrotar esta destructiva tendencia que nos tiene al borde del colapso, el “tigre” Abelardo de la Espriella.

No voy a reiterar lo que todos los colombianos conocemos: El país se está desmoronando en todos los frentes, mientras algunos siguen jugando alegremente a ser candidatos, a sabiendas de que ni los votos ni el tiempo les van a alcanzar para materializar sus fantasías.

Lo que más nos preocupa es que, por nuestra imprevisión, condenemos a nuestro país a seguir subyugado por la tiranía comunista que ha deteriorado moral y materialmente a nuestra sociedad y pretende atornillarse en el poder por las próximas décadas.

Veamos, a título de ejemplo, lo que ha sucedido con las inundaciones que han dejado en la más absoluta pobreza a miles de familias. ¿Cuál fue la respuesta de este régimen de los camaradas? Culpar del desastre a todo el mundo menos a su imprevisión. Que fueron los oligarcas, los dueños de Hidroituango, etcétera; a los alcaldes de los municipios de Córdoba que pidieron ser oídos, no los atendió y los dejó sentados en el suelo esperándolo; en cambio, aprovechó la excusa de la catástrofe para solicitar una nueva emergencia económica para atender a los damnificados. Se le olvidó que sus propios ministros se robaron los fondos de la Unidad de Riesgos para comprar la conciencia de varios congresistas; que se ha gastado dos veces más de lo que cuesta la atención del desastre en la vinculación de nóminas paralelas para hacer política en favor de Iván Cepeda, su heredero; tampoco cuenta qué ha hecho con los costosos incrementos de la deuda pública cuya destinación es un misterio. En una palabra, es mayor el desastre económico que está causando que el daño que dejó la turbulencia de las aguas.

Sin tocar para nada el resto de las estupideces que a diario comete esta régimen de la corrupción y de la mentira, el pésimo manejo del desastre natural es suficiente para ser pesimista sobre la viabilidad del Estado bajo el candidato que promete continuar las políticas del actual.

Repasando la historia nos encontramos que los sumerios, hace la bicoca de 6000 años, se asentaron a la orilla de los caudalosos ríos Tigris y Eufrates, en Mesopotamia.  Allí fundaron las primeras ciudades de las que se tiene noticia, entre ellas, Uruk y Ur. Para subsistir aprendieron a cultivar la tierra y trabajaron arduamente para aprovechar lo único que abundaba, el agua, construyendo sistemas de riego que les permitieron controlar los caudales e irrigar vastas extensiones de tierra para la producción agrícola.

No hace falta ser ingeniero para intuir que a lo largo de estos 6000 años algo ha avanzado la ciencia, la tecnología, las matemáticas, la ingeniería hidráulica, el manejo climático, que nos permita prevenir o, al menos, morigerar los efectos de las crecidas de los ríos, canalizar la fuerza de las aguas, dominarlas para que, en lugar de causar daños, se conviertan en el motor de un gran polo de desarrollo agropecuario en todo el Caribe colombiano.

Puede decirse que es un sueño. Tenemos derecho a soñar en un futuro de bienestar, de manejo transparente del Estado y de alcanzar un nivel de desarrollo acorde con nuestra privilegiada ubicación y la abundancia de nuestros recursos naturales.

Todo ello es posible. Pero debemos empezar por tomar racionales decisiones al votar para Congreso y presidente. Ni un solo voto por los corruptos y mediocres que nos metieron en este pozo de horror. Miremos con esperanza al futuro con quienes tienen el coraje, el valor y la decisión de cambiar el torcido rumbo que emprendimos hace 10 años con el robo del plebiscito y la validación del espurio Acuerdo de La Habana. ¡Firmes con la Patria!