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miércoles, 19 de marzo de 2025

¡Juguemos en el bosque mientras que Petro está...!

 José Alvear Sanín

 —¡Juguemos en el bosque mientras que Petro está...! Petro, ¿está...?

—¡No, estoy tomando mi café de leche...!

—¡Juguemos en el bosque mientras que Petro está...! Petro, ¿está...?

—¡No, estoy preparando mi reelección “en cuerpo ajeno”!

Con estas tranquilizantes declaraciones del lobo feroz, los cerditos de los directorios políticos siguen entretenidos, jugando en el bosque..., mientras avanza otra operación de blanqueo de Petro, al que yo no hay que temer, porque él dice que no se va a reelegir..., porque sí habrá elecciones..., porque el Pacto Histórico las va a perder, en vista de que ninguno de sus “precandidatos” tiene votos...

Y así sucesivamente, un país adormecido se ocupa de temas baladíes como el de la “consulta popular” en octubre, o como el de cuál, entre personajes de pacotilla, como Bolívar, Pinturita, Angélica, María José o Alexánder, será “el candidato de la izquierda unida”, para disputar la Presidencia al ignoto personaje que finalmente pueda aparecer en mayo del 2026 como campeón de la democracia en la primera vuelta.

La realpolitik es muy distinta del anterior y distractor cuento de hadas, porque Petro no dejará la Presidencia a un “cuerpo ajeno”. Él sabe que no se puede contar con la “lealtad” de ningún cómplice. Una vez en el solio, el tipo más lambón y supino se convierte en el enemigo más ingrato y traidor. Esa es una ley de la historia, que se ha operado una y mil veces en la política.

Después de 31 meses de padecerlo, los colombianos conocemos perfectamente la psicología de Petro, y por eso no podemos equivocarnos cuando pensamos que él se quiere reelegir. No es comunista solo para despreciar y desconocer el ordenamiento jurídico, sino que ya no puede vivir sin:

1. El uso y abuso del avión presidencial, para viajar como un sultán, con su séquito, durante varios días cada mes.

2. Ser el tema del 98 % de las conversaciones de sus desgraciados súbditos.

3. Su aparición diaria en todos los medios, en distintas pintas, para proferir un sartal de imbecilidades, estupideces y tonterías, con tonillo filosófico y blandiendo el lápiz.

4. El gozo diario de tergiversar, mentir y lucrarse con el abuso permanente del poder.

5. Asistir y perorar en numerosos foros internacionales sobre las infinitas materias que ignora.

Por todo eso —y mucho más—, Petro no quiere pasar a ser otro expresidente insignificante, privado del placer que se deriva de hacer el mal y amedrentar a millones de compatriotas.

Desde agosto de 2022, viene maquinando cómo quedarse. Su infinita vanidad no le permite ser menos que Castro, Lenin, Stalin o Kim Il Sung. Quiere, como ellos, morir en el cargo y con las botas puestas...

En consecuencia, tiene planes A, B, C, D, y hasta Z, para su reelección. A medida del fracaso de un plan, se pasa al otro, y a veces prosigue con dos o tres a la vez, a ver cuál resulta.

Se me dirá que eso indicaría grave desorden mental, a lo que respondo que efectivamente está loco, pero que los orates son obsesivos, especialmente en política.

Petro maneja la Tesorería, nombra y destituye, controla los órganos del Estado e irriga con mermelada los medios masivos, el Congreso y parte de la Judicatura, para permanecer en el poder; no para regalárselo a algún lagartico...

Ignoro cuál de los 28 planes (uno por cada letra del alfabeto), será el definitivo, pero una combinación del máximo desorden público, con mil y pico de “asambleas” municipales exigiendo una “Constitución popular”, puede obligarlo a “sacrificarse”, y asumir todos los poderes “para salvar el país”.

Este escenario es aterrador, pero no imposible; lo imposible es que Petro deje de ser quien es y se convierte súbitamente en un Alberto Lleras o en un poverello de Asís, que es lo que quieren creer los dirigentes políticos cuando lo oyen decir que está muy cansado de vivir en un palacio que es frío, aburridor y mala réplica de uno francés.

miércoles, 31 de enero de 2024

Unidad o división frente a la reelección

José Alvear Sanín
Por José Alvear Sanín

La política colombiana vive de la consoladora ilusión de que en las elecciones de 2026 triunfarán las fuerzas democráticas, porque el país —que ya votó masivamente contra Petro en las territoriales de 2023—, castigará el peor Gobierno de su historia.

No hay duda de que ese sería el resultado si esas elecciones fueran libres y sus resultados no fueran alterados por el fraude organizado por una Registraduría al servicio de la revolución.

Nadie ignora que los comunistas jamás dejan voluntariamente el poder y que el juramento de Petro de cumplir con la Constitución y la Ley tiene la misma validez que un billete de tres pesos.

Petro sabe perfectamente que, al finalizar su periodo, la derrota será inevitable, a menos que se cambie la Carta y el Gobierno disponga de un sistema electoral como el de su carnal Maduro. Además, ya ha hecho manifestaciones clarísimas de que va por su reelección, cuando anuncia la amalgama de todas las fuerzas de izquierda en un “partido único”, para asegurar la continuidad de los gobiernos populares y progresistas y para que jamás regresen los nazis, fascistas, esclavistas... bla, bla, bla.

Más claro no canta un gallo, pero los políticos colombianos, en vez de reaccionar en defensa de lo que queda de democracia y unirse para recuperarla plenamente en 2026, miran para otro lado...

Por los pagos del principal partido de “oposición constructiva”, el Centro Democrático, se abre prematuramente el partidor para las precandidaturas. En esa colectividad hay tres senadoras excelentes y otros tantos caballeros intachables, dispuestos a luchar hasta el último minuto por una candidatura tan honrosa como inútil, si las fuerzas democráticas siguen dispersas y divididas.

En el amorfo partido liberal, cada día más colaborateur, ya aparecerán candidaturas igualmente ilusorias, y lo mismo podrá decirse del putrefacto petro-conservatismo, sin que de Cambio Radical se vea verdadera oposición.

De tal manera que para mediados del 2026 tendremos, otra vez, una o dos docenas de candidatos erráticos para enfrentar a Petro, porque seguramente ya se habrá firmado la entrega del país al ELN, con todo y el “convenio vinculante” que se está redactando para sustituir la Constitución cuando este se rubrique con los alias de Eliécer Herlinto e Israel.

Si todas las fuerzas democráticas se unieran desde ahora para impedir la toma definitiva de la Registraduría por parte del comunismo, un candidato único de todas ellas podría ganar la Presidencia. En cambio, si persiste la división, Petro, con su flamante Partido Socialista Unificado de Colombia (PSUC, hermano del PSUV), y con Registraduría de bolsillo, se perpetuará en el gobierno hasta el día de su muerte, como Castro y Chávez, y como quieren Maduro y Ortega.

Por tanto, es inconcebible la ausencia de apoyo de los partidos en el asunto del juicio político. Las causales para anular la elección de Petro y Francia son incontrovertibles, pero si las fuerzas políticas se marginan de ese proceso, la mermelada y el prevaricato mantendrán al comunismo en el poder y Colombia será una segunda o una peor Venezuela