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viernes, 21 de enero de 2022

Positivos para covid-19

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.

Estoy convencido de que algún día nos dirán que somos “positivos para covid-19”. El diagnóstico que hace menos de dos años se temía como una auténtica tragedia, me da la impresión de que ahora se vuelve algo común y corriente, que se toma con mayor naturalidad y que parece irreversible padecerlo si es que efectivamente queremos llegar a la así llamada inmunidad de rebaño. Sin duda alguna, la vacunación masiva con esquema completo ha ayudado sustancialmente a mitigar los devastadores efectos que vimos al comienzo de la pandemia con las víctimas de tan letal virus.

Los picos que hemos vivido se han asumido de modo distinto. Todos sabíamos, por ejemplo, que este comienzo de año dispararía los contagios, después del periodo vacacional cuando indefectiblemente nos relajamos frente a las pautas básicas: lavado de manos, uso de tapabocas y distanciamiento social. Pero lo que nunca imaginamos es que Ómicron, la última cepa conocida, fuese de expansión tan rápida. Dicen que el virus se ha debilitado, pero la verdad también es que sigue causando estragos, particularmente en los no vacunados y en quienes cuentan con un sistema inmunológico débil. Hay que seguirse cuidando.

Los aislamientos forzosos se han reducido en el número de días. De dos semanas a una. La sintomatología también varía, de caso a caso, de modo sorprendente. Como sabemos, algunos sufren de espasmos musculares, dolor de garganta, cefalea, sudoración, tos persistente, fiebre, escalofríos, diarrea, vomito… y otros, nada, o solo algunas e insignificantes manifestaciones de estos cuadros virales. Hay que estar atentos y no dar el brazo a torcer. Pero si se torciese tampoco entrar en pánico.

Lo he comprobado con muchos amigos y conocidos: estresarse lo único que contribuye es a bajar las defensas y abrir el camino para que el virus haga de las suyas. Al menos nueve casos cercanos tuvieron un desenlace fatal. El común denominador: si bien la actitud fue preventiva, lo fue exageradamente obsesiva compulsiva. Y eso no es bueno tampoco. Como el que desinfectaba hasta las cebollas, el que nunca salió de casa, el que se bañaba dos y tres veces al día, además de hacerlo en geles y alcoholes, todos muertos. Y los habitantes de la calle, los más expuestos, los supuestamente más débiles, allí siguen orondos y vitales.

Una normalidad en el ritmo cotidiano de vida, siguiendo las pautas claves, me parece de lo más responsable. Ni tanto que queme al santo, ni tan lejos que no lo alumbre. Nuestra debilidad es nuestra fortaleza y estoy seguro de que saldremos airosos de esta coyuntura histórica. Algún día, eso espero también, se sabrá toda la verdad, tantos y mitos y leyendas dignas de una saga en Netflix se caerán. Y sumando y restando, como todo en la vida, será para bien.

Y no lo olviden: cero estrés, tres pautas básicas, buenas defensas y esquema completo de vacunación, de modo que si nos da covid-19 podamos salir airosos.

viernes, 27 de noviembre de 2020

Covid-19: no bajar la guardia

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.*

Después de casi un año el coronavirus se está convirtiendo en paisaje. Se nos ha vuelto tan “familiar” que convivimos con él sin mayor temor. Como hemos visto que más del 90% de los que han sido afectados se recuperan, que muchos lo han padecido sin siquiera darse cuenta, que otros han tenido síntomas muy ligeros, que supuestamente no repite, que tres farmacéuticas parecen haber encontrado vacunas con altas dosis de efectividad y que pronto el virus será historia, sumado a muchos que afirman que todo esto fue puro cuento, entonces, se ha comenzado a bajar la guardia respecto de todas las normas de bioseguridad que nos han sugerido: ¡fatal!

Las rutinas protocolarías de prevención son elementalmente simples y por eso muchos no las cumplen: ponerse un tapabocas, lavarse las manos con frecuencia, no tocarse la cara, conservar el distanciamiento social, eludir aglomeraciones en espacios cerrados, aislarse en caso de experimentar síntomas y notificar a los otros de su entorno, etcétera. ¿Así de fácil? Sí, y también así de difícil que haya disciplina social. Cuando alguna de estas pautas falla, esa fisura resulta letal: por allí el covid-19 se introduce y hace de las suyas de manera sorprendente y desconcertante. Se decía que sus víctimas predilectas eran la población de la tercera edad y quienes padecían de morbilidades como la diabetes, hipertensión arterial o estaban inmunodeprimidos. Sí y no. Muchos pacientes con este perfil lo han superado y muchos jóvenes sanos están muertos. Como quien dice, con este asunto no se juega.

Cada vez más el cerco epidemiológico parece estrecharse. Recuerdo que en los primeros meses nadie amigo sabía de casos cercanos de infección. Los que aparecieron luego fueron vistos como realmente exóticos, posteriormente hemos sabido de conocidos y enseguida de amigos e incluso familiares. Hoy el virus nos ronda y toca a nuestras puertas. En mi caso, ya perdí a una prima muy querida, de la primera oleada de víctimas: nunca supimos cómo pudo contagiarse. Luego he sabido de gente conocida y amigos, algunos dijeron no haber sentido nada, otros algunos síntomas, todos con narrativas diferentes. Otros, sencillamente murieron, algunos en UCIs o en sus casas, asfixiados, o de sorpresa. Desde hace dos semanas, una racha azota a nuestra Enfermeria: de 20 pacientes, 10 se han contagiado, 5 son sospechosos y solo 5 no presentan síntomas. De los primeros, ya han muerto 5 y tenemos otros 4 delicados. La cosa va en serio.

Así las cosas, no podemos bajar la guardia. En  esa casa nuestra, supuestamente inexpugnable, los cuidábamos con riguroso celo precisamente por ser nuestros hermanos mayores. Pero, el virus se infiltró cual enemigo con caballo de Troya y ha pasado costosa factura. Repito con dolor, cuando los protocolos se incumplen o se relajan, cuando alguien experimenta síntomas y se calla, cuando sencillamente se es irresponsable, puede ser que uno no se muera, pero contagia a los suyos alrededor y los mata. Casos se siguen viendo y no aprendemos, ¡por Dios!  Tan fácil cuidarse, tan difícil perseverar en los cuidados. En tus manos está la solución, está tu vida y la vida de los tuyos.