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martes, 6 de enero de 2026

Se le abre una gran oportunidad a Colombia

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Luis Guillermo Echeverri Vélez

Hoy a Colombia, ante la caída de Maduro, se le abre una gran oportunidad de trabajar con los Estados Unidos en la recuperación de la democracia venezolana y con ello volver al sendero del desarrollo. Tenemos un gran país lleno de agua que es vida, de minerales y lo más importante de gente buena y trabajadora, con una localización estratégica que tiene que servir para muchas más cosas que para cultivar, producir y exportar vicio.

“¿Qué clase de hombre es el que no lucha por un mundo mejor?”. “Es lo que decidimos hacer cada día, lo que nos hace hombres, o no”, y lo único que realmente cuenta son los hechos, así que “por sus frutos los conoceréis”, y este año se sabrá en Colombia quiénes están del lado del bien y quiénes del mal.

No es solo asunto de votar en una elección. El empresariado tiene el poder económico del sistema de libertades, somos todos los que pagamos el funcionamiento del Estado quienes tenemos la obligación de exigir y dar la batalla por la libertad, y no salir de huida como pasó en Cuba, Nicaragua y Venezuela, donde no les robaron el país, ellos mismos lo entregaron y permitieron que el Socialismo del Siglo XXI aniquilara la institucionalidad democrática y las esperanzas de un pueblo indefenso y laborioso que aún no cae en la trampa del odio de clases y el resentimiento social.

Todo en la vida tiene un costo y si queremos una nación con un propósito, quienes producimos valor agregado y generamos oportunidades, no podemos seguir manteniendo incondicionalmente a quienes se valen de la mediocridad, la hipocresía, la cobardía, el individualismo y la mentira al obrar, para llegar al poder y hacer solo lo que les da la gana.

De forma vehemente salen los progresistas a defender las premisas del derecho internacional cuando sacan de las mechas a un dictador, sea cual sea su ideología. Pero hay que ver lo cobardes que son para protestar contra las acciones violentas y los crímenes de lesa humanidad de las organizaciones criminales terroristas y narcotraficantes que sostienen las dictaduras disfrazadas de democracias en la región, y para criticar los sistemas totalitarios comunistas que tanta pobreza y tantas muertes han causado.

La ideología es un instrumento de engaño propio del populismo y de la social bacanería para acomodar argumentos según conveniencia. Ahora que no saquen pecho los políticos alcahuetas y ladrones que han ignorado al pueblo que gritó: “fuera Petro” y no han hecho nada para evitar la autocracia que está destruyendo el Estado de derecho.

Los principios y la ética de trabajo deben ser inamovibles, deben permitir los debates de ideas, pero dentro de la legalidad y si todos los actores la acatan, no cuando un bando se vale de la ilegalidad para operar y la normaliza o cuando se soporta en el terrorismo para lograr objetivos políticos y mantener el poder. Ahí es donde se rompe todo el discurso conciliatorio, de paz, de entendimiento y tolerancia y se descubre una infinita hipocresía; razón por la cual en la vida hay cosas que se pueden arreglar a las buenas, pero hay otras que se solo se pueden arreglar a las malas.

El desarrollo que experimentó el país del 2002 al 2010 fue producto del trabajo de toda Colombia liderada por Uribe trabajando por un propósito común verdaderamente democrático como reacción a los estragos de la violencia, pero luego permitimos que la ambición de poder, fama y dinero descarrilara la legalidad y desde entonces ni los políticos ni los gremios fueron capaces de devolver al país al sendero de la seguridad.

Ser bueno no es garantía de valor ante la adversidad, hoy las circunstancias demandan determinación para superar el miedo en que se encubren la comodidad y la cobardía. Si queremos una democracia moderna que nos lleve a gozar del infinito potencial que tiene Colombia, es el sector privado el que con audacia debe ponerle la agenda de desarrollo a los políticos, y dejar de pensar que quien recibe un mandato popular puede estar por encima de la ley y convertir a los criminales en ciudadanos de mejor derecho.

Se le abre a Colombia una gran oportunidad, no la dejemos pasar de largo, hay que actuar.

martes, 2 de julio de 2024

El problema económico es de fondo, no un asunto de tecnicismos

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Por: Luis Guillermo Echeverri Vélez

El problema real y de fondo es el secuestro y la destrucción de todo el aparato institucional al que están sometiendo al país y su economía, sin que a los delincuentes les pase nada.

Aquí no queremos darnos cuenta de la verdadera dimensión y magnitud del problema económico nacional. El daño a la institucionalidad democrática y a la libertad de mercados que soporta nuestra economía ya está causado.

Están heridos de muerte: la vida de las personas sin sistema de salud, la seguridad que genera la confianza que permite la inversión, los engranajes fundamentales que hacen que los mercados operen libremente, y lo que es peor, no hay conciencia de la situación de los insumos, bienes y servicios que se transan diariamente.

Para ponérsela fácil al lector, veamos con un ejemplo realista lo que le pasa a la economía colombiana, y por qué el tema es de fondo y no es asunto de más análisis de cifras, de efectos marginales, ni porcentuales, ni de distracciones, divagaciones y discusiones sobre conceptos técnicos especializados, en rimbombantes foros y agasajos a los verdugos.

Imaginémonos que hubo una trifulca y llevan la economía colombiana en ambulancia, va herida de muerte. La policía trató de intervenir cuando los disparos, pero salió corriendo y no hizo nada, porque los tienen amenazados de que si combaten delincuentes los acusan por patear la mesa de negociaciones con los bandidos.

Lo más grave es que los criminales atracaron la ambulancia y se disfrazaron de enfermeros. Llegan a urgencias y resulta que como cambiaron el sistema de salud no hay galenos para atender el paciente. Todo parece indicar que los que van a atender al herido, son los mimos que le pegaron dos balazos y tres puñaladas.

Colombia está mal herida, perdió el conocimiento, tiene convulsiones la tienen que meter de inmediato a la sala de cirugía.

Van a despertar dos estudiantes de medicina encargados de urgencias. Estos piden toda suerte de exámenes previos: sangre, radiografías y un coprológico, pero el laboratorio no es confiable pues no hay reactores por lo del hackeo al Invima. Llegan al hospital unos reporteros, un delegado de los entes de control y un dirigente gremial, pero se limitan a observar y no se atreven a comentar nada. Conversan con los estudiantes y se van todos de rumba a una cantina cercana mientras llegan los resultados de los exámenes.

El caso no da espera. Aparecen entonces los criminales que venían en la ambulancia, ahora vestidos de médicos. Uno procede a sacarle la sangre al paciente para venderla en bolsas en un metedero clandestino cercano. Llevan al herido a un quirófano y esperan fumando bazuco mientras el paciente convulsiona.

De pronto el herido despierta y al ver la situación trata de volarse del hospital, pero ya no tiene fuerzas, boquea y se muere. Los supuestos galenos son vendedores de órganos. Preparan todo para sacarle el corazón, el hígado y los riñones, para que los lleven pronto en avión privado a Venezuela, que allá los necesitan para unos trasplantes.

Llega la familia y no le dan razón de nada de lo ocurrido. La mandan a hacer una fila para pagar antes de darle los resultados de los exámenes. Luego se inventan una falsa causa de defunción.

El problema es de fondo. La economía se desangra, está moribunda. El caso no aguanta más tecnicismos que no explican la gravedad de todo el sistema. Es un caso de vida o muerte donde hay que actuar de manera inmediata y contundente o de lo contrario, como en la historia, habrá un desplome causado intencionalmente por quienes insisten cambiar el sistema de libertades económicas, por uno estatista y expropiatorio, propio del caótico narco socialismo del siglo XXI.