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viernes, 19 de septiembre de 2025

Caliope en receso

José Leonardo Rincón, S. J.
José Leonardo Rincón, S. J.

No sé si fue Zeus quien determinó el receso o fue la misma Caliope quien decidió tomarse vacaciones, el hecho es que mi musa inspiradora se silenció esta semana y me dejó con los crespos hechos. Suele pasar y se entiende: no siempre el palo está para cucharas, no siempre hay de qué hablar y eso de hablar por hablar no me entusiasma mucho, aunque de verdad haya temas, como la descertificación que nos otorgó Mr. Trump, los ya proverbiales exabruptos de nuestro líder galáctico, los mechoneos, zancadillas y otras jugaditas que se hacen entre el centenar de inquilinos aspirantes de la casa de Nariño, lo que pasa con los vecinos de al lado que cuentan las horas a ver si cae el dictador, en fin…

Por ahora Caliopita (así le digo cariñosamente) me pide que me concentre en la charla que hoy tendré con educadores de Manizales, a donde he vuelto después de varias semanas, para conversar sobre el educador que queremos y necesitamos. Definitivamente este país no va a cambiar si no hace una apuesta en serio por la educación, una apuesta que no solo es presupuestal, cosa que ya hizo, sino de acertar en la calidad de la educación que se ofrece, un reto que se juega en el aula, todos los días, en cada clase, en cada acción curricular y donde el educador tiene un rol protagónico y de decisiva incidencia.

Sigo creyendo en esto pues he visto cómo, en otras latitudes, ha tenido evidente efecto transformador. Pero para eso se necesita liderazgo, tenacidad y mucho coraje. Para los regímenes de todas las ideologías que tienen al frente suyo egos exacerbados, mejor que el pueblo siga siendo ignorante y así fácilmente manipulable. Vamos a ver si me paran bolas y algo queda de este encuentro. ¡Hasta pronto!

viernes, 30 de junio de 2023

Inspiración

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.

Hace ya algunos meses les conté que me hice la pregunta: ¿sobre qué escribo hoy? La idea era compartirles con toda sencillez que esto de escribir regularmente era una tarea no siempre fácil. Hay semanas en las que con fluidez y sin mayor esfuerzo podría redactar dos o tres artículos sobre los temas de actualidad y otras, como hoy, que siendo las 4:45 de la mañana del viernes y faltando poco más de una hora para publicar mi acostumbrada columna, no se me ocurre nada. Porque, claro, no se trata de escribir por escribir, como tampoco de hablar por hablar. Las cosas todas tienen su sentido, su razón de ser, y cuando pienso en ustedes, en mi artículo del viernes, siempre pienso en lo importante que es dejar un mensaje, una enseñanza, suscitar cuestionamientos, plantear inquietudes, pero, siempre, con un toque personal que brota desde el fondo de mi ser y me hace vibrar.

Esto de escribir supone inspiración. Bueno, a decir verdad, también un compositor o un pintor para plasmar su obra requieren de inspiración, es decir, ese aliciente natural y espontáneo que emerge sin mayor esfuerzo porque es un don, una habilidad que se plasma con propiedad y facilidad. No me considero un escritor, pero tampoco, ya lo dije, se trataría de escribir por salir del paso. Aquí hay un “acto creativo” que supone ganas, gusto y pasión.

Entonces, la obra, la canción, el escrito van configurándose, van apareciendo poco a poco hasta que uno dice, listo… hasta aquí… ya está. El asunto es que también hay días secos, áridos, desérticos, en los que o no hay tema o no se le ocurre nada a uno. Un compañero jesuita me ha dicho varias veces: no sé cómo haces para escribir todas las semanas y hacerlo con facilidad. Yo me demoraría varios días redactando un escrito. Y yo le respondo que las ideas fluyen y los dedos teclean rápidamente en la medida, que cual cascada, brotan esas ideas, esos pensamientos, esos sentimientos. Está uno inspirado y las cosas se dan sin problema.

Me gusta escribir, me gusta redactar, me gusta compartir lo que pienso y siento con mis amigos de por aquí. El origen remoto está en una mamá que propició el hábito de la buena lectura y en unos colegios que enseñaron a leer y escribir bien. Hacerlo más formalmente comenzó hace años cuando, recién nombrado rector en nuestro colegio javeriano en Pasto, el director del Diario del Sur, me ofreció una columna semanal para publicar en su página editorial. Un gesto que nunca olvidaré y siempre agradeceré porque me generó este hábito, esta disciplina. Un tiempo dejé de hacerlo y fue mi amigo Antonio Montoya, en Medellín, quien, desde su tribuna de El Pensamiento Libre, hoy, El Pensamiento al Aire, con su entusiasmo paisa, me alentó a hacerlo de nuevo. También es cierto que estas artes requieren mecenas, jejeje, y ellos me animaron a que periódicamente compartiera mi inspiración. ¡Gracias por hacerlo!

Y bueno… me puse dizque a compartirles mi preocupación y creo que ya completé la cuartilla de hoy. Son las 5:30… ¡Uf, me salvé! De donde se colige, mis queridos amigos, que de lo que se trata no es de complicarse la vida con artificios y malabares, sino de dejar fluir, dejar brotar lo que se piensa y siente… y la inspiración se da, naturalmente, así no más…. ¡Buen fin de semana!

domingo, 4 de octubre de 2020

El valor naranja

Santiago Cossio
Por Santiago Cossio*

Los economistas durante muchos años han investigado la teoría del valor y para la ciencia sombría, el valor de uso y el valor de cambio son los grandes determinantes del valor, esto sumado a las pujas entre la oferta y la demanda y a la inflación por costos entre otras teorías de precios.

En el año 2017 se promulgó la Ley 1834 llamada Ley naranja que fomenta la industria creativa y la economía naranja. De aquí se desprenden varias teorías económicas y sociales que, gracias a esta pertinente política pública, se podrán ver avances en la inclusión, la integración y especialmente en la inspiración de las nuevas generaciones para generar una cultura de la creatividad como mecanismo de solución a necesidades sociales y mejora de productos y servicios que benefician la calidad de vida de una sociedad.

Las ciencias económicas se quedan cortas en sus teorías del valor y debemos investigar más allá del valor de uso y valor de cambio. Pongamos de ejemplo el cuadro de la Gioconda llamado La Mona Lisa, una obra de Leonardo da Vinci pintada al óleo en fechas cercanas a 1503. Actualmente se calcula que dicha obra podría valer en una subasta más de 50.000 millones de euros. En la calle se venden copias por unos escasos dólares. ¿Qué hace tan valiosa dicha obra?, ¿por qué no tienen valor las copias?, Si los oleos, materiales y el tiempo empleado en la obra sumarían unos cuantos centavos de la época ¿por qué la obra terminada vale miles de millones?

El valor naranja es un valor creativo agregado que diferencia un bien de otro en cuanto a características únicas y especiales. Características de belleza artística que son difíciles de cuantificar para la teoría de precios y la microeconomía.

Colombia es un país creativo con una ubicación geográfica privilegiada, lo que llevó a confluir diversas razas y costumbres que alimentan una riqueza social en términos de creatividad y felicidad. fomentando una potente industria de instituciones e infraestructura naranja por lo que podremos insertarnos en los mercados internacionales con productos diferenciados y lograr grandes beneficios para nuestra población.

Las 7i pueden ser el marco teórico de la Ley 1834: información, industria, infraestructura, instituciones, inclusión, integración, inspiración, hacen parte de todo un engranaje para aportarle a la teoría del desarrollo.

Después de años en investigación social y cultural y luego de haber visto en el curso del BID el valor de la creatividad: la economía naranja, diría que John Howkins, Iván Duque y Felipe Buitrago deben presentar su obra al banco de Suecia quien es el que otorga el premio nobel de economía.

Sus aportes teórico-prácticos a las ciencias económicas para el desarrollo económico, social y cultural, son innegables.