Luis Alfonso García Carmona
Extracto de su libro “El camino del libertario”Al
margen del valor de la libertad, la realidad es que aquellos países que son
libres son ocho veces más ricos que los reprimidos.
El
decil más bajo de la distribución, es decir, los pobres del país libre están
once veces mejor que los del país reprimido. No solo eso, además tienen
el doble de ingreso que el promedio de ingreso del país reprimido. Esto,
dado que la distribución del ingreso lleva el formato de una chi cuadrada o una
log-normal, quiere decir que los más pobres del país libre están mejor que
el 80-90 % de la población del país reprimido. No tengo dudas: es mejor ser
cola de león que cabeza de ratón. Además, tienen 25 veces menos pobres en formato
estándar y 50 veces menos en el formato extremo, por lo tanto,
cuantitativamente el diferencial del logro es enorme.
Al
mismo tiempo, es falso que el sistema sea injusto. Si los socialistas no
han podido superar la trampa de la teoría del valor trabajo no es problema del
capitalismo de libre empresa. Los socialistas, antes de ser aplastados por la
evidencia empírica, ya habían sido derrotados (mucho tiempo antes) en el campo
de las ideas. Esto es: el socialismo es un error teórico y una aberración empírica.
Sin embargo, la pregunta es: ¿por qué aún siguen atrapados ahí? La respuesta es
simple y tiene que ver con los valores morales. No pueden salir de la teoría
del valor trabajo porque es la que les permite sostener la teoría de la
explotación de Rodbertus y la plusvalía de Marx. Esto es: no les importa ni
la teoría ni la evidencia empírica. Necesitan un argumento que les permita disfrazar
su envidia, su odio y su resentimiento con la defensa de una supuesta causa
noble, que es la de liberar a los oprimidos.
Sin
embargo, la izquierda, aun frente a su estrepitoso fracaso económico, se
reordenó bajo la idea de que el sistema capitalista de libre empresa es
injusto. Se arrogaron una suerte de superioridad moral y como los liberales,
frente a la evidencia cuantitativa, no presentaron batalla, los socialistas se
llevaron el debate sin resistencia alguna. Así, desde la creación del Foro de
San Pablo pusieron en marcha las ideas de Antonio Gramsci. Tomaron la educación,
la cultura y los medios de comunicación. Bañaron todo de socialismo.
Adoctrinaron a una generación de resentidos y fracasados.
Afortunadamente,
los jóvenes rescatarán al mundo de la pobreza miserable socialista. Los jóvenes
suelen ser rebeldes frente al statu quo, y como hoy lo políticamente correcto
es recitar la basura socialista, los jóvenes, en su mayoría, son liberales.
Al mismo tiempo, les resulta más fácil salir de las telarañas del pensamiento socialista
ya que llevan una menor cantidad de tiempo expuestos al lavado de cerebro de
la educación pública, más allá de que sea de administración estatal o
privada. A su vez, en esta patriada de los jóvenes, la tecnología ha brindado
una gran ayuda. Ya nadie se queda quieto, nadie cree a sus profesores a libro
cerrado. Van, miran las redes y chequean, y así destruyen la mentira de la izquierda.
Finalmente, las cuarentenas cavernícolas a partir de la llegada de la pandemia
llevaron a las personas a una revalorización de la libertad. Y como si
esto fuera poco, día a día los jóvenes van evangelizando a los adultos de sus
familias y así es que cada día somos más los que abrazamos las ideas de la libertad.
Por
lo tanto, el mensaje principal es que abracemos las ideas de la libertad,
porque no solo nos hacen más productivos, sino que se corresponden con
un conjunto de valores morales superiores que nos traerán mayor prosperidad,
bienestar, salud, felicidad y paz.
¡Viva
la libertad, carajo!