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lunes, 11 de diciembre de 2023

Necesitamos mucha austeridad en el gasto público

Andrés de Bedout Jaramillo
Por Andrés de Bedout Jaramillo

Hace muchos años los salarios de los empleados públicos, tanto de libre nombramiento y remoción, como de carrera administrativa, de los trabajadores oficiales y de los miembros de los cuerpos colegiados, Senado, Cámara, asambleas y concejos, se consideraban muy bajos frente a los salarios del sector privado y a las responsabilidades que implicaba el sector público oficial.

Hoy, los sueldos y honorarios que se pagan en el sector público son mejores que los que se pagan en el sector privado, lo que lo hace muy atractivo, inclusive sin tener en cuenta los beneficios adicionales de carros oficiales con conductor, alimentación, gastos de representación, tiquetes aéreos, viáticos, etcétera, que tienen muchísimos funcionarios altos del Estado.

Las cuantías a que tienen derecho congresistas, diputados y concejales, para contratar sus equipos de trabajo sin muchos requisitos, son ya exorbitantes, mejor dicho, el sector público paso a sus integrantes de la pobreza a la riqueza, se les fue la mano y si no adquirimos conciencia de austeridad, el gasto público seguirá creciendo desaforadamente.

Los contratos de prestación de servicios, que en él sector público se convirtieron en una parte muy importante de la fuerza laboral disponible para mover el aparato estatal, están siendo utilizados para pagar favores políticos, colocar familiares, satisfacer necesidades personales, etcétera; situaciones que se han hecho muy notorias en las administraciones de Petro y Quintero, evidenciadas por los medios de comunicación y por los sectores de oposición. Me atrevo a concluir que, si estos contratos de prestación de servicios o mejores contratos de complacencias no existieran, serían muchos los miles de millones que nos ahorraríamos.

El consumo de gasolina, hoy artículo de lujo debe ser racionalizado al máximo, me atrevo a proponer asignar un cupo máximo de consumo para cada vehículo de representación, lo que se consuma de más debe ser de cuenta del beneficiario del carro del Estado.

Los viáticos y gastos de representación deben ser estrictamente reglamentados y auditados, para evitar lo que sucede en la administración Petro, Quintero y Hurtado con estos dos rubros; serían miles de millones que nos ahorraríamos en el ámbito nacional, departamental y municipal.

Deben poner el ojo a los presupuestos para impresos y publicaciones; se exageran en la cantidad de folletos, libros, cuadernos, libretas, cachuchas, camisetas, camisas, etcétera, que mandan a producir las entidades públicas.

Yo creo que la austeridad que deben tener nuestros gobernantes ayudaría muchísimo en el proceso de recuperación de la confianza en el Estado en todas sus manifestaciones.

Algo debemos inventar para evitar el enorme gasto que implican la gran cantidad de carros oficiales que tenemos en Colombia, sus departamentos y municipios… combustible, mantenimiento, seguros, impuestos, etcétera, son gastos inmensos que obligan a reducción del parque automotor y su utilización a lo estrictamente necesario.

Estamos en épocas de preparación y aprobación de presupuestos para el año 2024, es el momento oportuno para revisar con lupa las partidas presupuestales, buscando austeridad y transparencia, los gastos de contratos de prestación de servicios de complacencia, viajes, representación, impresos y publicaciones, publicidad, horas extra, vehículos, combustible, etcétera, deben llevarse a cuantías razonables, que obedezcan única y exclusivamente a gastos directamente relacionados con el funcionamiento del Estado y estricto cumplimiento de funciones.

Se deben revisar todas las partidas de inversión, para evitar que en ellas vayan disfrazados gastos de funcionamiento, para hacerle el quite al porcentaje permitido para estos rubros del presupuesto.

Medellín contará con un presupuesto de unos 8.4 billones de pesos para el año 2024, dineros todos que en última instancia provienen de nosotros los ciudadanos, bien vía impuestos municipales como predial e industria y comercio, bien nacionales como impuesto de renta, bien pago de servicios públicos domiciliarios, que, para el caso de Medellín, pagamos a EPM, quien transfiere a nuestro municipio cerca de dos billones de las utilidades de 2023.

Se deben congelar los salarios de muchos empleados públicos, que tienen sueldos que superan los 60, 70 y 80 millones de pesos mensuales, cifras absolutamente desproporcionadas; no sé a qué horas terminó el Estado pagando semejantes cuantías; si nos parece bien alta la remuneración de congresistas, ni hablar de las entidades donde pagan estas absurdas cantidades.

En fin, los colombianos que somos los que en últimas pagamos los gastos del estado, solicitamos a los que elaboran, estudian y aprueban los presupuestos, que tengan consideración con su pueblo y apliquen austeridad total en el gasto, para que la platica alcance y no tengan que seguir grabándonos con los asfixiantes impuestos que cada día dificultan más las posibilidades de bienestar de nosotros los colombianos.

Austeridad y humildad van de la mano y nos acercan como humanos a nuestros hermanos, como nos lo enseña nuestro Señor Jesucristo en muchos pasajes de la Biblia. Recordemos que todos somos iguales ante Dios y la ley.

lunes, 11 de julio de 2022

De la esperanza al miedo

Andrés de Bedout Jaramillo
Por Andrés de Bedout Jaramillo*

Pasadas las elecciones presidenciales, donde algo más del 50 % de los colombianos se definieron por lo propuesto por Petro y su Pacto Histórico y el otro cercano 50 % claramente voto en contra de lo propuesto por Petro y su Pacto Histórico.

Todo parece indicar que ha sido grande el eco a la invitación a un cambio en el país en pro de encontrar los puntos de acuerdo, los en desacuerdo y en los que con un pequeño esfuerzo acarrearían construcción de concertaciones, orientadas al buen comportamiento y a la defensa de lado y lado en la búsqueda del interés general y del bien común.

Con el nombramiento, o mejor, anuncio de quienes serán los nuevos ministros, con al parecer mensajes de no agresión, para no erosionar el ambiente de confianza que se pretende construir y que en sus intervenciones han advertido, muestran voluntad de acuerdos en pro de lo mandado por las mayorías y yo agregaría de la totalidad de los colombianos, aclarando que no se pueden quedar en la polarización pero tampoco en el unanimismo absoluto que al parecer se está abriendo campo, lo que tampoco sería sano, hacen mucha falta las opiniones diferentes, para de ellas tomar los puntos que eviten errores que sigan generando desconfianza, desunión y polarización.

Ahora se pone de moda el término más difícil de concretar, ceder para encontrar acuerdos, donde el más fácil, rápido, más efectivo, la mejor señal a los colombianos y que tiene que ver con la lucha contra la corrupción, es el de la implementación de la austeridad total, desmontando ya todos los gastos exagerados de las entidades públicas con el objetivo de encontrar rapidito los dineros para el desarrollo, el empleo, la inclusión y mejora en la calidad de vida, etcétera, partiendo del pacto por la austeridad, pacto que sólo requiere de voluntad política para cumplirle a los colombianos y ser mucho más eficientes y rápidos en la consecución de los recursos que permitirán el apoyo a los programas sociales, que deben ser manejados también con la claridad, transparencia y austeridad que permitan evitar el sufrimiento al que conllevan las malas, descaradas y abusivas prácticas que han destruido confianza.

Desafortunadamente todavía no se han visto las medidas de austeridad total ni del gobierno que termina, ni del que llega; muy mala señal, los colombianos estamos pasando a la desesperanza y ya muchos pensamos que vamos de mal en peor, los mercados así lo demuestran. Aprovechen el 20 de julio y el 7 de agosto para llevar mensajes y hechos de austeridad total y buen comportamiento.

Aquí es donde veremos las verdaderas intenciones de quienes desde las diferentes ramas del poder, los sectores y movimientos políticos que se han declarado su apoyo total a las políticas de Petro de la izquierda, de los centros izquierda y derecha, y hasta de la derecha, quedando unos pocos sectores dispuestos a la oposición, pero en un notorio ánimo de apoyar consensuadamente lo bueno para el país.

Insisto, buen comportamiento y austeridad total, caminan de la mano y reconstruirían la confianza y racionalidad de la política ligada estrechamente a la economía y nos quitaría la desconfianza que ya se empieza a sentir en la posibilidad de que Colombia pueda salir del atolladero. Es que estamos hablando de temas mayores, de la lógica de la economía y de un país que no aguanta más corrupción y menos basada en los abusos de los sectores público, privado y político.

Pedimos a nuestro Señor Jesucristo iluminación para nuestros dirigentes en pro de comportarse muy bien, muy austeros, muy razonables, muy colombianos. La unión hace la fuerza, juntos saldremos adelante, ceder no es perder es ganar o mejor, tratar de recuperar la confianza de nuestra sociedad.

Ojo, el pueblo no aguanta más, el balón está en manos de la generosidad, la caballerosidad y lo más importante, de las mejores prácticas en nuestros comportamientos, en nuestro diario vivir, como nos lo enseña nuestro Señor Jesucristo.

viernes, 3 de junio de 2022

Colombia pide castigo

Andrés de Bedout Jaramillo
Por Andrés de Bedout Jaramillo

Mi lectura personal a las elecciones del domingo es similar a la de muchos opinadores, los colombianos queremos gente normalita en el poder y piden castigo a su desaforada e incontrolada adicción al abuso, a tener, sobre los demás, ventajas irracionales que rayan en el descaro.

Muchos opinadores hemos venido advirtiendo sobre la necesidad de una especie de pacto de la austeridad, de la eficiencia y del bien común, pacto que debió haber surgido de los poderes del Estado (ejecutivo, legislativo, judicial, organismos de vigilancia y control, partidos y movimientos políticos), inclusive le sacaron el cuerpo en tiempos de pandemia y solidaridad. Los colombianos dijeron ya no más y el mensaje de castigo del ingeniero, caló. Eso les pasó por angurriosos y tragones, cuando ellos solitos pudieron autorregularse, solo por sostenibilidad, les van a quitar todo.

Pues bien, el ingeniero, con sus 10 decretos iniciales, los va a hacer poner los pies sobre la tierra y las manos en sus corazones, para que dejen de sentirse seres superiores. Se les fue la mano, mucho sueldo, mucho carro, mucho escolta, muchos asistentes, muchos pasajes y muy poco trabajo por Colombia; el pueblo fastidiado, los quiere trabajando muy duro por el interés general de los colombianos, normalitos, con lo estrictamente necesario, sin polarización, poniéndose de acuerdo en la satisfacción de los intereses generales.

Todas las propuestas están calienticas, la mayoría de ellas se pueden implementar porque al parecer están de acuerdo con ellas o por lo menos así lo dieron a entender en los debates.

El cambio con castigo va a ser brusco, pero necesario, de años atrás se les viene advirtiendo y siempre creyeron que en vez de bajar las irracionales prebendas las podían seguir incrementando.

El ingeniero los va a poner en su sitio a la fuerza, sin preguntar, sin necesidad de pactos de austeridad y eficiencia, y si lo logra, Colombia gana de entrada. Todos tendremos que cambiar, convertirnos en mejores personas, con mejores comportamientos, más humildes, más sencillos, más responsables; la platica va a rendir, la justicia va a llegar, el hambre y el desempleo se van a disminuir, las empresas van a mejorar y todo basado en la austeridad total, freno de mano al derroche descarado de nuestros dirigentes.

Que nuestro señor Jesucristo ilumine al ingeniero, que le dé la fuerza necesaria en la implementación del cambio y del castigo a los descarados derrochadores que solo piensan en la satisfacción de sus intereses personales, que los hay por montones sobre todo en El Pacto Histórico.

En la segunda, yo voy a votar por Hernández.