Andrés de Bedout Jaramillo
Muy a pesar de
las dramáticas cifras de pobreza y desempleo que las autoridades encargadas de
llevar estas cuentas nos presentan, esta hermosa ciudad avanza a gran velocidad
para recuperar e incrementar el número de turistas felices y satisfechos,
además de inversionistas de la tercera edad que buscan una vejez plácida,
saludable, tranquila y con servicios de todo tipo y hasta de salud, buenos y
cercanos.
Vivir al nivel
del mar, contar con las propiedades medicinales del agua salada marina y poder
caminar descalzo sobre la arena, recibir los rayos del sol ricos en vitamina D,
disfrutando del ruido que producen las olas y de los sonidos de aves como los
loros, pericos, marías mulatas, pelícanos y gaviotas, no solamente es medicina
para el cuerpo, también lo es para el alma.
Pasearse por
las tardes en los nuevos coches eléctricos por la ciudad vieja, acompañado de
las interesantes historias contadas con pasión y conocimiento por los diestros
cocheros que supieron adaptarse al brusco cambio de conducir un coche tirado
por caballos a estos nuevos y silenciosos transportes, es una sensación que, a
precios muy razonables, controlados por el Distrito Turístico de Cartagena, no
podemos dejar de experimentar cuando vamos a Cartagena. Transportarse a los
años 1700 y 1800 es algo absolutamente increíble y solo se logra recorriendo en
coche las murallas que protegieron por siglos a la ciudad amurallada de los
piratas que perseguían los tesoros destinados a los reyes de España y al
desarrollo de Colombia.
Hay que
recordar que Rafael Núñez, cuatro veces presidente de Colombia, gobernó desde
Cartagena, donde se conserva intacta la casa que habitó con su familia. De dos
pisos y en madera, nos transporta por segundos a una realidad que hoy se repite
con el presidente Abelardo, gobernando desde Barranquilla.
Tres parejas de
amigos setentones, con los achaques propios de nuestra edad, encontramos
sanación física y espiritual en la playa y el mar, por las mañanas y en el
disfrute de los múltiples servicios de comercio y restaurantes, acompañados de
las presentaciones callejeras de todo tipo de artistas, bailadores y cantantes,
además de los raperos y mimos con sus trovas e imitaciones, destinadas a
divertir o, mejor, a despertar las mejores risas entre los presentes.
Definitivamente, la risa es un remedio infalible.
El malecón de
casi 12 kilómetros que se construye entre Bocagrande y La Boquilla, donde
próximamente se inaugurarán los primeros 2,5 kilómetros, y la gigantesca rueda
de Chicago que, traída desde China, girará sostenida en una plancha de cemento
soportada por pilotes enterrados en el lecho del mar, permitirá una visual de
360 grados, abarcando mar, murallas, ciudad y hasta el aterrizaje y despegue de
aviones de todas las aerolíneas con rutas a todos los destinos del mundo. Ver
al gigantesco avión azul de KLM llegar o salir para Ámsterdam en vuelo directo
causa una sensación especial de cercanía con el resto del mundo.
Ver llegar
trasatlánticos de grandes compañías navieras con miles de turistas, que se
pasean con sus gorras y frescas bermudas, o mejor, con sus mochos, como dicen
acá en la Costa, nos hace sentir orgullosos de la visita de tantos extranjeros
que quedarán enamorados. Hoy encuentran una ciudad limpia, con sus casas bien
pintadas, donde el colorido, los balcones con sus enredaderas de curazaos, de
diferentes colores, presentan unos contrastes que solo se ven en Cartagena. El
aire acondicionado para vencer el calor está en todos los almacenes, hoteles y
restaurantes para comodidad y bienestar de los visitantes, que encuentran en la
muy desarrollada gastronomía de la ciudad la satisfacción plena de sus
paladares.
Cartagena está
preparada. Colombianos y extranjeros podemos visitarla y aportar nuestro grano
de arena para que esta ciudad pueda mejorar rápidamente sus cifras de pobreza y
desempleo: turista satisfecho atrae más turistas.
Que nuestro
Señor Jesucristo ilumine a los gobernantes y empresarios de todos los tamaños
de esta ciudad.
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