miércoles, 21 de octubre de 2026

Barranquilla

Andrés de Bedout Jaramillo

Para llegar a Barranquilla desde Cartagena se toma una vía costanera, de dos calzadas en su mayoría, durante unas dos horas, a una velocidad máxima de 80 kilómetros por hora, siendo muy cuidadosos con las cámaras instaladas.

Es un viaje suave, mayormente por terreno plano, por una vía bastante buena en sus especificaciones, pavimento, obras y señalización.

Durante todo el camino nos encontramos con muchas parcelaciones en construcción y grandes terrenos con explanaciones gigantescas. La primera, luego de terminar el viaducto sobre la Ciénaga de la Virgen, inmediatamente después de la ciudadela Serena del Mar, que cuenta con universidad y hospital con helipuerto, además de canales navegables y muchos edificios de apartamentos de diferentes compañías constructoras, se construye un inmenso centro comercial. Luego vemos prestigiosos colegios y universidades a lado y lado de la vía y, en todo el trayecto, fincas que se convertirán pronto en parcelaciones, además de grandes edificios en sitios despoblados, hasta dos enormes molinos de viento de tres aspas para la generación eólica de energía eléctrica.

La vía, en sus cerca de 120 kilómetros, cuenta con dos peajes de un poco más de $20 000 cada uno.

La doble calzada entre Puerto Colombia y Barranquilla está toda iluminada con energía solar instalada en cada uno de sus postes; algunos paneles ya no están, seguro la fuerza del viento los ha arrancado.

Nuestro primer destino sería el parque ecológico Ciénaga de Mallorquín, cuyo nombre seguramente se origina en el apellido de la familia Mallorquín, propietaria de una gran hacienda de la que hacían parte estas 700 hectáreas de manglares de agua salobre, resultado de la mezcla de las aguas dulces del río Magdalena con las aguas saladas del mar Caribe.

La llegada a ese hermoso parque natural se nos dificultó por el desplazamiento lento de cuatro tractomulas gigantes que, por la Circunvalar de la Prosperidad, llevaban cuatro vagones del Metro de Bogotá.

El parque natural Ciénaga de Mallorquín está atravesado por unos siete kilómetros de caminos construidos en madera de pino amarillo de La Florida, con sus correspondientes barandas, todo ensamblado con tornillería galvanizada y recuadros de madera con las fotos y la explicación correspondiente de cada una de las aves que allí habitan.

En una de las estaciones de madera entré al baño, muy limpio, y cuando salí me encontré con un exdirector de Corantioquia que hace como veinte años me montó un proceso penal en la Fiscalía, cuando trabajaba en Emvarias, y me tuvo sufriendo como cinco años. Hacía más de veinte años no nos veíamos; nunca pensé que, sorpresivamente, me lo encontrara en un sendero de la Ciénaga de Mallorquín. Nos tomamos una foto y todo quedó olvidado.

Continuamos nuestro recorrido por los senderos de Mallorquín hasta que llegamos al mar, donde tomamos agua de coco y comimos su carnoso contenido.

La entrada al parque es gratis. Hay mucho personal de la Alcaldía de Barranquilla y de la Policía al cuidado de esta hermosa y muy bien tenida belleza de la naturaleza, para el disfrute de barranquilleros y turistas nacionales y extranjeros, bien comportados, lo que contribuye a la limpieza del lugar.

Segundo destino: por la misma Circunvalar de la Prosperidad llegamos al Malecón del Río, que empieza con un hermoso y muy grande centro de convenciones y va un poco más adelante de la gigantesca rueda de Chicago, todo bordeando al gran río Magdalena, con su puerto para el servicio de los barcos que surcan los mares, llenos de contenedores con mercancías que llegan y salen de la gran ciudad.

El desarrollo de Barranquilla es impresionante: miles de edificios altísimos, industrias, centros comerciales, casas en todos los barrios rodeadas de rejas de hierro, jardines, parques y vías arborizadas con frondosos árboles, donde es muy notorio el predominio del verde.

Bien merecido tiene Barranquilla el título de capital alterna de Colombia, otorgado por el presidente; es una ciudad con todas las de la ley.

De regreso a Cartagena entramos a Puerto Colombia y quedamos maravillados. ¿Cómo les parece que la fundó nada más y nada menos que Francisco Javier Cisneros, el que construyó los ferrocarriles por allá en los años 1800?

Puerto Colombia llegó a ser el puerto más importante de Colombia y el más largo de Suramérica, con un muelle de 2,5 kilómetros de largo mar adentro. Reconstruyeron como un kilómetro y, a la distancia, en mar abierto, se ven las ruinas del viejo muelle, que destruyeron los barcos y las mareas en las operaciones de descargue y cargue de mercancías. Todo el desarrollo de nuestro país en los siglos XIX y algo del XX entró por allí.

En la vieja estación tejían muchas mujeres pertenecientes al club de tejedoras, que nos contaron varias historias. Las construcciones antiguas, unas en madera y otras en materiales sólidos, muy bien tenidas, recuperadas y pintadas, restaurantes con todo tipo de comidas. Puerto Colombia, con su bello malecón, es un sitio turístico digno de ser visitado por todos.

Que nuestro Señor Jesucristo proteja a todos los pueblos de nuestra hermosa Costa Caribe.