viernes, 4 de septiembre de 2026

Un corazoncito en tu corazón

José Leonardo Rincón, S. J.
José Leonardo Rincón, S. J.

Comencé a trabajar en Fe y Alegría desde el pasado 18 de agosto, de modo que hoy son tres semanas dedicadas, todas ellas, a una juiciosa inducción muy bien preparada por el equipo de la sede nacional para acogerme y ponerme al tanto de lo que este movimiento de educación popular integral realiza después de 55 años de presencia en Colombia. Como aquí en Bogotá está también la sede internacional (Fe y Alegría se encuentra en 23 países en cuatro continentes), hasta allí también se ha extendido esta etapa propedéutica.

Sea la ocasión para agradecerle, desde esta tribuna semanal, a todos ustedes y a tantos otros por sus palabras de felicitación y buenos deseos con ocasión de esta nueva misión que me han confiado mis superiores. Debo decirlo con honestidad: he estado abrumado por la cantidad de mensajes, por la alegría que todos ellos expresan, así como por la grata recordación y excelente reputación que la entidad tiene en la gente. Todos me hablan de la bella labor que tendré entre manos y del enorme bien que Fe y Alegría hace al país. Pero lo que me tiene realmente sorprendido es la generosa actitud de muchos, ya en el ámbito personal, ya en el institucional: “¿qué hay que hacer?, ¿en qué podemos apoyar?”. También llegan ya propuestas de generosa colaboración y de lo que, hombro a hombro, con otros, podríamos hacer. Es maravilloso y por eso también quiero dar gracias.

Fe y Alegría es una obra muy grande, fundada hace 70 años en Venezuela por el jesuita José María Velaz. Allí donde terminaba el asfalto, comenzaba su labor; fue su lema inicial. En Colombia, ya lo dije, desde hace 55 años. Por Latinoamérica en casi todos sus países. Hace años también en España e Italia, pero más recientemente también en África y Asia –en países como Chad o Nepal tienen su corazoncito–.

Aquí en Colombia llegamos a contar con más de 80 instituciones educativas en ocho regionales. Más de 40 congregaciones religiosas colaboraban con la causa. Hoy el panorama es distinto. Hemos perdido presencia e incidencia, no porque lo hayamos querido, sino porque decidimos no hacerle el juego a las dinámicas locales de corrupción que exigen un porcentaje a cambio de la operación. Eso ha significado sacrificar años enteros de presencia en muchas ciudades. El movimiento vive al día, de las ayudas de terceros y ajustados a los presupuestos que el Estado asigna para poder prestar el servicio. Somos una entidad sin ánimo de lucro, por supuesto, sin afán de quiebra. En nuestra misión y visión es claro que somos socios de la educación pública para contribuir en la mejora de su calidad con el plus de una oferta de formación integral, sello particular de la educación ignaciana.

En la actualidad orientamos 21 colegios, 26 jardines infantiles y una veintena de centros de desarrollo comunitario. El espectro cubre educación inicial, básica y media y hoy se incursiona en la formación para el trabajo e incluso en la educación de adultos y personas en condiciones complejas. Si la frontera antes era hasta donde llegaba el asfalto, hoy hay nuevas fronteras, quizás unas visibles otras no tanto que evidencian los lugares donde otros no van o no hacen presencia. ¿Y tú? ¿también quisieras sumarte a esta causa? Transforma tu vida transformado vidas. ¡Las puertas del corazoncito están abiertas!