José Alvear Sanín
Pocas cosas debe haber peores que la condición
de quienes carecen de la vista, el oído o el habla. En muchos países, a esos
desventurados se procura ayudarles con subvenciones, enfermeros, lazarillos,
perros entrenados, audífonos, tratamientos de rehabilitación, etcétera, cuando
esta es posible, salvo en Colombia, donde les confiamos la Fiscalía, la
Procuraduría y la Contraloría.
De suyo, confiar tan vitales funciones para el
Estado a personas con una sola discapacidad sería gravísima irresponsabilidad,
pero el despropósito fue peor, porque los titulares de las tres ías sufrían las
tres incapacidades simultáneamente. Ninguno vio, oyó, ni denunció lo que era
evidente, sonoro y escandaloso, en el cuatrienio infame que terminó el pasado 7
de agosto.
La tristísima condición de triple invalidez de
esos altísimos funcionarios permitió la sucesión interminable de delitos:
1. Contra la administración pública: despilfarro,
malversación, peculado, prevaricato, celebración indebida e ilegal de
centenares de miles de contratos, etcétera.
2. Contra la economía nacional: desmoronamiento
de Ecopetrol, estimulante inacción frente a narcocultivos y minería ilegal.
3. De traición a la patria, con la entrega de
buena parte de su territorio a grupos subversivos, combos criminales y mingas
sufragadas.
4. De injuria y calumnia, contra centenares de
ciudadanos afrentados con acusaciones falsas, cuando no directamente amenazados.
5. De lesa humanidad: degradación del sistema
de salud, tolerancia con el secuestro, reclutamiento y abuso de menores…
La anterior, escueta e incompleta enumeración
de conductas punibles, exige que Petro, en lugar de ser considerado un
expresidente normal, sea tenido como un “presunto” en miles de los posibles y
merecidos procesos que debería enfrentar, si algún día llegamos a tener fiscal,
procurador y contralor que disfruten de cabal salud física, mental y jurídica,
capaces de activar los mecanismos judiciales correspondientes a la gravedad de
hechos que nadie ignora.
Sin embargo, fiscal, procurador y contralor, nada
deben temer, porque su triste y triple discapacidad los hace inimputables…
.jpg)