Andrés de Bedout Jaramillo
Cuando
nos visitó el papa Francisco, fueron muchísimos los regalos que recibió de los
colombianos en las diferentes regiones que recorrió.
Todos
esos obsequios llegaron a la Nunciatura Apostólica en Bogotá. Eran tantos que
físicamente era imposible que todos viajaran con el Papa de regreso al
Vaticano. Consciente de ello, y agradecido con cada colombiano por sus
manifestaciones de amor y cariño, el día antes de partir se dirigió al salón
donde estaban expuestos los presentes. Los observó con ese humilde y sencillo
sentido de preocupación por su Iglesia Católica, donde su mayor anhelo radicaba
en la reconciliación, necesaria para mejorar la convivencia en un mundo ávido
de luchar unido por su salvación y por un trasegar solidario en este
convulsionado planeta.
Sus
ojos se posaron en una pequeña estatua de bronce que representaba un grupo
humano integrado por hombres y mujeres de todas las razas y edades. Formaban un
círculo, abrazados fuertemente y juntando sus cabezas en señal de reverencia
hacia el interior, queriendo expresar que se perdonaban, se reconciliaban y
unidos seguirían adelante.
Cuando
el Santo Padre preguntó por el nombre de la estatua y le respondieron que era
el “Rito de la Reconciliación”, ordenó: “Esta estatua se va conmigo. Es más,
quisiera que una réplica en tamaño representativo se instalara en los jardines
del Vaticano, para que millones de visitantes tengan la oportunidad de
contemplarla y ver en ella lo que yo vi: lo fácil que puede ser la difícil
reconciliación entre las personas de todas las razas, credos, pueblos y edades
del mundo”.
La
reconciliación, fielmente representada en esta magnífica escultura, merece ser
vista y analizada en detalle por quienes visiten los jardines del Vaticano, al
lado de otras obras que transmiten mensajes y enseñanzas inspiradas en la
Sagrada Biblia, difundida por nuestra Santa Madre Iglesia y por millones de
católicos que deseamos lo mejor para la humanidad, conscientes de que para
lograrlo debemos hacer grandes sacrificios y confiar plenamente en el poder y
la ayuda de Nuestro Señor Jesucristo.
El
autor de esta obra es un colombiano: el maestro José Augusto Rivera Castro,
quien para cumplir los deseos del Papa lleva más de seis años en su taller del
barrio Belén, en Medellín, fundiendo bronce, construyendo moldes y armando la
escultura gigante. Ha buscado recursos y materiales en todas partes,
encontrando eco en empresas y personas que han aportado su grano de arena. Con
voluntad, persistencia y resistencia, este gran escultor —a quien conocemos
desde hace muchos años en su difícil camino artístico— ha plasmado un mensaje
de humanidad en su obra.
Inicialmente,
el maestro Rivera concibió la escultura como un abrazo de reconciliación entre
colombianos sometidos a una violencia irreconciliable durante siglos, violencia
que solo superaremos cuando todos estemos dispuestos al perdón y la
reconciliación. La mirada del papa Francisco universalizó el título de la obra
como “Ritual de la Reconciliación”.
Hoy
la obra tiene un avance del 70 %. Faltan aproximadamente $250 000 000
para terminarla, embalarla y transportarla por tierra hasta Puerto Antioquía,
en Urabá, y de allí embarcarla hacia Nápoles, Italia, para finalmente
instalarla en los jardines del Vaticano, donde ya tiene un espacio reservado
por la Gobernación Vaticana.
La
estatua de bronce mide más de dos metros de altura y pesa cerca de tres
toneladas. En el Vaticano está considerada como una donación de Colombia.
Existe una partida presupuestal en el Ministerio de Cultura destinada a apoyar
este proyecto, que seguramente será respetada por la nueva ministra Paola
Holguín. Sin embargo, no es suficiente: se requiere que patriotas de buena
voluntad aporten recursos para lograr el objetivo final: llevar la estatua a
los jardines del Vaticano, donde millones de visitantes podrán apreciar el gran
mensaje de reconciliación que transmite esta obra, orgullo de un escultor
colombiano y de nuestra raza.
Hay
muchas formas de ayudar, una muy especial: adquirir réplicas en varios tamaños,
contactar al artista en su correo electrónico joseaugustoriveracastro@gmail.com,
hacer aportes económicos o colaborar con el transporte terrestre y/o marítimo.
Que
Nuestro Señor Jesucristo despierte nuestros corazones para apoyar al artista en
tan importante cometido.
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