José Alvear Sanín
Las gentes de bien, con escasas excepciones,
comentan aterradas el imperdonable permiso concedido al “presunto”, para
escapar del país que arruinó, degradó, saqueó y estuvo a punto de entregar
totalmente al narcotráfico y la revolución.
Esa autorización, determinada conjuntamente por
el liberalismo, el conservatismo, el Centro Democrático y la Unión Patriótica,
indica hasta dónde esos partidos menosprecian la moral, la Constitución y la
Ley, tolerando primero, y aceptando luego, la corrupción que corroe nuestro
tejido social.
Si la corrupción estuvo presente en algunos
gobiernos recientes, como mínimo se decuplicó bajo Petro y constituyó la
estrategia fundamental de su administración con el fin de precipitar al país a
la revolución comunista.
La autorización que se le dio a ese sujeto para
salir es inmoral y escandalosa, pero el “Honorable Senado”, ese mismo día, ha
enviado al país un sigiloso mensaje todavía peor, con la elección de un tal señor
Laverde como Contralor General de la República.
Nunca antes fue más urgente tener un gran
Contralor. Ese cargo exige independencia, probidad, experiencia gerencial y los
amplísimos conocimientos jurídicos, económicos y contables de los que carece
Laverde.
Para salir del pozo séptico en que dejó Petro
convertido el Estado, se necesitaba un estadista capaz de descubrir,
contabilizar y evaluar los incontables delitos contra la hacienda pública y la
economía nacional que hemos presenciado en el cuatrienio atroz del “presunto”,
galardonado además con su inclusión en la lista Clinton.
En cambio, el Senado, por unanimidad de los
partidos, eligió a Laverde, un personaje gris, tan impreparado como
insignificante, cuya experiencia ha sido la de largos y monótonos años como
secretario de alguna Comisión de esa Cámara, otro burócrata tan anodino y plegable
como el tal Eljach, actual y celestino procurador general de la nación.
Como si lo anterior fuera poco, Laverde se ha
comprometido a nombrar como vicecontralor general a un activista del Pacto
Histórico, lo que indica: 1. Que todos los hallazgos en relación con Petro
serán cubiertos por el manto del olvido, y 2. Que todas las iniciativas del
gobierno de Abelardo de la Espriella serán aviesamente escrutadas, obstaculizadas
y rechazadas…
Estos nombramientos traen a la memoria aquel popular
refrán campesino de que “Los gallinazos, de día, se pelean la carroña, pero
de noche duermen en la misma rama…”
.jpg)