Fredy Angarita
Cuando el sonido encuentra el alma
"¿Alguna vez se han
detenido a pensar —entró a decir Sinatra— cómo sería el mundo
sin una canción?... Sería un lugar bastante aburrido... Te da en qué pensar,
¿verdad?"
Gay
Talese
La física dice que el sonido es una onda que viaja por el
aire. El ser humano decidió llamarlo música cuando descubrió que esas mismas
ondas también podían mover recuerdos.
Porque la música no entra primero por los oídos, entra por
las emociones, hay sonidos que hacen mover los pies y otros que obligan a
cerrar los ojos.
En la primera imagen, la vibración parece vencer al hombre.
Cierra los ojos y deja que la música hable por él, en la segunda, la melodía
termina y vuelve la realidad, en la tercera, la ciudad continúa caminando como
si nada hubiera ocurrido.
Para muchos de nosotros, una canción termina convirtiéndose
en el mejor diario que existe. No porque relate nuestra vida con exactitud,
sino porque marca capítulos. Como cuando abrimos una página y, en lugar de
escribir una fecha, basta con recordar una melodía.
Miércoles, 10 de mayo.
Martes, 18 de noviembre.
No siempre recordamos el día exacto, pero sí la canción que
nos llevó hasta él, la música tiene esa extraña capacidad de transportarnos,
nos devuelve a una calle, a un abrazo, a una despedida, a una persona que ya no
está o a una versión de nosotros mismos que creíamos olvidada.
Los recuerdos funcionan igual. Pocas veces conservan la
fecha exacta; casi siempre conservan la emoción. Por eso el despecho, la
alegría, la nostalgia o la esperanza no tienen una frecuencia que pueda
medirse. Sin embargo, todos los hemos sentido alguna vez cuando una canción nos
encuentra justo en el momento indicado.
La ciudad escucha miles de sonidos cada día: motores,
conversaciones, vendedores ambulantes, televisores encendidos, pasos que se
cruzan sin mirarse, solo algunos de esos sonidos logran convertirse en música.
La diferencia no está en las ondas, está en el corazón que
las hace vibrar, porque el sonido es una vibración del aire.
La música... es la vibración del alma. Y entre una y otra
no hay solamente una guitarra, un piano o una voz, quizá por eso nadie recuerda
exactamente dónde escuchó por primera vez una gran canción. Lo que nunca olvida
es quién era cuando esa canción llegó a su vida.
Hay una vida entera convertida en acordes.

