jueves, 16 de julio de 2026

El día que una canción nos encontró

Fredy Angarita
Fredy Angarita

Cuando el sonido encuentra el alma

"¿Alguna vez se han detenido a pensar —entró a decir Sinatra— cómo sería el mundo sin una canción?... Sería un lugar bastante aburrido... Te da en qué pensar, ¿verdad?"

Gay Talese

La física dice que el sonido es una onda que viaja por el aire. El ser humano decidió llamarlo música cuando descubrió que esas mismas ondas también podían mover recuerdos.

Porque la música no entra primero por los oídos, entra por las emociones, hay sonidos que hacen mover los pies y otros que obligan a cerrar los ojos.

En la primera imagen, la vibración parece vencer al hombre. Cierra los ojos y deja que la música hable por él, en la segunda, la melodía termina y vuelve la realidad, en la tercera, la ciudad continúa caminando como si nada hubiera ocurrido.

Para muchos de nosotros, una canción termina convirtiéndose en el mejor diario que existe. No porque relate nuestra vida con exactitud, sino porque marca capítulos. Como cuando abrimos una página y, en lugar de escribir una fecha, basta con recordar una melodía.

Miércoles, 10 de mayo.

Martes, 18 de noviembre.

No siempre recordamos el día exacto, pero sí la canción que nos llevó hasta él, la música tiene esa extraña capacidad de transportarnos, nos devuelve a una calle, a un abrazo, a una despedida, a una persona que ya no está o a una versión de nosotros mismos que creíamos olvidada.

Los recuerdos funcionan igual. Pocas veces conservan la fecha exacta; casi siempre conservan la emoción. Por eso el despecho, la alegría, la nostalgia o la esperanza no tienen una frecuencia que pueda medirse. Sin embargo, todos los hemos sentido alguna vez cuando una canción nos encuentra justo en el momento indicado.

La ciudad escucha miles de sonidos cada día: motores, conversaciones, vendedores ambulantes, televisores encendidos, pasos que se cruzan sin mirarse, solo algunos de esos sonidos logran convertirse en música.

La diferencia no está en las ondas, está en el corazón que las hace vibrar, porque el sonido es una vibración del aire.

La música... es la vibración del alma. Y entre una y otra no hay solamente una guitarra, un piano o una voz, quizá por eso nadie recuerda exactamente dónde escuchó por primera vez una gran canción. Lo que nunca olvida es quién era cuando esa canción llegó a su vida.

Hay una vida entera convertida en acordes.