martes, 21 de julio de 2026

De cara al porvenir: acuerdo sobre lo fundamental (2 de 3)

Pedro Juan Gonzáles Carvajal
Pedro Juan Gonzalez Carvajal

Este artículo ha consultado varias fuentes entre ellas la IA.

El “acuerdo sobre lo fundamental” en el ámbito internacional: origen y evolución histórica del pacto mínimo entre Estados.

1. ¿Qué significa “acuerdo sobre lo fundamental” en el plano internacional?

Si internamente el “acuerdo sobre lo fundamental” busca pactar reglas intocables para que la política no derive en guerra civil, internacional el concepto refiere al conjunto de principios básicos que los Estados aceptan para evitar que la competencia geopolítica derive en guerra mundial.

No es un tratado específico. Es el “mínimo común denominador” del sistema internacional: aquellas normas que, incluso en medio del conflicto, la mayoría de los actores respeta porque romperlas implica poner en riesgo la existencia misma del sistema. Incluye: la soberanía Estatal, la prohibición de la conquista territorial por la fuerza, la inmunidad diplomática, la vigencia de los tratados, la protección de civiles en la guerra y la existencia de mecanismos para resolver disputas sin acudir a las armas.

El objetivo es el mismo que en lo nacional: sacar ciertos temas de la disputa diaria para que la política internacional sea “discutible” sin que el planeta sea “indiscutible”. Es el acuerdo que permite que haya rivales, pero no enemigos existenciales.

2. Origen histórico: de Westfalia a la ONU

La necesidad de un acuerdo fundamental entre potencias nace con la guerra moderna.

1. 1648, Paz de Westfalia: tras la Guerra de los Treinta Años, que mezcló religión y política, Europa estaba devastada. Westfalia no trajo paz perpetua, pero sí el primer “acuerdo fundamental”: cada Estado es soberano dentro de sus fronteras y no debe intervenir en los asuntos internos de otro. Se sacó la religión de la geopolítica. -Cuius regio, eius religio-. Fue el acta de nacimiento del Estado-nación moderno y del principio de no intervención. El sistema duró casi 300 años.

2. 1815, Congreso de Viena: después de Napoleón, las potencias europeas entendieron que las revoluciones y las conquistas ilimitadas ponían en riesgo a todas las monarquías. Pactaron un nuevo fundamental: el “equilibrio de poder” y la legitimidad dinástica. Ningún Estado debía ser tan fuerte como para dominar el continente. Se creó la Santa Alianza para intervenir si una revolución amenazaba el orden. Era un acuerdo conservador, pero evitó una guerra general en Europa por 99 años.

3. 1919, Sociedad de Naciones: la Primera Guerra Mundial rompió Westfalia y Viena. El nuevo intento de acuerdo fundamental fue el Pacto de la Sociedad de Naciones. Su núcleo: la guerra de agresión es ilegal y las disputas deben ir a arbitraje. Fracasó porque Estados Unidos no entró y porque no tenía fuerza para castigar a quien violara lo fundamental. Japón invadió Manchuria, Italia invadió Etiopía, Alemania invadió Polonia. El sistema colapsó.

4. 1945, Carta de las Naciones Unidas: tras 60 millones de muertos, el mundo reescribió lo fundamental. La Carta de la ONU es hoy el texto más cercano a un “acuerdo sobre lo fundamental” global. Sus principios intocables están en el Artículo 2:

* Igualdad soberana de los Estados.

* Prohibición del uso de la fuerza contra la integridad territorial o independencia política de otro Estado.

* Arreglo pacífico de controversias.

* No intervención en asuntos internos.

* Cumplimiento de buena fe de las obligaciones.

A esto se sumaron los Convenios de Ginebra de 1949: incluso en guerra hay mínimos. No se mata a prisioneros, no se ataca hospitales, no se usan armas químicas. Se sacó a los civiles de la lógica del “todo vale”.

4. Evolución histórica: del consenso de posguerra a la crisis actual

El acuerdo sobre lo fundamental no es estático. Ha tenido tres grandes etapas desde 1945:

Etapa 1: Guerra Fría, 1947-1991. Lo fundamental como “líneas rojas”. Estados unidos y la URSS se odiaban, pero pactaron mínimos para no destruirse.

Lo fundamental fue:

a. No usar armas nucleares. Doctrina de destrucción mutua asegurada.

2. No invadir el territorio central del otro. Europa se dividió, pero se respetó.

3. Control de armas: Tratados SALT, ABM, INF.

4. Respetar esferas de influencia. La crisis de los misiles en Cuba de 1962 casi rompe el acuerdo, pero se logró porque ambas partes entendieron que había un fundamental: sobrevivir.

El sistema bipolar funcionó porque, aunque competían en todo, acordaron no jugarse la existencia.

Etapa 2: Unipolaridad, 1991-2008. La ampliación de lo fundamental. Con la caída de la URSS, Estados Unidos impulsó la idea de que “lo fundamental” incluía también democracia, derechos humanos y libre mercado. Se crearon tribunales internacionales, se intervino en Kosovo, en 1999, “por razones humanitarias”, se firmó el Estatuto de Roma y la Corte Penal Internacional. El Consejo de Seguridad autorizó misiones para proteger civiles.

El riesgo fue que al ampliar lo fundamental, se volvió discutible. China y Rusia empezaron a decir que la democracia y los derechos humanos no eran “fundamentales” sino “valores occidentales”. El acuerdo empezó a agrietarse.

Etapa 3: Multipolaridad y crisis, 2008-actual. Lo fundamental en disputa. Tres hechos rompieron el consenso de posguerra:

1. 2008, Georgia y 2014, Crimea: Rusia violó la prohibición de anexión por la fuerza, pilar de la Carta de la ONU desde 1945. Alegó “protección de minorías” y “esferas de interés”.

2. 2003, Irak: Estados Unidos. invadió sin autorización del Consejo de Seguridad, debilitando la idea de que el uso de la fuerza requiere consenso.

3. 2022, invasión a Ucrania: Se atacó directamente el principio de integridad territorial. Occidente respondió que eso sí era “lo fundamental”. El Sur Global respondió que “lo fundamental” también es no tener dobles raseros con Palestina o Yemen.

Hoy el acuerdo sobre lo fundamental está en revisión. Hay dos visiones:

* Occidente: lo fundamental es la Carta de la ONU, más democracia, más derechos humanos.

* China, Rusia y parte del Sur Global: lo fundamental es soberanía, más no intervención, más desarrollo. Los valores políticos internos no son fundamentales.

A eso se suma que nuevos temas piden entrar a “lo fundamental”: cambio climático, IA, pandemias, espacio ultraterrestre. ¿Se puede usar un ciberataque para apagar la red eléctrica de otro país? ¿Es lícito poner armas en el espacio? No hay acuerdo todavía.

5. ¿Qué queda hoy de lo fundamental?

A pesar de la crisis, tres núcleos siguen vigentes porque nadie gana rompiéndolos:

1. No guerra nuclear: 80 años sin uso. Sigue siendo la línea roja máxima.

2. Comercio global: incluso en guerra, Estados Unidos y China comercian $700 mil millones al año. La OMC y los tratados siguen operando.

3. Diplomacia: se rompen relaciones, pero se mantienen embajadas, canales de fondo y la ONU como foro. Hasta en la guerra de Ucrania, el acuerdo de granos del Mar Negro mostró que hay mínimos de cooperación.

Lo que está en disputa es si “lo fundamental” incluye el tipo de régimen interno. Ahí no hay consenso y esa es la grieta del siglo XXI.

6. Conclusión: un acuerdo en reconstrucción

El “acuerdo sobre lo dundamental” internacional nació de la catástrofe. Cada guerra mundial obligó a las potencias a pactar mínimos para no repetirse. Westfalia sacó la religión de la guerra. Viena sacó la revolución. La ONU sacó la conquista.

Hoy el desafío es si podemos pactar nuevos mínimos antes de una catástrofe: sobre IA militar, sobre clima, sobre desinformación. Si no, corremos el riesgo de volver a 1914: un mundo hiperconectado, pero sin reglas básicas compartidas.

El acuerdo sobre lo fundamental no garantiza la paz ni la justicia. Solo garantiza que la competencia no nos mate a todos. Es el piso, no el techo. Y como todo piso, si se agrieta, el edificio entero está en riesgo. La tarea de esta generación es remendarlo, no darlo por hecho.