José Alvear Sanín
Casi
todos los columnistas repetimos el listado de horrores que deja el gobierno
saliente. Nunca una nueva Presidencia ha asumido un desastre comparable, y a
medida que pasen los días se descubrirán más desórdenes, chanchullos,
desfalcos, peculados, despilfarro, sobornos y demás delitos asociados a la
inocultable corrupción de esos cuatro años.
Colombia
fue descuadernada. Cerca de 400 000 Km2 fueron entregados a
guerrillas, combos, mingas y narcos. Por doquier campea el crimen. Ejército
desmantelado. Policía neutralizada. Espacio aéreo en poder de los drones de la
subversión…
No
debo seguir con ese interminable inventario, porque considero que ha llegado el
momento de dejar de escribir sobre el horror que todos de sobra conocemos, para
hacer tres reconocimientos:
1.
Que Petro fue un revolucionario muy exitoso. Se propuso demoler el país y lo
logró. Se va frustrado porque el pan se le quemó en la boca electoral del
horno.
2.
Que la tarea descomunal de Abelardo exige un esfuerzo sobrehumano, hasta para
un equipo excepcional como el que lo rodea.
3.
Que recuperar a Colombia para que la Constitución y la Ley retornen a todo el
territorio y a las administraciones ejecutiva y judicial, es una tarea que
exige el concurso generoso y patriótico de todos los que aborrecemos el
gobierno como ejercicio criminal al servicio de la revolución.
Como
nunca ha sido más imperativo rodear al heroico y legítimo gobierno venidero, es
inconcebible que pasado el susto del 21 de junio y antes del 7 de agosto, ya
políticos profesionales —de la componenda, la marrulla y los
“consensos”—empiecen a sabotearlo.
Quiero
creer que esos tales son unos pocos, destituidos del poder por un electorado
que ya los repudió, y que las mayorías del nuevo Congreso actuarán con
patriotismo y honestidad…
Del
éxito del nuevo gobierno depende el futuro venturoso de Colombia. Su fracaso,
en cambio, nos obligaría a repetir, dentro de cuatro años, el caos preparatorio
de la revolución comunista.
El
20 de enero de 1961, en su discurso inaugural, el presidente Kennedy dijo: “No
pregunten por lo que el país puede hacer por ustedes; pregunten qué pueden
hacer ustedes por el país”.
Ha
llegado finalmente el momento en el que los políticos colombianos deben dejar
de preguntar a Abelardo por los ministerios, embajadas y contratos de siempre,
y en cambio ofrecerle toda la necesaria y desinteresada colaboración que
requiere para salvar la patria.
Para
siempre hay que dejar atrás los juegos clientelistas de los manzanillos
profesionales, porque nada hay más inmoral en este momento que poner palos en
la rueda a un gobierno que representa la última oportunidad para Colombia.
.jpg)