Fredy Angarita
La historia cuenta que Cristóbal Colón solo pasó unos días en Puerto Rico para abastecerse y continuar su viaje hacia Fuerte Navidad, en Haití, considerado el primer asentamiento europeo en el Nuevo Mundo. Fue el 19 de noviembre de 1493, durante su segundo viaje. Desembarcó en la costa occidental de la isla, cerca de la actual Aguada o Aguadilla, y la bautizó como San Juan Bautista.
Su verdadero
colonizador fue Juan Ponce de León, quien llegó en 1508 y se convirtió en el
primer gobernador de la isla. Eso es lo que cuentan los libros.
Como a mí
siempre me han gustado los mitos urbanos, prefiero detenerme en otro relato.
Dicen que Juan
Ponce de León llegó buscando la fuente de la eterna juventud; la historia nunca
pudo demostrarlo del todo, pero el mito tomó fuerza después de su muerte y fue
alimentado por los relatos del cronista Hernando de Escalante Fontaneda.
Comparto esta
pequeña introducción porque este año se cumplen 533 años del descubrimiento de
Puerto Rico.
No sé si Juan
Ponce de León encontró la fuente de la eterna juventud, lo que sí me quedó
claro es que Puerto Rico parece vivir dentro de ella.
Aunque a su
capital la llamen el "Viejo" San Juan, de vieja tiene muy poco. Basta
recorrer sus calles para entenderlo. Sus murallas parecen desafiar el tiempo;
el Castillo San Cristóbal continúa vigilando el Atlántico; la Calle del Cristo
sigue conservando su encanto; y la Iglesia de San José, una de las más antiguas
de América, construida en 1532, permanece como testigo silencioso de más de
cinco siglos de historia.
Mientras
caminaba por sus calles pensé que, si hoy Juan Ponce de León regresara,
probablemente sonreiría.
Y diría:
—Sí, encontré
la fuente de la eterna juventud.
Hay ciudades
que envejecen con los años, y hay otras, como Puerto Rico, que aprendieron a
rejuvenecer con la memoria.
Hermoso lugar.

