José Leonardo Rincón, S. J.
No
propiamente en bicicleta. Será en tren que, por cierto, aquí funcionan
maravillosamente en una verdadera red ferroviaria que incluye máquinas de ritmo
tradicional pero también los de alta velocidad. A propósito, me dio nostalgia
del tren colombiano que alcancé a disfrutar varias veces (el Expreso del Sol o
en el que uno bajaba a Girardot) y que los transportadores de carga erradicaron.
“¡Que su carga vaya en tren!” Fue la postrera invitación que nos hicieron y que
no funcionó ante tamaña ofensiva de tractomulas y camiones.
Ya
estoy en Madrid. Aquí todo luce y media ciudad está bloqueada porque ya llega León
XIV. Se esperan muchedumbres colmando el paseo de la Castellana y el Santiago
Bernabéu. Para que no hubiera colapso total decidimos que él llegaría mañana.
Luego nos veremos en Barcelona, pero de eso ya les contaré en ocho días.
Aquí
estoy, pues, en mi primera estación. Disfrutando de mis vacaciones, de este
país hermoso, de su capital tranquila y cada vez más grande y, por supuesto, de
la compañía de mis familiares y amigos, porque como lo dejé bien claro, no
vengo a hacer turismo sino a conversar con esos seres queridos que hacía tiempo
no veía. Ya hoy cumplí ese propósito al encontrarme con Pablo, exalumno
ignaciano y hoy día financiero en importantes entidades y luego con Andrea, amiga
que participaba en mis eucaristías de La Soledad. Por cierto, me estoy quedando
donde Álvaro, compañero de clases en mis tiempos de filosofía, hoy doctor de la
Complutense y presidente de una ONG que apoya a inmigrantes. Mañana será un día
con él para “adelantar cuaderno” y ver qué se puede hacer frente al cierre que
mi tocayo Leo ha generado y que se suma a la que hiciera el conejito malo con
sus conciertos y el suscrito con su periplo de vacancia (¡ojo! que no vagancia).
En
nuestro próximo capítulo les hablaré de la ruta: Zaragoza – Barcelona –
Valencia, donde les contaré de la iglesia del Pilar, la misma que fue primero
sinagoga y luego mezquita antes de ser catedral. También de mi encuentro con
Leo, las ordenaciones presbiterales, la inauguración de la Torre de Jesús en la
Sagrada Familia y la estancia en tierras valencianas, las mismas de las
deliciosas naranjas y exquisitos arroces y paellas. ¡Hasta pronto!
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