Fredy Angarita
En este momento es difícil no hablar de la
situación del país y de la campaña electoral que estamos viviendo. Estamos
divididos, juzgándonos unos a otros. Desde que me interesan los procesos
democráticos, no recuerdo haber visto uno como el actual.
Crecí con la idea de que los políticos
colombianos parecían haber aprendido una vieja lección de los romanos:
"Pan y circo para el pueblo" (panem et circenses).
Quizá por eso siempre me llamó la atención una
coincidencia recurrente. Cuando el país debía tomar decisiones importantes en
el ámbito político, muchas veces estas parecían coincidir con los Juegos Olímpicos
o Mundiales de Fútbol. Durante años, eso alimentó el mito de que el
entretenimiento servía para distraer a los ciudadanos de los asuntos
verdaderamente importantes.
Hoy lo llamo mito porque no creo que la FIFA
piense en la distracción de los colombianos cuando organiza un mundial. Sin
embargo, la coincidencia existe y vale la pena recordarla.
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Año |
Presidente electo |
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1958 |
Alberto Lleras Camargo |
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1962 |
Guillermo León Valencia |
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1966 |
Carlos Lleras Restrepo |
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1970 |
Misael Pastrana Borrero |
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1974 |
Alfonso López Michelsen |
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1978 |
Julio César Turbay Ayala |
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1982 |
Belisario Betancur Cuartas |
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1986 |
Virgilio Barco Vargas |
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1990 |
César Gaviria Trujillo |
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1994 |
Ernesto Samper Pizano |
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1998 |
Andrés Pastrana Arango |
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2002 |
Álvaro Uribe Vélez |
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2006 |
Álvaro Uribe Vélez |
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2010 |
Juan Manuel Santos Calderón |
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2014 |
Juan Manuel Santos Calderón |
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2018 |
Iván Duque Márquez |
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2022 |
Gustavo Petro Urrego |
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2026 |
? |
En total, diecisiete elecciones presidenciales
colombianas han coincidido con años mundialistas, desde 1958 hasta 2026.
Desde 1994 hasta 2018, las segundas vueltas
presidenciales se realizaron prácticamente al mismo tiempo que la fase de
grupos o los primeros cruces de los mundiales. En 2026 vuelve a ocurrir: la
eventual segunda vuelta presidencial se celebrará el 21 de junio, en pleno mundial.
Si se observan las campañas presidenciales que
coincidieron con los mundiales, aparece una especie de evolución simbólica:
•
Entre 1958 y 1986 se votaba principalmente por el partido.
•
Entre 1990 y 2002 se votaba contra el miedo.
•
Entre 2006 y 2018 se votaba por la imagen del líder.
• Entre 2022 y 2026 se vota por relatos,
emociones y algoritmos.
Después de hacer este pequeño recorrido, me doy
cuenta de que la campaña actual es una de las más desgastantes a nivel social.
No solo por las propuestas o los candidatos, sino por los relatos que
construye, las emociones que despierta y los algoritmos que amplifican cada
discusión.
Todos nos estamos dividiendo. Al fin y al cabo,
es algo que nosotros mismos hemos construido.
Mientras tanto, el país sigue mirando dos
pantallas: una donde rueda un balón y otra donde se disputa el poder. En ambas
se promete la victoria. En ambas se alimenta la esperanza colectiva. Y en
ambas, cada cuatro años, millones de colombianos terminan preguntándose si esta
vez sí cambiará el resultado.
Entonces recuerdo una frase de José Eustasio
Rivera en La Vorágine:
"¿No crees, Alicia, que vamos huyendo de
un fantasma cuyo poder se lo atribuimos nosotros mismos? ¿No sería mejor
regresar?"
A veces pienso que esa pregunta sigue vigente.
Porque en Colombia, cada cuatro años, se cruzan
dos rituales colectivos capaces de movilizar emociones masivas: la esperanza
política y la pasión futbolera. Mientras unos votan por el futuro del país,
otros miran una pantalla esperando un gol.
Tal vez el verdadero punto de encuentro entre
las elecciones y los mundiales no sea el calendario.
Es la esperanza, esa terquedad tan colombiana
de creer que el próximo gobierno sí resolverá lo que los anteriores no
pudieron. La misma que nos hace pensar que el próximo partido sí terminará en
celebración. Y aunque la historia nos obligue a ser prudentes, cada cuatro años
volvemos a intentarlo. Quizá porque un país también se construye con sus
esperanzas. Incluso con aquellas que nunca llegan a cumplirse.
