Rafael Uribe Uribe
Nos
encontramos en una encrucijada política donde existen dos alternativas, una
comunista radical, estatista, demoledora de la economía y la empresa privada
cuyo candidato fue entrenado en como perpetuarse en el poder en Bulgaria. La
otra, son defensores de la democracia, la propiedad privada y las empresas que
generan empleo riqueza y bienestar. En esta, hay dos candidatos, Abelardo de la
Espriella y Paloma Valencia, que compiten entre sí. El sector comunista acude a
las urnas con un solo candidato y una narrativa populista, mientras el sector
democrático llega dividido poniendo en peligro que los sueños del país se
entreguen al adversario.
El escenario
petrista está marcado por la incertidumbre, la presión sobre las instituciones
y el cansancio de una ciudadanía que ha ignorado mirar al espejo que tenemos en
Cuba, Nicaragua y Venezuela. Así, la división se convierte en un acto de
irresponsabilidad histórica; debe reconocer que, ante un proyecto político
disciplinado, la estrategia debe ser la unión y la responsabilidad es llegar a
la primera vuelta electoral con una candidatura única capaz de infundir
principios de democracia liberal, economía abierta, seguridad ciudadana y
respeto institucional.
Cada voto
disperso es uno perdido, y una candidatura con opciones precarias representa un
regalo para el adversario. Mantener dos aspiraciones similares diluye las
posibilidades cuando lo que necesitamos es una voz unificada capaz de enfrentar
un proyecto político extremadamente peligroso que ha sabido unirse.
La
responsabilidad recae directamente sobre Abelardo, Paloma y el expresidente
Uribe que deben interpretar las encuestas con rigor, escuchar a sus equipos con
serenidad y entender la grandeza política que, en ocasiones como esta, consiste
en saber dar oportunamente un paso al costado.
Solo si
Abelardo y Paloma convergen alrededor de una candidatura única y robusta evitarían
lamentar su incapacidad para actuar con sentido de país. El tiempo está de su
lado, pero no es abundante. La unidad no es simbólica, sino la estrategia capaz
de impedir que avancemos hacia un modelo mordaz para el futuro de la patria.
Abelardo de la
Espriella y su fórmula vicepresidencial han logrado consolidar una ventaja en
las encuestas, reflejando el respaldo de un sector importante del electorado
que busca estabilidad y garantías institucionales y, Paloma, va mejorando la
tendencia y el respaldo de la maquinaria política.
La fortaleza
de Iván Cepeda radica en el apoyo y gastos desmedidos del Gobierno interesado
en dejar a su sucesor en el poder, y otros aportes de procedencia desconocida.
Los topes de campaña nada importan, la Comisión de Acusaciones es inútil como
lo vimos en este Gobierno y en el de Ernesto Samper.
El Rincón de Dios
“Dios nos llama a
ser uno; solo en la unidad hallamos la fuerza para defender el bien común.” Anónimo
