miércoles, 22 de abril de 2026

Un estoico a la Presidencia

Luis Alfonso García Carmona
Luis Alfonso García Carmona

Por estoico entendemos un seguidor del estoicismo, un filósofo estoico. Pero ¿en qué consiste esta filosofía? Es una filosofía de vida que busca el florecimiento humano, la eudaimonia, (algo similar a la felicidad) con tres acciones fundamentales: a) Asumir la responsabilidad frente a las dificultades en la vida; b) Centrarnos en lo que podemos controlar (nuestras opiniones, acciones, decisiones y motivaciones, así como nuestro carácter); c) Vivir con excelencia o bondad, con areté. Seguir para ello las cuatro virtudes: la sabiduría, la justicia, el coraje y la templanza, en la propia vida y en las relaciones con los demás. Así conseguiremos la felicidad y la paz interior que acarrean consigo el florecimiento humano.

Si aplicásemos estas enseñanzas a la solución de los enormes conflictos sociales, económicos y políticos que atraviesa nuestra sociedad, concluiríamos que se requiere al frente del Estado un seguidor de esta práctica y beneficiosa filosofía de vida. Alguien que, en lugar de conformarse con el pasado, esté dispuesto a asumir la enorme responsabilidad de romper con las viejas estructuras y proponer una idea tan seductora como la de construir la “patria milagro” a la que los colombianos hemos aspirado. Necesitamos un líder que no se atemorice ante las calumnias y la guerra sucia ni ante las amenazas contra su vida, que intentan sus opositores para impedir su llegada al poder. La gravedad de la crisis que afrontamos requiere de un hombre sabio en el manejo de conflictos, exitoso en la organización de empresas para superar el déficit fiscal y conocedor de las normas constitucionales, todo lo cual le permita gobernar con sabiduría. Respetuoso de la ley y justo en el trato a los demás. Dotado del suficiente coraje para enfrentar a un régimen totalitario y corrupto dispuesto a ejercer todas las formas de lucha para perpetuarse en el poder, y a sus aliados, los grupos de ilegales, narcoguerrilleros, guardias indígenas ilegales y vándalos. Que gobierne con templanza, sin excesos, sin instintos egoístas ni alocados apasionamientos, pensando sólo en el bien de la patria y en el de sus gobernados.

La verdad es que entre nuestra clase dirigente y, en especial, entre quienes se han considerado aptos para ejercer la presidencia en los actuales momentos oscuros de la patria, no encontramos ninguno que se ajuste más a los requerimientos del estoicismo para convertir las dificultades en oportunidades de crecimiento personal y social, que Abelardo de la Espriella. En varias oportunidades se ha definido a sí mismo como un estoico y así lo ha demostrado con la sabiduría suficiente para crear en pocos meses un movimiento que ha superado a las vetustas estructuras políticas y socavado las pretensiones absolutistas de la izquierda para atornillarse en el poder. Ante la ruindad y bajeza de que ha sido objeto por parte de sus adversarios políticos, ha respondido con altura, ignorando las calumniosas agresiones y manteniendo incólume su posición de que sólo reconoce como enemigos a Petro, Cepeda y sus cómplices. Su contundente mensaje a los criminales, narcoterroristas, corruptos e inmorales detentadores del poder revela un absoluto coraje que garantiza en su gobierno mano dura contra el crimen y protección de los colombianos de bien. Frente a la demencial gestión pública que padecemos y la subversión de la escala de valores que ha salido a flote en la sucia campaña en su contra, continúa impertérrito y con templanza su misión, acompañado de millones de afiliados al movimiento “Defensores de la Patria”.

Nos recuerda al emperador Marco Aurelio, quien, siendo un filósofo estoico, gobernó al imperio más grande de su época con justicia y templanza en medio de las peores dificultades: invasiones de los bárbaros, una monstruosa pandemia, la muerte de sus seres queridos, la traición de su mejor amigo y su propio sacrificio, al entregarse a la defensa de Roma sin ser militar y padeciendo una precaria salud que lo llevó a la tumba. En todo esos años sólo lo sostuvo el afianzamiento del estoicismo como filosofía de vida, que plasmaba en un diario, rescatado a su muerte y publicado bajo el título de Meditaciones.

Vale la pena reflexionar en estos pensamientos contenidos en esa obra sin par:

“Soy afortunado, porque, a causa de lo que me ha ocurrido, persisto hasta el fin sin aflicción, ni abrumado por el presente ni asustado por el futuro”.

“Quienes no siguen con atención los movimientos de su propia alma, fuerza es que sean desdichados”.

“No es lícito oponer al bien de la razón y de la convivencia otro bien de distinto género, como, por ejemplo, el elogio de la muchedumbre, cargos públicos, riqueza o disfrute de placeres”.