Luis Alfonso García Carmona
Por estoico entendemos
un seguidor del estoicismo, un filósofo estoico. Pero ¿en qué consiste esta
filosofía? Es una filosofía de vida que busca el florecimiento humano, la
eudaimonia, (algo similar a la felicidad) con tres acciones fundamentales: a)
Asumir la responsabilidad frente a las dificultades en la vida; b) Centrarnos
en lo que podemos controlar (nuestras opiniones, acciones, decisiones y
motivaciones, así como nuestro carácter); c) Vivir con excelencia o bondad,
con areté. Seguir para ello las cuatro virtudes: la sabiduría, la
justicia, el coraje y la templanza, en la propia vida y en
las relaciones con los demás. Así conseguiremos la felicidad y la paz interior
que acarrean consigo el florecimiento humano.
Si aplicásemos estas
enseñanzas a la solución de los enormes conflictos sociales, económicos y
políticos que atraviesa nuestra sociedad, concluiríamos que se requiere al
frente del Estado un seguidor de esta práctica y beneficiosa filosofía de vida.
Alguien que, en lugar de conformarse con el pasado, esté dispuesto a asumir la
enorme responsabilidad de romper con las viejas estructuras y proponer una idea
tan seductora como la de construir la “patria milagro” a la que los
colombianos hemos aspirado. Necesitamos un líder que no se atemorice
ante las calumnias y la guerra sucia ni ante las amenazas contra su vida, que
intentan sus opositores para impedir su llegada al poder. La gravedad de la
crisis que afrontamos requiere de un hombre sabio en el manejo de
conflictos, exitoso en la organización de empresas para superar el
déficit fiscal y conocedor de las normas constitucionales, todo lo cual
le permita gobernar con sabiduría. Respetuoso de la ley y justo
en el trato a los demás. Dotado del suficiente coraje para enfrentar a
un régimen totalitario y corrupto dispuesto a ejercer todas las formas de lucha
para perpetuarse en el poder, y a sus aliados, los grupos de ilegales,
narcoguerrilleros, guardias indígenas ilegales y vándalos. Que gobierne con
templanza, sin excesos, sin instintos egoístas ni alocados apasionamientos,
pensando sólo en el bien de la patria y en el de sus gobernados.
La verdad es que entre nuestra
clase dirigente y, en especial, entre quienes se han considerado aptos para
ejercer la presidencia en los actuales momentos oscuros de la patria, no
encontramos ninguno que se ajuste más a los requerimientos del estoicismo para
convertir las dificultades en oportunidades de crecimiento personal y social,
que Abelardo de la Espriella. En varias oportunidades se ha definido a sí
mismo como un estoico y así lo ha demostrado con la sabiduría suficiente
para crear en pocos meses un movimiento que ha superado a las vetustas
estructuras políticas y socavado las pretensiones absolutistas de la izquierda
para atornillarse en el poder. Ante la ruindad y bajeza de que ha sido objeto
por parte de sus adversarios políticos, ha respondido con altura, ignorando las
calumniosas agresiones y manteniendo incólume su posición de que sólo
reconoce como enemigos a Petro, Cepeda y sus cómplices. Su contundente
mensaje a los criminales, narcoterroristas, corruptos e inmorales detentadores
del poder revela un absoluto coraje que garantiza en su gobierno mano dura
contra el crimen y protección de los colombianos de bien. Frente a la
demencial gestión pública que padecemos y la subversión de la escala de valores
que ha salido a flote en la sucia campaña en su contra, continúa impertérrito y
con templanza su misión, acompañado de millones de afiliados al movimiento “Defensores
de la Patria”.
Nos recuerda al
emperador Marco Aurelio, quien, siendo un filósofo estoico, gobernó al
imperio más grande de su época con justicia y templanza en medio de las peores
dificultades: invasiones de los bárbaros, una monstruosa pandemia, la muerte de
sus seres queridos, la traición de su mejor amigo y su propio sacrificio, al
entregarse a la defensa de Roma sin ser militar y padeciendo una precaria salud
que lo llevó a la tumba. En todo esos años sólo lo sostuvo el afianzamiento del
estoicismo como filosofía de vida, que plasmaba en un diario, rescatado a su
muerte y publicado bajo el título de Meditaciones.
Vale la pena
reflexionar en estos pensamientos contenidos en esa obra sin par:
“Soy afortunado,
porque, a causa de lo que me ha ocurrido, persisto hasta el fin sin aflicción,
ni abrumado por el presente ni asustado por el futuro”.
“Quienes no siguen con
atención los movimientos de su propia alma, fuerza es que sean desdichados”.
“No es lícito oponer al
bien de la razón y de la convivencia otro bien de distinto género, como, por
ejemplo, el elogio de la muchedumbre, cargos públicos, riqueza o disfrute de
placeres”.
