miércoles, 15 de abril de 2026

Seguridad y justicia exigimos los colombianos

Luis Alfonso García Carmona
Luis Alfonso García Carmona

No es necesario realizar ningún análisis para concluir que somos un estado dominado por el narcotráfico y la delincuencia organizada. Eso está diagnosticado desde hace tres quinquenios y nada se ha hecho para desmontarlo. Por el contrario, con el espurio acuerdo de La Habana que nos vendió el dueto FARC-Santos, claudicamos ante la criminalidad; nos robaron el plebiscito y no protestamos. De allí en adelante nos impusieron una subversión total de los valores, premiando a los victimarios con curules gratis en el Congreso y toda clase de beneficios políticos y económicos. Las víctimas, cuya reparación era supuestamente el objetivo central del humillante pacto, fueron ignoradas y revictimizadas por los de siempre, por los detentadores del poder que siempre están en el Gobierno, pero nunca están con sus gobernados. Se inventaron un costosísimo sucedáneo de la justicia denominado la JEP para revestir de impunidad la barbarie cometida por las FARC en seis décadas, y perseguir a los soldados y policías, héroes de la patria, para sacrificarlos en este holocausto de maldad y perversión consentido por las élites políticas de siempre. Por eso no es de extrañar que quien aspira a la vicepresidencia por el grupo de los de siempre, el señor Oviedo, defienda la JEP, el acuerdo de La Habana y la prolongación de inútiles diálogos con los guerrilleros, enmascarando esa política de alcahuetería con el crimen bajo la justificación del gobierno con los “diferentes”.

¿De verdad creen los colombianos que se puede devolver la seguridad designando a una de las criminales más crueles de las FARC como parte de la Comisión de Derechos Humanos, como lo acaban de aprobar en el Congreso? O, ¿acaso podemos estar de acuerdo con las expresiones de admiración de la candidata Paloma por la vicepresidenta Francia Márquez y por la candidata a la vicepresidencia, vinculadas con los que continúan atentando contra la seguridad de los colombianos?

Contrasta esa pacata actitud con las contundentes y valerosas propuestas del candidato Abelardo de la Espriella en materia de seguridad:

a. No habrá ninguna negociación con los criminales durante su gobierno. Los delincuentes deberán someterse a la justicia o se enfrentarán a la acción de la fuerza pública. Una consecuencia inmediata deberá ser la revocatoria de la impunidad otorgada por Petro a los llamados gestores de paz para que no puedan ser capturados y de los beneficios a los vándalos de la Primera Línea supuestamente para que dejen de delinquir;

b. Fortalecimiento de la fuerza pública, modernizando su inteligencia, equipos y armamento. Colombia restablecerá relaciones con el Estado de Israel, aliado tradicional como proveedor de elementos y estrategias para control del terrorismo;

c. Colombia se unirá y liderará el Escudo de las Américas y acordará con Ecuador una lucha conjunta en la frontera contra el narcoterrorismo;

d. Se compromete Abelardo a destruir 330.000 hectáreas de coca, que sirven de combustible para la actividad delincuencial y el terrorismo;

e. Iniciará una guerra a fondo contra la extorsión en campos y ciudades que afecta hasta los más humildes empresarios; se organizará un bloque de búsqueda contra la extorsión;

f. Se cuidará a los habitantes de los barrios de la acción de los facinerosos y se vigilarán parques y zonas deportivas para evitar el comercio de estupefacientes;

g. Abelardo liderará un frente común contra la criminalidad integrado por la fuerza pública, los veteranos y la ciudadanía de bien para combatir entre todos a la perversión de los criminales;

h. Las cárceles dejarán de ser centros para extorsionar a la población y se construirán 10 megaprisiones donde los reos carecerán de comunicación con el exterior y trabajarán para ganar su sustento. Se contratarán concesionarios civiles para la construcción y administración de las cárceles y se eliminará el INPEC que será reemplazado por un cuerpo de veteranos bajo el control de las Fuerzas Armadas;

i. Se priorizarán los derechos fundamentales de los ciudadanos de bien sobre los derechos de los delincuentes. La “Patria milagro” deberá ser, ante todo, segura, y deberá garantizar la convivencia tranquila de los ciudadanos y el respeto por su propiedad privada.

Reflexionemos con detenimiento sobre esta histórica coyuntura que enfrentamos. Por primera vez está en nuestras manos decidir si continuamos viviendo bajo la tiranía de los criminales y de quienes anunciaron que radicalizaran las reformas de Petro para conducirnos al totalitarismo comunista o si, por el contrario, aprovechamos la unidad del pueblo bajo la bandera de los “Defensores de la Patria”. No caigamos en la ingenuidad de creer en quienes no buscan cambiar el sistema de corrupción e inseguridad que nos mantiene atrapados, sino seguir medrando a su sombra como siempre lo han hecho. ¿Por ventura habrá todavía quien crea que la violencia desatada que ataca a la fuerza pública con enjambres de drones, y a la población civil con masacres y minas, puede ser derrotada por un gobierno cuyo vicepresidente se opone a toda medida de orden? ¿Puede actuar con independencia y con la necesaria contundencia una presidente que negocia votos por el apoyo de representantes de las viejas y desacreditadas clases políticas (como el santismo) y luego tendrá que integrarlos a su gabinete?

No es la hora de actuar movidos por simpatías o antipatías personales ni de dejar que manipulen tu decisión. El derecho a elegir es solamente tuyo, no de los encuestadores, ni de los publicistas, ni de los encantadores de serpientes. Ni de los llamados “influencers”. Tú eres el soberano, el dueño de tu voto. No permitas que tu “voto de opinión” nacido de la reflexión y del raciocinio para buscar el mejor hombre para la dirección del Estado, lo conviertan en un voto esclavo de mezquinas aspiraciones y patrañas electoreras.