martes, 31 de marzo de 2026

Tres visiones de la campaña a la Presidencia

Luis Alfonso García Carmona

Luis Alfonso García Carmona

Desde el inicio de la recta final en la competencia por alcanzar el solio de Bolívar, se perfilan tres perfiles o siluetas de las tres campañas con opción real de alcanzar la meta.

De un lado, Iván Cepeda, el candidato del régimen y de los grupos violentos de las FARC  y del ELN, se limita a seguir sembrando odio contra quienes no compartimos la prolongación del régimen de extrema izquierda, que ha condenado al país a la miseria, al déficit fiscal y a un general deterioro moral e institucional. Sabe que su discurso de lucha de clases, de victimización de sus partidarios y de tergiversación de la historia para focalizar el resentimiento en los supuestos enemigos del pueblo creados desde su perspectiva comunista, afianzará el respaldo de unas colectividades fanatizadas. Al fin de cuentas, la campaña se la está haciendo el propio gobierno mediante la destinación de billones de pesos del presupuesto, la utilización de la todopoderosa maquinaria del Estado, y la fuerza coercitiva de los grupos criminales en las zonas donde mantienen su nociva influencia.

No se puede ignorar que medida eminentemente populistas como el alza desmesurada del salario mínimo influye en la decisión final de quienes se benefician de ella, aunque sabemos de antemano que el crecimiento de la inflación y la reducción de empleos formales harán desparecer muy pronto el espejismo fugaz del aumento.

Ha optado el candidato de la guerrilla por no someterse a debates públicos con otros candidatos, entre otras razones, por la dificultad para defender un gobierno tan dañino y torpe como el de su padrino Petro. No tiene otra propuesta distinta a las de gobernar de acuerdo con su formación comunista y profundizar en las reformas iniciadas por su camarada. El comunismo, como se sabe, no ha producido beneficio alguno  en los países donde ha ejercido el poder: en cambio sí es responsable de la muerte, por violencia o por hambrunas, de más 100 millones de habitantes, más que cualquier otro movimiento político en la historia de la humanidad. En Colombia, donde apenas hace menos de 4 años se viene intentando implantar el sistema comunista ya ha roto todos los récords de corrupción, déficit fiscal, crecimiento de la deuda pública, reducción de las exportaciones, disminución de las inversiones nacionales y extranjeras, aumento del gasto público, elevación de los impuestos. ¿Cómo defender un gobierno con semejante palmarés?

Pasando a Paloma Valencia, candidata del partido Centro Democrático, quien decidió unirse a la consulta organizada por varios personajes de la vieja politiquería con escaso respaldo electoral, encontramos el siguiente panorama: Su afiliación a la consulta representó un crecimiento inusitado de sus opciones que, prácticamente, no eran significativas. Ahora cuenta con un respaldo mayor que la colocan a las puertas de pasar a la segunda vuelta.

Pagó un precio muy alto por esta jugada electoral. Eligió como candidato a la Vicepresidencia a un miembro de la consulta de orientación izquierdista, partidario de la JEP y del espurio acuerdo de La Habana, defensor de la ideología de género y de su enseñanza a los menores de edad, abortista, enemigo de castigar a los vándalos de la Primera Línea porque considera que no son delincuentes y amigo de continuar con los diálogos de paz en lugar de la aplicación rigurosa de la Justicia para los delincuentes.

Su discurso se basa, en consecuencia, en la unión de quienes piensan diferente tales como los santistas, que promovieron la consulta, los amigos vergonzantes del petrismo, los politiqueros de vieja data que quieren conservar su porción en el pastel del presupuesto, los del LGTBIQ+ que quieren imponer por ley sus tendencias personales al resto de colombianos, etc.  Por supuesto, esta profunda diferencia de principios con los que hasta ahora ha defendido el Centro Democrático, partido de la candidata, ha generado una fractura interna que ésta se ha visto obligada a explicar antes de que se vuelva un alud de nieve que ahogue su propia candidatura. Ese es, pues, el objetivo de su campaña: Apagar el incendio originado en la renuncia a unos valores tradicionales a cambio del apoyo de su candidato a la vicepresidencia.

Finalmente, Abelardo de la Espriella, abogado y empresario, en forma independiente de todos los partidos decidió lanzar el movimiento “Defensores por la Patria”. Muchos creían que era una tarea imposible, pero, su mensaje concreto, apelando al patriotismo de lls colombianos y ofreciendo trabajar para la solución de los principales problemas que agobian a la población colombiana, caló rápidamente en los potenciales electores.

Sin contar con aportes de los grandes capitalistas, sin maquinarias de los caciques políticos de siempre y contra la sucia campaña de sus gratuitos enemigos, recogió más de 5.000.000 de firmas. Su presencia en las distintas regiones ha sido acompañada de grandes multitudes que a veces quedan por fuera del evento por falta de cupo para entrar. Las redes sociales se ocupan de sus propuestas diariamente y   las más serias encuestas internacionales lo colocan en segundo lugar en la carrera por la Presidencia.

Es indudable que esta postura tiene mayores posibilidades que la de Cepeda, la cual causa terror en la mayoría de los colombianos que rechazan con todas sus fuerzas al comunismo. Las multitudinarias marchas que se cumplieron contra las FARC  en el 2008 y las que de forma espontánea han tenido lugar para gritar “FUERA PETRO”, así lo constatan.

Si persiste el “tigre” en su tarea de mostrar a los colombianos cómo su gobierno se encargará de resolver cada uno de los entuertos que recibiremos del régimen petrista, consolidará su opción triunfadora. Tiene el talante y la voluntad que se requieren, cuenta con un equipo ampliamente capacitado, ha captado el fervor y la pasión de millones de colombianos y puede tomar las decisiones que más convengan al país sin tener que pedir permiso a nadie ni pactar con sus propios colaboradores el camino a seguir.

Solo podría ganar Cepeda si nos dejamos influenciar por las malas artes de los medios fletados por la politiquería de siempre para atajar a Abelardo en su arrolladora carrera hacia la Presidencia. Hagamos parte de ese ejército de colombianos que no nos rendimos ni ante la maldad del comunismo ni ante la mentira de las viejas estructuras políticas que quieren seguir atornilladas al poder del Estado.