viernes, 27 de marzo de 2026

Palabras de gratitud

José Hilario López

José Hilario López

Señor ingeniero Gerardo Dominguez, presidente de la Sociedad Antioqueña de Ingenieros y Arquitectos-SAI y demás miembros de su Junta Directiva, apreciados colegas, amigos, Carolina mi hija, aquí presente.

Nuevamente me sorprende mi querida SAI con este homenaje a quien, como yo, que solo tengo como mérito haber tratado de cumplir lo que me correspondía por haber tenido el privilegio de nacer en un hogar de padres, que me inculcaron el amor por el trabajo y el estudio, lo que se llamaba “cumplir con el deber”.    

Vengo de un hogar de un obrero de la construcción librepensador, amante de la cultura y respetuoso, como el que más, de las ideas de los contrarios y de una madre campesina, conservadora de las virtudes de nuestros ancestros montañeros. Ambas herencias conforman mi sustrato ético e intelectual.

El Liceo Antioqueño de la Universidad de Antioquia y la Escuela de Minas me abrieron las puertas, para que pudiera seguir avanzando en el modelaje de ese bagaje intelectual y ético que traía desde mi infancia, tarea esta que he tratado de mantener hasta hoy, ya casi al límite de mi existencia. El cumplir con el deber aprendido de mis padres se transformó en “Trabajo y Rectitud”, emblema de La Escuela de Minas, propuesto por el ingeniero Juan de la Cruz Posada, uno de los fundadores y primer presidente de la SAI y adoptado por nuestro padre fundador y primer rector, el ingeniero Tulio Ospina.

La industria petrolera internacional, donde inicie mi ejercicio profesional y un breve paso por el Ministerio de Minas, me permitieron enfrentar lo que tal vez haya sido mi mayor reto profesional: empezar a trabajar con el excelso grupo de ingenieros de la gran empresa de ingeniería de consulta Integral en el aprovechamiento de los recursos hidráulicos, con que  Madre Naturaleza dotó a nuestro país, en especial al Departamento de Antioquia.  Con orgullo puedo decir que tal vez fui el primer geólogo colombiano que se formó en la escuela de trabajo conjunto, aprendiendo y haciendo, con grandes ingenieros en la nueva disciplina profesional, que luego sería la ingeniería geológica. Aquí presente en esta Asamblea se encuentra el  ingeniero Tomás Castrillón, mi primer jefe y maestro en Integral, también distinguido como socio destacado de la SAI, para quien pido un caluroso aplauso.

La SAI con sus Martes de la SAI ha sido el foro del libre examen y debate sobre aspectos técnicos y geopolíticos relativos a nuestra profesión, así como de los problemas nacionales e internacionales, todo lo cual nos capacitado para entender en algo el mundo en que nos ha tocado vivir. Veo con mucha satisfacción como las nuevas generaciones de ingenieros se integran a esta tradición y que espero sigan mejorando, como respuesta a los acelerados cambios tecnológicos y culturales que nos están llegando con la globalización.

Recuerdo con mucha gratitud la encomiable labor en pro de nuestra profesión del ingeniero Álvaro Villegas, como presidente durante varias décadas de la SAI, un destacado empresario y estadista, a quien tanto le debemos como ingenieros comprometidos con la suerte de nuestro país. Un caluroso aplauso para el insigne ingeniero Álvaro Villegas.

Mi esposa Victoria, mi compañera desde nuestra lejana juventud, es parte esencial en esta gratificante tarea que, sin modestia, podría   calificar mi vida, que también veo replicada y mejorada en mis cuatro hijos.

Muchas gracias por su compañía y por su paciencia.

Nota: Discurso leído durante la Asamblea Ordinaria de la SAI, celebrada el pasado 16 de marzo, cuando se me otorgó la distinción como socio destacado.