Luis Alfonso García Carmona
No se encuentra
lógica en los argumentos de algunos opositores del régimen petrista que
está acabando con el país, cuando invitan a la consulta de los aspirantes del
“centro derecha”.
Ignoran –u olvidan-
que ya la posición del “centro” la venimos ensayando sin éxito para conjurar la
amenaza comunista de tomarse el poder, y de bañar en sangre el territorio
nacional. La fórmula del diálogo y de la alcahuetería con los criminales
solamente ha servido para fortalecer los grupos de bandoleros y entregarles
vastas porciones del territorio nacional. Si en algo estamos de acuerdo los
colombianos es en que necesitamos parar ese tenebroso proceso de violencia,
terrorismo, vandalismo, imperio del narcotráfico, propagación de la corrupción
y destrucción de nuestra economía. Quien no esté de acuerdo con ello es porque
no conoce el país o simplemente se niega a reconocer la azarosa coyuntura que
atravesamos.
Los aspirantes que
se pelean un puesto en la primera vuelta a través de la que ellos han llamado
“la gran consulta” (con excepción de Vicky y Paloma) son fiel reflejo de esa
medrosa y condescendiente “centroderecha” que propugnó por el acuerdo de La
Habana en la que el Estado se humilló ante los más crueles bandoleros de
nuestra historia, los que hoy aprueban las leyes como congresistas, mientras
las víctimas suyas son revictimizadas por la impunidad que a sus verdugos les
otorga el régimen petrista y la JEP. Los demás respaldaron ese fatídico
acuerdo, se desempeñaron como ministros del “tartufo” Santos que traicionó a
Colombia y se han lucrado de su privilegiada posición mientras el resto de los
colombianos ha soportado la entrega del país a la izquierda radical en los
gobiernos de transición de Santos y Duque, y en el actual gobierno de la
mentira y la corrupción. Lo grave del asunto es el implícito compromiso de los
socios de la consulta de respaldar a quien la gane, sea quien sea.
Con el pueril
argumento de que van a votar por Paloma, por ejemplo, para que esta gane y
luego pasen sus seguidores a las toldas de Abelardo justifican algunos su
garrafal error. No hay más ingenua explicación que esta. De un lado, existe
prohibición legal para proceder de esa forma: El ganador de una consulta tiene
la obligación de ir a la primera vuelta por el grupo que lo escogió. Tampoco es
real que sus seguidores pasarán a engrosar a las toldas del “tigre”. Los votos
no son endosables.
Más peregrina aún
es la tesis de quienes argumentan que no hay problema en votar por esa consulta
pues, al cabo, la “centroderecha”, cuando obtenga un respaldo menor que el de
Abelardo se le unirá masivamente sumando los votos de la ganadora de la
consulta con los del “tigre”, y la victoria sobre Cepeda será “pan comido”. Es
el colmo de la estulticia semejante razonamiento: los aspirantes de la consulta
provienen en su mayoría del santismo, hacen parte de ese viejo establecimiento
que quiere seguir sumiendo al país en la politiquería rastrera, no en gobernar
para quienes los eligen. Así lo han demostrado con la “guerra sucia” que libran
contra Abelardo. Uno de ellos, cuya favorabilidad es apenas del 1 % se atreve a
vetar a Abelardo dizque por ser de “extrema derecha”.
Se vendió a los
incautos el cuento de la consulta para conseguir la unidad de quienes se oponen
al régimen petrista. Abelardo aceptó sin condiciones y propuso realizar
una encuesta en reemplazo de la consulta para evitar ese enorme gasto en un Estado
con un inusitado déficit fiscal pero su idea fue ignorada. Dor razones pesaron
para desdeñar la idea: El real objetivo que se buscaba era apartar a Abelardo
de la consulta para tener alguna posibilidad de ganarla y, de paso, obtener las
jugosas ganancias de la reposición de votos por cuenta del presupuesto
nacional.
El tiempo es
implacable y día a día demuestra el crecimiento del movimiento popular “Defensores
de la Patria” porque representa una iniciativa libre de la influencia
politiquera, que ha interpretado fielmente los deseos de un pueblo cansado de
la violencia y la corrupción. La consulta de “centroderecha” no logró despertar
el fervor y la pasión que acompañan al “tigre” y por eso sus cifras van en
retroceso. La verdad en la coyuntura actual es que la lucha por el poder se
librará entre la democracia, representada por De la Espriella y el modelo
marxista continuador del régimen de Petro, que encarna el candidato de las
FARC, Iván Cepeda. Lo demás es pretender tapar el sol con las manos.
Confiamos en que
todavía exista una mayoría de colombianos honestos, comprometidos con el futuro
de la patria y no con los intereses particulares de nadie, que se aparten de la
asquerosa campaña que adelantan Petro y sus cómplices en contra del “tigre”.
Colombia necesita hasta el último voto de sus hijos para salvarla. No seamos
inferiores al crucial momento que nos tocó vivir.
