Luis Guillermo Echeverri Vélez
Entra
el gato y corren a buscar hendija los ratones. Cómo ocurre en un ruedo cuando
sale un toro que le mete miedo a todos los artistas, nadie quiere pisar la
arena y los que están adentro, todos buscan burladero, esperando a que salga un
valiente y dé la cara. Reina el pánico propio de las caras largas que anticipan
la tragedia, hay silencio y se alborota un grave olor a lirio por todo el
callejón. Sálvese quien pueda.
Otro
tanto ocurre en la corraleja política cuando es el toro de la justicia el que
bufa y el que embiste, así sea el poder del presidente del gran país del norte
haciendo lo que quienes están al frente de nuestras instituciones se han
tragado; quien suena clarines y timbales anunciando lo que puede ser una
tragedia para todos los que llevan gran parte de este siglo abusando del poder
a costa de pueblos y naciones indefensas de nuestra región.
Están
desesperados buscando un “burladero de poder”, los hermanos Santos y todos sus
camaleónicos y embusteros secuaces vendepatrias en el proceso que descarriló
esta democracia, pues bien saben que en toda esta saga de la caída del
Castrochavismo y sus secuaces pueden salir a la luz pública y a la justicia
norteamericana, muchas cosas tan o más graves que las que puede saber el
Departamento de Justicia de los Estados Unidos sobre las repartijas de
Odebrecht en Colombia. En las mismas andan Zapatero, Pedro Sánchez y muchos más
que temen a las declaraciones de Alex Saab y de tantos “canaritos” que irán a
la jaula y faltan por cantar.
Buscan
burladeros de poder las personas que participaron activamente o se lucraron de
la gestación de unos acuerdos de paz con las FARC-EP, que se planearon y se
adelantaron a espaldas del pueblo colombiano hasta que Francisco Santos los
denunció públicamente.
También
están buscando burladeros de poder, los asesores y alcahuetas criollos,
españoles e internacionales que ayudaron a instaurar los diálogos y las
negociaciones de Cuba, la JEP como justicia paralela, inquisidora, costosa e
inoperante, y los que les dieron crédito y recursos a esos ideólogos de la
falsaria Comisión de la Verdad.
Pasa
igual con los que luego ayudaron a que se desconociera el resultado del
referendo y con ello la voluntad del constituyente primario, y se inventaron el
“fast-track” y lo aprobaron en el Congreso poniendo la manito y la tostada, a
sabiendas de que ambos actos eran inconstitucionales e ilegales, fraudulentos.
Saldrá
a la luz pública un día la forma en que después lograron la aquiescencia de la
Corte Suprema “de alguna manera mágica” con tal de firmar y de hacer los shows,
el de Cartagena y el del teatro Colón, para lograr dos propósitos siniestros:
otorgarle impunidad total, derechos y participación política directa,
ilegítimamente, a criminales de lesa humanidad de las FARC-EP, abriendo el
camino a un cambio del sistema de libertades democráticas a una autocracia
cleptócrata que puede terminar en una dictadura constitucional; y colgarle a un
miserable vendepatria el premio Nobel de Paz para satisfacción de su ego y sus
ambiciones y vanidades, propias de un complejo de grandeza histórica que hoy al
contrastarlo con el valor estoico de María Corina Machado, languidece por falta
de ética y valores, algo que tanto le ha costado a Colombia.
Vienen
unas elecciones, tal vez las más importantes en nuestra historia, votemos a
conciencia, pero seamos capaces de exigirle a quienes manejan las instituciones
y a todos los que reciban el mandato popular de gobernar en función del bien
común y el interés general.
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