José Alvear Sanín
La infame detención de Juan Pablo Guanipa,
pocas horas después de su excarcelación, indica que el régimen comunista sigue
imperando y que el “monitoreo” convenido con Messers, Trump y Rubio, es apenas
de fachada, porque Delcy y compañía (hermano, Cabello e hija, Padrino,
colectivos y demás malas hierbas) conservan el poder, mientras los gringos
tienen el subsuelo.
Como prefiero los hechos a las bien adobadas
hipótesis que formulan los Castos, Ruckaufs, Lajes, Baylys, Fonsecas y demás
comentaristas capaces de narrar en 30 minutos todo lo convenido en las dos
horas en las que no estuvieron presentes, me atengo a lo que sucede, no a lo
imaginario.
Lo del Guanipa es aterrador y recuerda a los
que salían vivos del Gulag después de cumplir larga e injusta pena, para
regresar allí pocas horas o días después, con nuevas y falsas incriminaciones.
¡Estalinismo puro y duro…!
¡Y lo que cuenta Nitu Pérez Osuna sobre la
redacción, tramitación y restricciones de la “Ley de amnistía” para los
presos políticos en Venezuela, ¡es puro y duro estalinismo tropical!, que hace
una farsa de la libertad aparente de quienes quedan obligados al silencio y
bajo el peso de prontuarios no levantados y de obvio cuño chantajista.
Este es, hasta ahora, el resultado de la
extracción parcial de criminales, que ya no se podrá completar.
La esperanza es que una reacción del pueblo,
tan arriesgada como valerosa, y la siempre vacilante “presión” internacional,
obliguen a la camarilla de Delcy para activar la transición.
Pero mientras esperamos ese feliz desenlace,
debemos seguir considerando que el cambalache Trump-Petro está bien lejos de
asegurar la democracia colombiana.
Todo el mundo quiere creer que Petro tomó un
baño lustral en la Casa Blanca, y que, a partir del libro, el autógrafo y la
gorra, han desaparecido la paz total, la colaboración con el narcotráfico y el
fraude electoral, minuciosamente preparado desde agosto 7 de 2022.
Quien esto escribe sigue temiendo que la
reunión del 3 de febrero haya servido apenas para la normalización tipo
Venezuela, de manera que el Pacto Histórico conserve el poder y los EE. UU.
dispongan del subsuelo…
Sé que esta inquietud es impopular, porque va
en contravía de la ilusión colectiva, pero a un mes de los comicios de marzo,
el rufián-presidente no ha cambiado: Sigue proponiendo locuras y ha firmado, en
el último mes, ¡apenas 540.000 “contratos”! (nuevo nombre del prevaricato),
incrementando en 27 billones de pesos el gasto público vinculado al megafraude electoral,
sin que ni los jefes políticos ni los órganos de control se manifiesten en
contra de este colosal abuso criminal.
La euforia colectiva no puede eliminar,
entonces, el inmenso e inminente peligro que corren las instituciones,
enfrentadas al personaje más mendaz, perverso e hipócrita, que puede
imaginarse.
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