viernes, 2 de enero de 2026

Lo que nos depara el 2026

Luis Alfonso García Carmona
Luis Alfonso García Carmona

Nos brinda este descanso de Año Nuevo la posibilidad de reflexionar con tranquilidad sobre la actualidad que vivimos y las perspectivas que nos aguardan para el año venidero.

No hay la menor duda de que el panorama político colombiano, tan confuso y mutante en el año que termina, se ha aclarado con base en las siguientes situaciones:

1. Los descalabros del régimen, nacidos de su propia torpeza, han generado un descontento generalizado que toca hasta su más elevada dirigencia. Ya no existe unanimidad en los partidos de la coalición de Gobierno, ni entre sus más connotados líderes, ni siquiera en el Consejo de ministros. Las ansias de continuar en el poder han develado toda la codicia y la falta de escrúpulos que han caracterizado a quienes ejercen el poder.

2. El entorno geopolítico se ha tornado en poderoso obstáculo para la continuidad de la extrema izquierda en el gobierno. Las recientes elecciones en América Latina evidencian una imparable tendencia contraria a los regímenes socialistas, progresistas o comunistas y un retorno a la democracia respetuosa del orden y del estado de derecho. No será fácil para Petro sustraerse a esa hecatombe de la extrema izquierda, teniendo en cuenta los profundos cambios en la política norteamericana bajo la administración Trump y el blindaje que el tirano ha proporcionado al sucio negocio de la coca y su estrecha conexión con el cabecilla del cartel de los soles, Nicolás Mauro.

3. Después de 3 años y medio de incumplimiento de las promesas esgrimidas por Petro para obtener el favor de sus electores, muchos de estos están viviendo la frustración de las esperanzas de cambio prometidas. No es una afirmación gratuita, pues se ha visto refrendada en las escuálidas marchas de apoyo al Gobierno o a sus proyectos, a pesar de los millones de pesos gastados en su promoción y en el pago a los asistentes. Por el contrario, el clamoroso grito “fuera, Petro” se ha escuchado en eventos deportivos, conciertos y reuniones masivas por todo el territorio nacional.

4. La multitud de aspirantes a la presidencia, como era de esperar, se redujo sustancialmente, pues no todos lograron el mínimo de firmas para registrar su aspiración y otros aceptaron sus escasas posibilidades.

5. Después de una larga e insistente convocatoria a los aspirantes autodenominados de “centro” o de “centro derecha” para que se unieran en una consulta para definir un solo candidato que se opusiera con posibilidades de éxito al escogido por la consulta de la extrema izquierda, Iván Cepeda, dicho llamado fracasó estruendosamente pues triunfaron las personales ambiciones de los aspirantes sobre los intereses superiores de la Patria. De paso, la elección de candidatos en representación de los partidos ha dejado consecuencias no deseadas. (Ejemplo: El zafarrancho que ha vivido el Centro Democrático). Otros partidos como Cambio Radical, Partido Liberal y Partido Conservador, se han abstenido de participar en esa consulta.

6. Mientras los precandidatos sobrevivientes se enzarzan en pequeñas batallas puramente electoreras y en las más bajas artimañas para alcanzar la categoría de verdaderas opciones a la hora de elegir, surgió el fenómeno político de Abelardo de la Espriella, candidato independiente de las viejas estructuras políticas y contundente opositor al régimen “narco-comunista” de Petro. Con un lenguaje claro y una apelación directa a las masas inconformes de todos los sectores opuestos al régimen, ha sido capaz de construir en tiempo récord una impresionante movilización de carácter popular que marcha con decisión y con inusitado fervor hacia la victoria. Su generosa propuesta de unirse, incondicionalmente y sin vetos para nadie, con los demás candidatos que se dicen de “oposición” fue ignorada por quienes pregonaban estar a favor de la “unión”. No faltaron quienes lo vetaron para participar en sus oscuros conciliábulos a los que sí han concurrido aspirantes sin fuerza en las encuestas, a quienes llaman “los unos”, pues no lograron pasar del 1 % en la favorabilidad de las gentes. Otros de los partícipes en este remedo de unión pretenden suplir la carencia del apoyo popular con mordaces críticas a Abelardo a las que este sólo ha respondido con altura manifestando que sólo reconoce como enemigos a Petro y sus secuaces.

Este es, en resumen, el escenario que se presenta en este final de año. Cuánto daría por poder desear a todos un feliz Año Nuevo, pero ello no será posible conseguirlo antes del segundo semestre, cuando hayamos erradicado del país la ponzoña del régimen narco-comunista y aplastado electoralmente a Petro y sus compinches tanto en las presidenciales como en la elección para Congreso.

Lo único que podemos augurar para el primer semestre es, como lo prometió Churchill en su gesta contra el nazismo: Sangre, sudor y lágrimas”.

Petro, en su caída, se tornará cada vez más peligroso permitiendo, como ya lo observamos, un incremento del terrorismo en todas las regiones del país y falta de garantías a los candidatos de la oposición para adelantar su campaña.

Junto con el caos de inseguridad, se propone el tirano generar un caos económico, es decir, la quiebra de la Nación, a través de la emergencia económica, el aumento exagerado del salario mínimo, la contratación irregular de un crédito por 23 billones de pesos y la continuidad del derroche en el gasto público para engordar la burocracia y comprar el triunfo electoral.

Tendremos que luchar contra la abstención de quienes todavía se niegan a creer que de estas elecciones dependen la permanencia del sistema democrático, la libertad y la viabilidad de Colombia como estado independiente. A todos nosotros corresponde trabajar contra esa peligrosa abstención. No pensemos que la vieja clase política lo va a hacer por nosotros.

Con patriotismo, con coraje, con fervor, como lo están demostrando los “defensores de la Patria” que se han impuesto voluntariamente la tarea de salvar a Colombia, tendremos que luchar, cada uno desde su lugar en la sociedad, desde su región, para que la candidatura del pueblo, la de Abelardo de la Espriella, se imponga sobradamente en la primera vuelta sobre el ignominioso régimen y sobre los tibios que ahora se presentan como “opositores” para captar el apoyo de los indecisos.

Más de 5 000 000 de firmas son un mandato que ha recibido Abelardo para salvar a Colombia. Unámonos a esta noble causa. No permitamos que nuestro voto o el de nuestros amigos se pierda en la abstención o vaya al tarro de la basura votando por quienes no tienen la talla, ni el coraje ni la capacidad política para erradicar de Colombia el Gobierno de la mentira y del crimen.

Invoquemos la ayuda de Dios Nuestro Señor, quien todo lo puede y acude en auxilio de quienes con fe y humildad pedimos su misericordia. Con la esperanza puesta en su divina presencia despedimos este período de sufrimiento y colocamos en sus manos nuestro destino y el de nuestra Nación.