Luis Alfonso García Carmona
No hay duda sobre
las enormes repercusiones que deja la magistral operación militar
estadounidense que terminó con la captura en suelo venezolano del usurpador
Nicolás Maduro.
Constituye un
trascendental evento que suscita encontradas opiniones y cábalas sobre lo que
sobrevendrá, nacidas algunas de la pasión, no de un objetivo análisis de los
hechos, lo cual tratamos de suplir a continuación.
1.-Evidenció la
operación que Estados Unidos cuenta con la más avanzada tecnología en
materia militar, adecuada a lo que exigen los tiempos modernos para
combatir tanto en las guerras convencionales como en los conflictos
irregulares. Solamente la estupidez y el desbordado fanatismo lleva a algunos
líderes de la extrema izquierda, como Maduro o Petro, a desafiar semejante
poderío. Tampoco se explica el disparate del sátrapa que gobierna a Colombia,
al enfrentarse a Estados Unidos y romper relaciones con el Estado de Israel,
aliados nuestros de vieja data que necesitamos para combatir las mafias
internacionales de la droga y las guerrillas más antiguas y mejor financiadas
del planeta.
2.- En contra de los
infundados cuestionamientos que ahora lanzan los voceros del comunismo y los
opositores de Donald Trump, se cumplió el operativo con el debido respeto a
los derechos humanos, al derecho internacional y a las leyes norteamericanas.
El presidente de los Estados Unidos cumplió con sus obligaciones prioritarias: salvar
a la población americana amenazada por la masiva exportación de cocaína que
mata a sus jóvenes, y defender a su país de la conjura orquestada por el
acusado Maduro en alianzas “non sanctas” con tradicionales enemigos como Rusia,
China y Cuba, y con organizaciones terroristas como FARC, ELN, Hamas, Hezbolah
y Cartel de los Soles. No puede un presidente obviar su deber de proteger a su
país de quienes quieren conculcar estos bienes jurídicos indispensables para la
vida en sociedad. Ni podemos ignorar que existen fallos de la justicia
americana que condenan al narco-usurpador, su esposa y sus más cercanos
cómplices.
3.- Con el temor de
ser señalados como abiertos compañeros de ruta de Maduro, pero sin argumentos
para desconocer el triunfo de la operación de neutralización del jefe del Cartel
de los Soles, buscan ahora algunos como el camarada Petro, sus socios del Foro
de Sao Paulo, Boric y Lula, y algunos profesores marxistas de geopolítica, que se
priorice el diálogo, la diplomacia y la negociación para “salir de la
crisis venezolana”. ¿Olvidan que esta crisis no surgió con la aprehensión del
narcodictador Maduro, pues viene desde que el chavismo llegó al poder hace 26
años? ¿Quiénes han llevado a la ruina al país más rico del mundo en tan solo 25
años? ¿Acaso cree Petro que el diálogo y la negociación de acuerdos con los que
ha fracasado su “paz total” pueden servir en Venezuela? No nos crean tan
estúpidos. Ya pasó la hora para esas fracasadas propuestas. Las
pandillas de izquierda por aquello de que “hay que utilizar todas las formas de
lucha”, se aprovechan de gobiernos tibios, que ahora llaman “de centro” o de
“centro-derecha”, para tomar un respiro, rearmarse y seguir atacando la
democracia. Yo sí prefiero la “pax romana” que se ha comprometido Abelardo
de la Espriella a implantar: capturar a los delincuentes y castigarlos con
todo el peso de la ley, neutralizar a quienes opongan resistencia, encarcelar a
los culpables en presidios de alta seguridad sin contacto con el exterior, y
aumentar las penas para los delitos de mayor gravedad, incluyendo cadena
perpetua para terrorismo, narcotráfico, corrupción, reclutamiento de
menores.
4.- Seamos
conscientes de que el encarcelamiento de Maduro, por sí solo, no significa la
terminación de la tragedia venezolana ni la interrupción del narcotráfico, la
corrupción y la persecución política. Como lo anunció Trump, viene ahora una etapa
de gestión temporal a cargo de las fuerzas americanas hasta que
desaparezcan los peligros contra la población americana y contra la democracia.
Se requiere una mano dura para llevar a la cárcel a los cómplices del
usurpador que han participado en el terrorismo, el narcotráfico y la
persecución política. Igualmente, hay que repatriar a los aliados y asesores
cubanos, rusos y de otras nacionalidades que llevó Maduro a Venezuela. En
este difícil proceso no hay campo para la negociación. Ya lo advirtió Trump
a Maduro cuando este pretendía dejar el poder voluntariamente a cambio de que
continuaran sus secuaces al frente del gobierno. Eso no se puede permitir.
Sería tanto como matar el tigre y espantarse con la piel.
Puede el proceso de
gestión americana lograr un rápido avance con un socio adicional: Llamar a María
Corina Machado para que reúna a la población que ganó las pasadas elecciones,
que representa la mayoría del país, para que apoye y facilite los cambios,
y ocupe, con el respaldo, la vigilancia y la protección americana, cargos
claves en la administración que recibirá el legado americano. Esto otorgaría,
además, un carácter inobjetable de legitimidad a la nueva
administración, sin necesidad de convocar a nuevas elecciones.
