lunes, 5 de enero de 2026

Impacto de una captura anunciada

Luis Alfonso García Carmona
Luis Alfonso García Carmona

No hay duda sobre las enormes repercusiones que deja la magistral operación militar estadounidense que terminó con la captura en suelo venezolano del usurpador Nicolás Maduro.

Constituye un trascendental evento que suscita encontradas opiniones y cábalas sobre lo que sobrevendrá, nacidas algunas de la pasión, no de un objetivo análisis de los hechos, lo cual tratamos de suplir a continuación.

1.-Evidenció la operación que Estados Unidos cuenta con la más avanzada tecnología en materia militar, adecuada a lo que exigen los tiempos modernos para combatir tanto en las guerras convencionales como en los conflictos irregulares. Solamente la estupidez y el desbordado fanatismo lleva a algunos líderes de la extrema izquierda, como Maduro o Petro, a desafiar semejante poderío. Tampoco se explica el disparate del sátrapa que gobierna a Colombia, al enfrentarse a Estados Unidos y romper relaciones con el Estado de Israel, aliados nuestros de vieja data que necesitamos para combatir las mafias internacionales de la droga y las guerrillas más antiguas y mejor financiadas del planeta.

2.- En contra de los infundados cuestionamientos que ahora lanzan los voceros del comunismo y los opositores de Donald Trump, se cumplió el operativo con el debido respeto a los derechos humanos, al derecho internacional y a las leyes norteamericanas. El presidente de los Estados Unidos cumplió con sus obligaciones prioritarias: salvar a la población americana amenazada por la masiva exportación de cocaína que mata a sus jóvenes, y defender a su país de la conjura orquestada por el acusado Maduro en alianzas “non sanctas” con tradicionales enemigos como Rusia, China y Cuba, y con organizaciones terroristas como FARC, ELN, Hamas, Hezbolah y Cartel de los Soles. No puede un presidente obviar su deber de proteger a su país de quienes quieren conculcar estos bienes jurídicos indispensables para la vida en sociedad. Ni podemos ignorar que existen fallos de la justicia americana que condenan al narco-usurpador, su esposa y sus más cercanos cómplices.

3.- Con el temor de ser señalados como abiertos compañeros de ruta de Maduro, pero sin argumentos para desconocer el triunfo de la operación de neutralización del jefe del Cartel de los Soles, buscan ahora algunos como el camarada Petro, sus socios del Foro de Sao Paulo, Boric y Lula, y algunos profesores marxistas de geopolítica, que se priorice el diálogo, la diplomacia y la negociación para “salir de la crisis venezolana”. ¿Olvidan que esta crisis no surgió con la aprehensión del narcodictador Maduro, pues viene desde que el chavismo llegó al poder hace 26 años? ¿Quiénes han llevado a la ruina al país más rico del mundo en tan solo 25 años? ¿Acaso cree Petro que el diálogo y la negociación de acuerdos con los que ha fracasado su “paz total” pueden servir en Venezuela? No nos crean tan estúpidos. Ya pasó la hora para esas fracasadas propuestas. Las pandillas de izquierda por aquello de que “hay que utilizar todas las formas de lucha”, se aprovechan de gobiernos tibios, que ahora llaman “de centro” o de “centro-derecha”, para tomar un respiro, rearmarse y seguir atacando la democracia. Yo sí prefiero la “pax romana” que se ha comprometido Abelardo de la Espriella a implantar: capturar a los delincuentes y castigarlos con todo el peso de la ley, neutralizar a quienes opongan resistencia, encarcelar a los culpables en presidios de alta seguridad sin contacto con el exterior, y aumentar las penas para los delitos de mayor gravedad, incluyendo cadena perpetua para terrorismo, narcotráfico, corrupción, reclutamiento de menores.

4.- Seamos conscientes de que el encarcelamiento de Maduro, por sí solo, no significa la terminación de la tragedia venezolana ni la interrupción del narcotráfico, la corrupción y la persecución política. Como lo anunció Trump, viene ahora una etapa de gestión temporal a cargo de las fuerzas americanas hasta que desaparezcan los peligros contra la población americana y contra la democracia. Se requiere una mano dura para llevar a la cárcel a los cómplices del usurpador que han participado en el terrorismo, el narcotráfico y la persecución política. Igualmente, hay que repatriar a los aliados y asesores cubanos, rusos y de otras nacionalidades que llevó Maduro a Venezuela. En este difícil proceso no hay campo para la negociación. Ya lo advirtió Trump a Maduro cuando este pretendía dejar el poder voluntariamente a cambio de que continuaran sus secuaces al frente del gobierno. Eso no se puede permitir. Sería tanto como matar el tigre y espantarse con la piel.

Puede el proceso de gestión americana lograr un rápido avance con un socio adicional: Llamar a María Corina Machado para que reúna a la población que ganó las pasadas elecciones, que representa la mayoría del país, para que apoye y facilite los cambios, y ocupe, con el respaldo, la vigilancia y la protección americana, cargos claves en la administración que recibirá el legado americano. Esto otorgaría, además, un carácter inobjetable de legitimidad a la nueva administración, sin necesidad de convocar a nuevas elecciones.